Magnus.
Mi mirada se posó en esa mujer, era hermosa. Ni siquiera se esforzaba por serlo, lo que la hacía destacar del resto.
Su cabello oscuro decendia como una cascada sobre su espalda, su vestido rosa palo y sus zapatos de tacón blanco la hacian verse como un angel. Sin embargo sus hermosos ojos grises parecían esconder tanto, como si me gritaran ser salvados... Cómo si quisieran ser corrompidos.
La observé al igual que ella lo hacía conmigo, sería genial si tengo a esa chica y la pervierto, si la convierto en un demonio para que este junto a mí.
Deje que mis amigos se adelantaran, quería preguntarle su nombre. Hacia poco que mi ex novia me había abandonado por otro hombre, y pensé que jamás volvería a sentir mi corazón latir con esta fuerza.
Estuve a punto de preguntarle, cuando un hombre se metió entre nosotros
.
— ¡Que tanto ves a esos chicos, ¿a caso te gustan?, ¿Quieres acostarte con ellos?!— Le gritó ese hombre.
Me dieron ganas de partirle la cara, por la mirada de ella supe que no era la primera vez que la trataba así, ella tenía miedo
.
— ¿Como haría eso?, Tu eres mi novio, debo ser fiel — Contestó ella tomándolo de la mano.
Ella se fue al lado de ese idiota, como si aceptará su condena.
Julieta
.
Tuve que decir cosas que no quería, solo para no ser golpeada. Ese chico que ví, pareció sentir lastima.
Paseamos un rato por el centro comercial, comiendo solo lo que se le antojaba a Joshua. Me ofrecia las cosas y no sabía cómo responder. Si decía que si, me tacharía de ser una mujer descontrolada y si decía que no, diría que no quería subir de peso para atraer la atención masculina. Me preguntaba por qué una vez que fui su novia, dejo de ser tierno, se volvió posesivo y controlador.
Después de un rato, ví de nuevo a ese chico de antes. Parecía haber ido de compras, solo lo observé un instante, quería memorizar su rostro.
Joshua me abofeteo duro en la mejilla, marcando sus dedos en mi piel.
—Si no apartas la vista, juro que te arrancaré los ojos— me amenazó.
Baje la mirada y apreté los dientes.
— No es lo que crees— le dije tratando de no llorar ahí mismo, no le daría ese placer a ese idiota.
El volvió a abofetarme, menos duro que antes.
— Es lo que merecen las zorritas, golpes en la cara para que reaccionen — dijo burlándose, clavando su dedo índice en mi hombro y empujándome hacia atrás— Ni siquiera te di fuerte, y ya quieres llorar.
— ¡Te odio!— Exclamé humillada, furiosa.
Corrí, por todo el centro comercial sin importarme nada. Sentía vergüenza por mi misma, no tenía la fuerza para defenderme. Joshua no me siguió, y se quedó esperándo en una banca pensando que era un berrinche.
Las lágrimas corrían por mis mejillas adoloridas, no solo por el golpe si no por las lágrimas que ardían en contacto con mi piel sensible.