Mientras continuábamos besándonos dejé de moverme y Juan de Dios en respuesta empezó a mover su v***a sobre mi sexo. En algunos momentos el glande quedaba directamente sobre mi sexo, con la punta moviéndose sobre la entrada de mi coño. Mi traje baño estaba casi hecho una tira y prácticamente mi coño estaba a la vista. Sólo una trocito insignificante de tela protegía la entrada a mi interior. La v***a de Juan de Dios iba y volvía por mis labios, entregándome un placer interminable. Luego se detenía sobre mi clítoris antes de tratar de traspasar mis defensas. Estaba a punto de penetrarme. Y yo deseaba que esa v***a lo hiciera. Deseaba ser follada. Pero no me atrevía. No quería que pasara. Pero no quería pensar. No quería oponerme a que sucediera. Pero no podía dejar que pasara. Tenía un lío

