Parecía aletargada, dispuesta. Hice que su boca se dirigiera a mis senos, justo sobre el pezón derecho. Ella abrió la boca y con cierta torpeza se metió el pezón. Luego chupó. Al principio con timidez, pero después con un valor renovado con cada contacto y con cada beso y caricia. Lamió la zona, mi teta, especialmente alrededor del pezón. Sentí un escalofrío. —Vamos, prueba la otra —pedí. Así, susurré. Julieta se apoderó de mis dos senos. Usaba las manos y la boca. Jugaba con mi cuerpo como una niña con su juguete favorito. —Que ricas tetas… quiero tener unas tetas así. Luego las dejó y volvió a por mi boca. Me besó con ganas, con desesperación. Sus manos fueron a mi cintura y a mi culo. Yo le rodeé con mis brazos el cuello, le atraje para mantenernos así, unidas, bien juntas. Nos bes

