No era estrictamente una mentira. Pero me sorprendía que no le dijera que, si bien no la había penetrado, sí le había hecho otras cosas. Pero supuse que tarde o temprano todas se enterarían de todo. ¿O sería que entre ellas también tenían sus secretos? Fuera cual fuera la respuesta, ya no estaba dispuesto a seguir con esos juegos. —Es hora de que hablemos —dije—. Basta de juegos. Las espero a las dos abajo. Mientras decía esto, traté de sonar duro, pero le dediqué a Mimi una mirada que no reflejaba ningún tipo de rencor. La verdad es que no estaba enojado con ella. Aunque estuve a punto de pisar el palito cuando fui a llevarle el desayuno, ella misma se había encargado de evitar que continuara por ese camino. Ahora me preguntaba si lo había hecho de manera premeditada, o si aquella mirad

