— ¿Qué vais a hacer luego? –preguntó Perla rompiendo aquel momento de incertidumbre y creando otro de nuevo –hay un local aquí cerca donde podemos ir a tomar algo. Es una pena que, con lo bien que lo estamos pasando, la noche acabe tan pronto ¿no creéis? Miré con temor a Magdalena, esperando que ella recordara lo hablado. “Cenamos y nos vamos” me había dicho pero en aquel momento, con lo bien que había discurrido la velada, el alcohol corriendo sin freno por su sangre y, cómo no, su habitual tendencia a seguir los pasos de su amiga, empecé a recelar que aquello no fuera a ser así. — No podemos –negó mi esposa para mi sorpresa y alivio –Nacho mañana madruga. Pero te tomo la palabra para otro día. Esto hay que repetirlo pronto ¿verdad que sí, Nacho? Una de cal y otra de arena. Sí, Magdale

