El chico estiró su mano y tocó mi seno sobre mi traje baño de blanco. Lo hizo con delicadeza, apretando con cuidado. Luego empezó una caricia exploratoria, como si temiera hacer estallar una bomba. Yo por mi parte movía energéticamente mi mano sobre su pene, masturbándolo con ganas. —Aprieta que no se va a reventar —aseguré. Juan de Dios me agarró bien la teta y luego apareció la otra mano y agarró la otra. Apretó con fuerza, probando mi carne. En verdad se sentía bien. Empecé a notar que me mojaba, pero aún tenía el control. Iría a donde yo quisiera. Haría lo que yo quisiera. Yo empecé a mover mi mano bajo el traje de baño, observando como Juan de Dios admiraba mi cuerpo, como tocaba los senos, como me acariciaba. Sentí como el muchacho exploraba mi cintura, sus dedos tanteaban mi piel

