Me dirigí a mi habitación para buscar el celular, pero en ese momento el impulso le ganó a mi cabeza fría, por lo que deseché, de momento, la idea de cargar el celular. Ahí arriba tenía a dos de mis hijastras. Ellas sabían mucho más de lo que decían, y tendrían que darme alguna respuesta. Fui hasta la habitación de Mimi. Ella había sido la que me había alertado (y no solo una vez) de lo que estaba sucediendo. Si alguien me podría sacar de la oscuridad en la que estaba sumergido, era ella. Pero cuando entré a la habitación me encontré con que estaba roncando. Me acerqué para despertarla. Se había vuelto a poner ese gracioso pijama de una sola pieza. Ese mismo que hacía poco menos de una hora no había dudado en quitarse ante mi estupefacta mirada. Tenía la capucha puesta. Por lo visto, la p

