Me deslizo hacia arriba del colchón. Él toma otra almohada de su cama y la acomoda detrás de mí. El corazón se me vuelve loco cada vez que está cerca, incluso cuando su brazo apenas roza el mío. La idea de que Colin me atienda así es demasiado. Se sienta cerca de mis pies. —Quítate los shorts. Creo que dejé de respirar. —Deja la ropa interior puesta. Dudo y él levanta las manos. —Tú mandas —dice. Me bajo los shorts y los pateo hacia el otro lado de la cama, y vuelvo a recostarme contra las almohadas. —Ahora cierra los ojos. Los cierro y todo se vuelve n***o. Todo desaparece excepto las almohadas suaves bajo mi cuerpo, el zumbido lejano del aire acondicionado y la mano de Colin, descansando apenas sobre mi pantorrilla. No de forma s****l; más bien calmante. Para que sepa que está a

