Shana. Huí. Sí, esa fue mi única respuesta instintiva al presenciar aquella escena de desastre familiar. No dudé ni un segundo. No tomé mi maleta, simplemente salí corriendo, subí al primer auto disponible y le ordené a Amin que preparara el jet privado de inmediato. Mi único objetivo era escapar de Dubái y no mirar atrás. Aquel lugar ya no era mi hogar; era un mausoleo de esperanzas rotas, y no me quedaría para presenciar mi propio entierro. Todo se había desmoronado: mis sentimientos, mi dignidad y la poca esperanza que me quedaba en un amor que ahora me parecía una burla cruel. Ingenuamente, creí que ellos habían cambiado, que finalmente nuestra relación evolucionaría más allá del incómodo estatus de hermanastros. Sin embargo, fui la única que pensó así. Ellos no dudaron en acostarse

