Pero como todo, ese alivio fue momentáneo al ver cómo cogía la mano de su compañero de asiento y ambos, sin esperarnos, se adentraban en la pista de baile donde enseguida los perdí de vista. Sin otra opción, me dejé llevar por Inés al centro de la sala donde se arremolinaban una multitud de parejas, todas cercanas, próximas, nosotros no siendo una excepción, notando enseguida como Inés buscaba mi cercanía, que nuestros cuerpos hicieran contacto, siendo casi tarea imposible que eso no fuera así teniendo en cuenta la gran cantidad de gente que había y el espacio reducido donde nos encontrábamos. Casi sin espacio de maniobra, enseguida la distancia fue inexistente, nos movíamos sin movernos, sus manos buscando las mías para que asiera su cintura mientras ella colocaba las suyas sobre mis hom

