Por suerte, tenía muy claro lo que quería usar esa noche. Fuimos a un par de tiendas y pedí unos minivestidos y faldas. También un top bustier que había visto con anterioridad. Todo el tiempo me mostré muy cariñosa con Julieta. Ella estaba encantada con mis atenciones, por mis mimos, por las caricias secretas, por los besos que le robaba en el probador. Sin duda, ya la tenía mansita. Las dos estábamos más relajadas. Éramos cómplices en aquel día loco. Hechas las compras, partimos a la peluquería y al salón de maquillaje. Aproveché aquel rato en la peluquería, mientras me masajeaban el cuero cabelludo, para hablar con Tomás. Mi marido estaba más hablador que nunca y tuve que saber actuar para no mostrarme ansiosa. No quería hacerme descubrir. Le mentí diciéndole que aún estaba en la oficin

