CAPITULO. 4 SIN COMPROMISO

2632 Words
CAPITULO. 4 SIN COMPROMISO  La conversación entre Máximo y yo fluyó con toda normalidad como si fuéramos viejos amigos, unos chistes, unos que otros cumplidos, hablar de nuestros trabajos pero nada muy personal, era la noche perfecta para mí. Yo no solía caer borracha muy pronto así que no me afectó para nada que nos hubiéramos bebido unas cuantas cervezas, aunque creo que porque estábamos hablando bastante a gusto y a veces se nos olvidaba que las cervezas estaban ahí. No nos habíamos dado cuenta pero ya nuestro rostros estaban muy, muy pegados uno de el otro. La verdad es que Máximo podía prender a cualquier mujer con ojos. Era un chico muy alto y con un cuerpo que a pesar de que llevaba un saco con los botones abiertos y una camisa blanca puesto dejaba ver lo fuerte que era. La camisa era un poco transparente así que no tenía que tener mucha imaginación para ver lo que había debajo y no me molestaba. Máximo y yo nos habíamos metido tanto en conversación que no nos dimos cuenta que habíamos durado mucho tiempo hablando así que al parecer él decidió que ya era hora de llevar la conversación a otro nivel. - Y dime Angela ¿Cuáles son los planes para después de que salgas de aquí? Me dijiste que estás soltera así que me imagino no nadie te espera en casa. - Dijo este sexy Dios con una sonrisa encantadora en la cara y mientras me miraban con esos ojos que casi reflejaban llamas de pasión en ellos. - Pues tienes toda la razón, no me espera nadie en mi casa, vivo totalmente sola y en cuanto a mis planes pues no lo sé, acaso... ¿Tú tienes algo en mente para ti o para mí? - Dije con ojos coquetos y pasando uno de mis dedos en brazo y lo mire de arriba hacia abajo. - Bueno saber que tienes ánimos de seguir la fiesta después de aquí. - Dijo tomando mi mano la mano con la que lo estaba tocando para después besarla de una manera muy sexy que me volvió loca. - Pues si yo tengo mucha disponibilidad por ahora, solo tienes que decirme tus planes y vemos si nos podemos acompañar en esta hermosa noche y seguir la velada en otro lugar. - Dije y me di un trago de la que estaba segura que sería la última cerveza que nos tomariamos esa noche en ese lugar. - Ah mira que bien, eso me gusta bastante. - Dijo y tomo una pausa para mirarme fijamente y acercarse más a mi. - Y dime... ¿Qué te parece si vamos a mi casa y seguimos la fiesta allá? Yo no vivo muy lejos de aquí, podemos llegar hasta caminando si no te molesta o tomamos un taxi, tú decide. - Máximo se acercó tanto que pensé que me besaría en ese mismo momento pero no lo hizo sino que se mordió sua propios labios. - Pues una propuesta muy interesante, y creo que mi respuesta será un sí, y en cuanto a como llegar nos podemos ir caminando no hay problema, y así seguimos la conversación hasta llegar. - Dije haciendo la misma acción que él y también me mordí los labios. - Perfecto entonces pido la cuenta y nos vamos hermosa. - Dijo con una gran sonrisa de lado en su cara y le hizo señas al camarero para que venga a cobrarnos. El camarero a el que no me había dado tiempo de saber su nombre porque llegó Máximo y lo demás es historia. - Si díganme en qué más les sirvo. - Dijo el camarero con una sonrisa en la cara que se notaba que era más que nada por cortesía pero no porque le saliera de el alma. - No, no vamos a querer nada más, ya solo queremos la cuenta para irnos. - Creo que Máximo se había dado cuenta que el camarero estaba coqueteando conmigo antes de que él llegara porque al hablar tomo mi mano y la beso nuevamente lo que me causo algo de risa al ver la cara que puso aquel chico desde la parte de adentro de la barra. - Ok entonces ahora mismo les traigo su cuenta señor. - Dijo el camarero y se iba a ir pero Máximo lo detuvo.  - Espera chico, también pon en esa cuenta todo lo que se haya tomado la señorita antes de que yo llegara. - Dijo e ignoro a el camarero para mirarme de nuevo a mi. - No hay problema señor, ya mismo lo hago. - Dijo el camarero y está vez si se fue. Solo pude ver hasta donde me dejaba el rostro Máximo que estaba en frente de mí. Me di cuenta que prácticamente Máximo y el camarero estaban en una guerrera silenciosa así que yo también me estoy riendo de manera interna. Después de unos pocos minutos el camarero volvió con la cuenta y Máximo saco su cartera para pagar. Lo hizo y también le dejo una buena propina al camarero por su servicio y creo que también lo hizo para tratar de impresionar un poco más de lo