Al entrar al camino de mi urbanización recuerdo a don Esteban. El viejo me dijo que estaría de guardia. Pienso en que debe haber una forma de terminar con su acoso. No puede ser que cada vez que quiera entrar a mi hogar tenga que mostrarle mi ropa interior a un viejo verde. Debo conseguir de una vez las pruebas que dice tener y lograr que deje de chantajearme. Además, no sé si esas pruebas se refieren solamente a mis infidelidades o también al uso de drogas. Realmente fue la mala idea usar a don Esteban de dealer. Le compré droga sólo en dos o tres ocasiones, pero nuestras reuniones terminaban de forma inesperadas conmigo muy alterada (por el alcohol, la cocaína o el éxtasis), lo que aprovechó el viejo para seducirme. Hoy me arrepiento y siento algo de vergüenza de lo que paso. Yo, que pu

