Julieta pareció sorprendida, pero dejó que yo empezara a desabotonar su blusa. Pronto, estábamos en ropa interior. No era la primera vez que estábamos así, la una junto a la otra con muy poca ropa. Pero si era la primera vez que las dos estábamos en una habitación así de solas. Siempre habíamos estado en tiendas, probándonos ropa y con gente muy cerca. Ahora, en cambio, estábamos verdaderamente solas. Pude notar cierto rubor en el rostro de la pelirroja. —Gabriela, qué intentas… —empezó a decir. Pero yo puse delicadamente mis dedos sobre sus labios. Le hice a callar. Toqué el agua para comprobar la temperatura. Estaba perfecta. —Vamos, metete adentro conmigo. El agua está genial —aseguré. Las dos usábamos ropa interior blanca, bastante simple. Sexy simplemente porque nuestros cuerpos l

