—No estoy segura —respondió—. Pero creo que es lo que se lee. Hicimos las consultas al dueño. Eran audios y videos donde hombres o mujeres, hablando de forma sugerente, comandaban al oyente a masturbarse según determinadas instrucciones. Era un concepto interesante, nunca había escuchado de aquello. —Esto del JOI es un descubrimiento, Julieta —aseguré, medio en broma medio en serio—. Vamos, compremos uno. — No, señora Gabriela —dijo Julieta, abriendo cierta distancia entre nosotras con lo de señora. Me molestó su terquedad, o su falta de valentía. Para demostrarle algo de valor compré un audio de JOI. Específicamente un JOI con seis narraciones, la mayoría para hombres, pero también con un par de historias dirigidas a mujeres. Salí satisfecha de aquel sexshop, con un consolador y el au

