Nacho y Magdalena: Barbaridades

1877 Words

A mí siempre me había caído bien, no así a Magdalena que nunca había visto con buenos ojos las confianzas que creía que ella se tomaba, aquella forma de tratar a la clientela. Pero ¿qué tenía de malo ser recibido con un “hola, cómo estás”, que se interesara por cómo estaba siendo tu día o que hiciera algún comentario jocoso que te alegrara la comida? Yo, acostumbrado a pasar tardes en la tasca de Manolo con mi amigo Paco, a veces incluso con mi padre, donde pedías una caña y él mismo te la traía, sentándose contigo a despotricar de lo perra que era la vida, para mí aquellos gestos eran los que aportaban alma a un lugar, los que le proporcionaban su encanto. Nada más sentarnos, percibí la sonrisa burlona de Magdalena y fui consciente que, aquella simple mirada inocente y sin malicia, no le

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD