No pasa mucho tiempo antes de que encienda la ducha, y yo quiero mantenerme despierta, pero mi cuerpo está tan cansado, relajado y satisfecho. Los párpados me pesan y el colchón está tibio y blando. Miro el reloj de la mesita: casi las cuatro de la mañana. El sonido del agua corriendo por las tuberías y el tintineo al golpear los azulejos y el vidrio es tranquilizador, y el sueño me vence. —Hey. La palabra apenas se filtra en mi neblina. Gimo y me doy vuelta, alejándome del ruido, y entierro la cara entre las almohadas. —Gray. La voz de Colin llega suave y baja, mientras unos dedos recorren con cuidado mi brazo. Abro los ojos con pereza y la imagen borrosa de su rostro va tomando forma. Una luz intensa entra a raudales por las cortinas translúcidas; anoche olvidamos cerrar las más gru

