Julieta.
3 meses después.
Los moretones y quebraduras sanaron, pero mi corazón no... estaba desecho. Había nuevas marcas en mi piel, unas hechas por mi ... otras por Joshua.
Ya ni siquiera lloraba, me habia resignado a que mientras estuviera viva tenía que soportar este martirio.
No me separé de Joshua, confíe en que cambiaria, en que me amaba, que era la persona para mí. Pensaba que era algo mío, que atravesaba un crisis y todo pasaria.
Estamos Joshua y yo en una de las tantas citas a las que asisto por obligación, no por gusto. Es precisamente el lugar donde me pidió ser su novia, solía adorar este lugar. Ahora lo odio, en este lugar me encadene a ese idiota.
—Es bueno que te hayas recuperado— me dijo Joshua con una sonrisa.
Yo no quería recuperarme, por qué en el instante que estuviera bien me daría otra paliza al punto de casi matarme.
—Si, es bueno — dije con voz serena.
Llegó Anna, la mujer loca que estaba obsesionada con Joshua. Con un vestido escotado, y al ver a Joshua se acercó.
— Joshua, cariño— Dijo ella saludandolo de beso frente a mi.
—Anna, te quieres sentar con nosotros — Dijo sin apartar su mirada en sus senos.
— Claro que sí— dijo ella sentándose al lado de Joshua, y mirandolo fijamente, como si yo no existiese.
¿Si yo me vistiera y comportará como ella, Joshua me trataria mejor?, La mirada que tenía Anna hacia mi, era de desprecio, como si viese a una monja en un convento. Y a decir verdad, ella tenía razón. Mi vestido estaba abajo de la rodilla, y cubría mis pechos perfectamente. Mi maquillaje era discreto, al igual que mis accesorios.
— Joshua, quiero irme. No me siento bien— mentí.
Quería una excusa para largarme de ahi, pero el ni siquiera me escuchó por estar devorando a Anna con la mirada.
Me levanté de la mesa y me fui, no quería interrumpirlos con su romance.
— ¿Ya te vas?— preguntó Anna al verme decidida a irme.
— Así es, veo que tienen mucho de que hablar— conteste con tranquilidad — pásenla bien sin mí.
Ella sonrío, era lo que quería y yo estaba dispuesta a complacerla. Sali a la calle y camine un poco, quería distraerme de los pensamientos abrumadores que me venían en mente.
Fui con mi psiquiatra, era el día de mi cita quería desahogarme con ella.
—Me quiero morir, quiero dormir y ya no despertar. Siento que mi vida, la viven los demás mientras yo soy una marioneta— Le dije a mi psicóloga— Me veo en el espejo todas las mañanas preguntándome por qué sigo aquí.
La psiquiatra no era de muchas palabras, pero era agradable cada vez que me recetaba uno de esos medicamentos fuertes que me hacían dormir más de 12 horas.
— Toma media pastilla cada 24 horas— dijo la psiquiatra anotando en su computadora— Hará que produzcas serotonina.
— Está bien— respondí.
Al llegar a casa tome una pastilla y me quedé dormida. Mi vida era patética, la rutina de siempre y medicamentos controlados. En la iglesia todos me veian como un ejemplo de pureza, era inmaculada.
Por las noches chateaba con desconocidos, en páginas de citas, con otro nombre y otra cara. Pero eso acabó el día que mi madre lo descubrió y me llevo ante los pastores. Me hicieron leerles los mensajes en voz alta, después me pusieron de rodillas frente a un altar donde lloré... No por arrepentimiento sino por humillación.
La humillación fue en privado, solo lo sabía mi madre y los pastores de la iglesia.
— Mañana es mi aniversario de bodas — dijo Nana, mi mejor amiga — ¿Ya tienes listo tu oufit?
— Si — mentí con una sonrisa nerviosa.
— Ya deberías casarte, esto del matrimonio es fascinante — Me dijo con emoción.
Ni siquiera a ella le había contado sobre lo cruel y malvado que era Joshua, era más fácil engañarla desde que se había casado y vivía felizmente al lado de un hombre que la amaba.
Algunas tienen suerte... Yo no.
Quizás en mi otra vida pueda lograrlo.
Lo decidí, después de asistir a ese aniversario me suicidaría.
Dos días después, estaba en un centro comercial, buscando un vestido. Estaba agotada, pero al menos esto era el final.
Un grupo de chicos paso al lado mío, vestidos de n***o y con cadenas en los pantalones, botas que tenían cruces al revés. Reían, bromeaban y se insultaba entre ellos.
Pero mi mirada se clavo en específicamente en uno de ellos.
No solo por su belleza, si no por su mirada que parecía desnudar y pervertir a cualquiera cerca a él. El era lo que la gente en mi religion rechazaría, no solo por su estilo rebelde si no por qué de solo verlo te intimidaba.
Me perdí mirándolo, y cuando reaccione el estaba sonriendo, algo me decía que no solo era una sonrisa inocente. Mi corazón dió un vuelco, me daba miedo y me gustaba.
Era el más guapo, el más musculoso, su presencia lo devoraba todo. Su piel era clara pero no blanca, sus labios carnosos, y su cabello oscuro caía sobre los ojos de un n***o abismal. Tenía una argolla en la ceja y otra en el labio inferior que brillaba cada vez que hablaba. Su cuello estaba tatuado con lo que parecía una serpiente mordiéndose la cola.
Jamás había visto tanto tiempo a un hombre, nunca se me había permitido, pero si estaba a punto de morir quería ver un poco más.
Su mirada se posó en mi.
Oscura. Profunda. Pervertida.
Me miró como si pudiera leer cada parte de mí que intentaba ocultar.
Como si supiera que estaba rota.
Como si deseara, corromperme.
No apartó la mirada. No parpadeó.
Y por un segundo, sentí que mi respiración se detenía.
Era el tipo de hombre del que me habían advertido en la iglesia.
La clase de tentación que supuestamente arrastra tu alma al abismo.
Y sin embargo… no pude evitar imaginarme arrodillada frente a él, no en oración, sino en entrega.
Deseé, con el cuerpo que tantas veces aprendí a odiar, que me tocara. Que me hiciera gritar, romper, volver a sentir.
El era un demonio observando a una virgen
Cuando reaccioné, él sonreía.
Y no era una sonrisa inocente.
Era la sonrisa de quien ya sabe lo que va a hacer contigo.
Y lo va a disfrutar.
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