Sus palabras supusieron una nueva revelación, la confirmación de la sospecha latente que ya presumía. Nada había sido real. Su cambio no había sido tal. Simplemente, se había cansado de luchar, de aquel enfrentamiento continuo con Magdalena debido a mí y que había causado que su amistad se viera afectada. De ahí su marcha atrás, poner al mal tiempo buena cara y su intento de congraciarse conmigo. Nada de su supuesto cambio tenía que ver conmigo sino con Magdalena, ganarse su favor, su beneplácito y, para ello, aparentaba lo que no era, que todo estaba bien cuando, en realidad, no era así. Su opinión sobre mí permanecía inalterable, seguía creyendo lo mismo que antaño, que era alguien que no estaba a la altura de Magdalena, que ella merecía algo mejor y que lo mejor era que nuestros camino

