Con el precio de la entrada, alto pero acorde al lugar donde nos encontrábamos y la clientela que la frecuentaba, a todas luces gente de alto poder adquisitivo, teníamos derecho a varias bebidas gratuitas y en ese momento agradecí ese detalle. Tal era mi necesidad. Cuando regresé, Magdalena cogió su copa y la llevó a sus labios, su mirada fija en un punto que, en ese momento, no pude discernir. — ¿Te acuerdas de lo que te conté? ¿Cuándo veníamos hacia aquí? –Me preguntó Magdalena — ¿lo del profesor que me tiré? Se parece a él. “¿Y si te dijera que no solo me follé a estudiantes sino que también a algún profesor madurito y de buen ver?” recordé las palabras de mi esposa pronunciadas durante su revelación de ese pasado que desconocía, mis ojos buscando al hombre al que ella se refería, enc

