Mi mente brumosa, empapada de alcohol, tiene problemas para entender lo que Colin acaba de decir. ¿Acaba de decir que puedo acudir a él por… favores sexuales? La idea es absurda y suelto una carcajada. —¿Cómo que qué? ¿Quieres que vaya a pedirte que me des mi primer orgasmo? Las cejas de Colin se disparan. Yo no… ¿por qué demonios acabo de decir eso? ¡Vodka, creí que eras mi amigo! —¿Nunca has tenido un orgasmo? —inclina la cabeza, con una curva curiosa en los labios. —Eso no fue lo que dije. —Sí, en realidad sí lo dijiste. Me quedo ahí, con la boca abierta, incapaz de hablar. No puedo mentir: mis mejillas ardientes ya me delataron. —A ver, déjame adivinar. —Extiende la mano, me levanta el mentón para que lo mire—. Le hiciste sexo oral a tu novio y él nunca te devolvió el favor.