que lo había hecho desde que me sentó a mi lado. Después de pagar la cuenta Máximo se bajó de el su asiento y me dió su mano para que yo me sostenga y hacer lo mismo y así lo hice. Puse mi mano sobre la suya y me baje, e de una vez nos dirigimos a la salida de aquel bar donde ambos nos habíamos pasado una exelente noche, con una maravillosa compañía. Salimos de el bar y nos dirigimos a la casa de Máximo sin dejar de hablar en todo el camino, por un lado me dolió un poco poder conocerlo en este momento de mi vida porque de verdad nos llevábamos súper bien en tan poco tiempo pero quién sabe si él solo sería uno más de los que me harían daño así que ya más daba, a vivir el momento y no pensar en nada más. Al llegar me di cuenta que lo que me había dicho Máximo de que su casa estaba cerca era verdad porque llegamos muy rápido y eso fue bueno porque así no me cansaba por llegar zapatos altos. Al entrar a la casa me di cuenta que Máximo además de guapo y sexy era un hombre muy organizado. Cuando una persona llega a la casa de un hombre por más errónea que sea la idea, siempre se espera encontrar todo con desorden y hasta sucio aunque no siempre es así. Pero con este hombre era todo lo contrario. Estaba todo muy limpio y organizado, con una decoración casi todas en diferentes todos azules muy convinados, todo estaba en armonía. La casa no era tan grande así que al entrar se podía ver la sala, el comedor y la cocina y todo lucía impecable así que era una de dos, o tenía un muy buen servicio de limpieza o era un hombre muy limpio y organizado y claro yo iba a saber cuál de las dos opciones era la correcta. - Wow que linda tu casa. - Dije dando unos pasos hacia el frente y dándome la vuelta para estar frente a él que aún estaba cerca de la puerta. - Siempre me ha gustado la belleza, por eso siempre me rodeo de ella y qué mejor forma de reflejar la belleza que en tu propia casa ¿No crees? - Dijo acercándose aún más a mi y con esa maldita sonrisa encantadora que se cargaba a toda máquina. Yo no sabía cómo tenía el encanto suficiente como para hablar de lo linda y limpia que estaba su casa y aún así parecer tan sexy. - Si es, tienes mucha razón, y la verdad es que me encanta como se ve tu casa, pero dime la verdad ¿Te encargas tú solo o te vienen a ayudar? - Dije con ojos pícaros y con algo de curiosidad. - Yo siempre hablo con la verdad hermosa, y pues la verdad es que si me vienen a ayudar con algunas cosas como la ropa y con una limpieza más intensa de la que yo suelo hacer pero en general quien mantiene la casa como la ves soy yo. - Dijo y tomo mi mano para llevarme aún más dentro de la casa. - Wow un hombre guapo, sexy, ordenado y con un muy buen gusto... - Tome una pausa y mire la sonrisa que había puesto por lo que le estaba diciendo. - Por las decoraciones de la casa digo, se le ven muy bien, todo es perfecto aquí dentro. - Parecía que a Máximo le había gustado que le diera todos esos cumplidos por su casa porque tenía una sonrisa como la se un niño cuando le dicen que se ve lindo con sus estrenos, con todo y dientes y eso me dió mucha risa. - Muchas gracias hermosura. Pero bueno ya está bien de decir lo linda que es mi casa, estoy segura que ella se siente muy bien, pero que tal si nos instalamos en la sala, en ese sofá que es muy cómodo. - Dijo y señaló un hermoso sofá azul marino con estampados color gris que se veía hermoso que estaba en la sala. - Así disfrutas por completo de esta casa y su comodidad. - Máximo me tomo de las manos y me llevo hasta el sofá dónde él se sentó y luego lo hice yo. - Pues si la verdad es que se siente muy bien, me preguntó si... ¿Será cómodo para otras cosas también? - Era claro que a él le había quedado muy claro lo que yo quise dejar dicho con eso. Máximo se quedo unos minutos mirándome a los ojos y yo también hice lo mismo. Nuestros ojos parecían estar bailando unos con el otro al ritmo de una suave canción. Paso muy poco tiempo pero parecía toda una vida cuando estamos ahí los dos sin decir una palabra con los labios pero diciendo demaciadas con la mirada.  