Martes. Segundo día sin mi esposo A pesar de estar sola por la ausencia de mi esposo y de la enorme casa vacía duermo profundamente. Mi forma de dormir es apacible, serena, casi sin desordenar la cama. Cerca de la hora de levantarme empiezo a soñar. En el sueño estoy desnuda sobre un enorme piano rojo. En medio del salón donde me encuentro, que está iluminado por velas dispuestas en enormes candelabros, hay una enorme audiencia sentada en sillas oscuras. Las personas están enmascaradas y permanecen en silencio, observando como ovejas en un corral. Una pianista, una mujer asiática, toca Misty de Errol Garner. Yo sigo sobre el piano y espero. Sé que estoy esperando a alguien. De pronto, de una esquina del salón, aparece un hombre enorme y musculoso. Está también desnudo. De su entrepierna c

