Al día siguiente, llevé a Luz a casa de mi padre. Linda y Miranda la recibieron y no la soltaron ni siquiera cuando tenía que cambiarle el pañal. Estaban encantadas con mi hija y yo no podía sentirme más orgullosa. Les conté que Vincent ya sabía que Luz era su hija, pero no di más detalles y ellas no me preguntaron más. Mi padre no estaba, trabajaba tanto como siempre, pero Linda no parecía muy molesta por eso, estaba demasiado ocupada consintiendo a mi hija, dándole dulces y poniéndoles caricaturas. Luz estaba encantada con toda la atención que recibía, en España solo habíamos sido Mario, una amiga de Mario y yo. Nunca tuvo tanta atención. Hablé un rato con ellas, contándole lo que había hecho en España. Después del almuerzo decidí que era mejor volver, aún tenía cosas que dese