Al final decidí no esperar más y tome su cara entre mis manos para darle un beso lleno de pasión y deseo que claramente me correspondío de inmediato aquel beso. Sentí sus manos posarse en mi cintura mientras las mias pasaron de estar en su cara para ahora estar sobre su cuello. Nuestros labios llevaban un ritmo rápido y lento a la vez y nuestros cuerpos desbordaban pasión. No pasó mucho para que ambos comenzaramos a quitarle la ropa al otro sin preguntar ni decir una sola palabra. Rápidamente estábamos los dos solo con la ropa interior puesta y estaba sentada de frente sobre sus piernas muy pegada a todo su cuerpo. Máximo acariciaba todo mi cuerpo comenzando por cuello y bajando por tocada mi espalda, pasando su sueve mano sobre mi piel lo cual se sentía muy bien, llegó hasta mi espalda baja y poso ambas manos en mis nalgas y las apretó como si de eso dependiera su vida. Yo por mi parte comenze a mover muy lento y sexy mi cuerpo como si ya estuviéramos teniendo sexo pero aún nuestras intimidades no rozaban piel con piel. Máximo se paró de el mueble dejando mi cuerpo en la misma posición en la que estaba y cargando con todo el peso de mi cuerpo en el de él, aunque no era tanto tampoco. Máximo me acostó en aquel sueve sofá sin dejar nunca de besar mis labios. Los suyos eran todo un paraíso, ese hombre tenía dulse en esos carnosos labios. Él dejo mi boca para pasar a besar todo mi cuello Muy despacio mientras iba bajando cada vez más y muy despacio. Paso sus labios y sus manos por mis senos y luego por todo mi abdomen. Bajo cada vez más hasta llegar a mis bragas las cueles quitó sin pensar para empezar a besar todo mi ser. La sensación era increíble y se veía reflejada en los movimientos de mi cuerpo y los sonidos producidos por mis labios que llegaban desde mis adentros. Máximo no era solo un Dios en lo físico si no que también lo era para generar placer. Después de un rato se pasó y se quito el boxer que tenía puesto y oh Dios me encantaba lo que estaba viendo. Máximo fue muy rápido creo que a su habitación y vino con un preservativo en las manos que se puso muy rápido, puso su cuerpo sobre el mío y comenzó lo que hace rato queriamos los dos.  El sexo fue increíble. Nuestros cuerpos enlazados como si quisieran volverse un solo, nuestros labios y lenguas en una lucha de poderes, mis uñas clavándose en su espalda como reacción a sus fuerzas y espectaculares embestidas dentro de mi. Todo eso fue un espectáculo de placeres.  Ambos quedamos totalmente cansados porque fueron varias repeticiones las que dimos sobre ese sofá, oh pobre sofá por lo que tuvo que pasar esa noche. Aunque no solo el sofá ya que después de que ya íbamos por la segunda repetición la tercera paso a la cama que también sufrió de igual forma. Hacia mucho tiempo de la última vez que había tenía sexo de esa manera ya que los problemas que habían entre Erick y yo también habían afectado el lado s****l de nuestra relación.  Máximo se paro envuelto en una toalla y salió de la habitación y yo también hice lo mismo pero con una sábana. Salí a buscar mi ropa que se había quedado en la sala y ví que Máximo estaba en la cocina buscando algo en la nevera. - Hey hermosa ¿A dónde vas? - Dijo en cuanto se dió cuenta que yo estaba en la sala ya sentada sofa poniéndome mis bragas. - Salí a ponerme mi ropa para irme a mi casa. - Dije sonriéndole y volviendo a lo mío. - Yo solo salí a buscar unos vasos de jugo para nosotros y así recuperar fuerzas, no se tú pero yo quedé muy, muy cansado con ese maratón que me diste. - Pues si te voy a aceptar ese vaso de jugo y después me voy a casa. - Dije estaba vez sin prestarle atención a él sino solo a terminar de ponerme mi ropa. - Pero ya es tarde, si quieres te puedes quedar aquí está noche, yo no tengo problema. - Maximo se acercó con los vasos de jugo y se sentó en el sofá. - Ummm, creo que mejor no, lo mejor es que yo me vaya a mi casa. Lo que pasó está noche fue genial, fue increíble pero no puede ser más que esto. - Le hablé mirándolo a la cara y me di cuenta que no le había gustado mucho lo que le había dicho y me sorprendió porque por como se me acercó en el bar pensé que era de los hombres que suelen estar con una mujer diferente cada noche y que no les importa nada. - Está bien, entiendo perfectamente, de todos modos lo de esta noche no se me va a olvidar tan fácil, eres increíble de verdad. - Máximo me dió una sonrisa que me parecía un poco fingida pero no dije nada sobre ello. Termine de ponerme mi ropa y me tomé con él aquel vaso de jugo que me había traído. Termine y me pare para irme no sin antes darle un último beso en los labios. Salí de esa casa sintiéndome muy bien por el exelente sexo que había tenido pero sintiendo que me faltaba algo. No estaba acostumbrada a tener sexo solo porque si y sin que hubiera amor pero tarde o temprano me iba a acostumbrar.
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