Mi semana no ha comenzado nada bien. Mi marido está fuera del país, dejándome sola y con un humor espeso. Me sentía falta de cariño. Necesitaba las caricias de mi esposo, su cercanía, es decir, necesitaba una buena v***a. Era lo que se venía a la mente. Aunque era una forma vulgar y simplista de ver mi problema. Además estaba el asunto de mi jefe. Jorge amenazaba con degradarme. Eso significaba perder parte de mi sueldo y mis privilegios. Pero había una forma de evitarlo. El trato que mi jefe me proponía era mantener mi sueldo y mejorar mis condiciones laborales a cambio de una noche de sexo con él. Mi jefe soñaba tener una especie de despedida de soltero. Pero no sólo conmigo, también quería incluir en su fantasía a una becaria que trabajaba a mi cargo. Era absurdo. Pero todo se volvió

