¿Insignificante?

2919 Words
Hoy sin duda había sido un día lleno de novedades, nunca había maldecido tanto en mi vida, nunca había tenido que inventar tantas excusas y por supuesto nunca había estado tan nerviosa por enfrentarme a alguien. Entramos al salón, él primero yo solo lo seguía como perrito faldero, sentía como mis mejillas ardían de la vergüenza pero pude levantar la cabeza para mirarlo, ya estaba harta de acachar la cabeza, era hora de levantarla. —Sé que es más que obvio que me reconoces—dije sosteniéndole la mirada y sin tartamudear continúe —yo fui la estúpida de la ventana del frente a quien se le enredo la blusa a un clavo y mostro más de lo que debía mostrar—solté sin dejar de respirar. —Alexa, mira yo solo…que… quería disculparme—dijo casi en un susurro y bajando la mirada—Dios ¡yo lo estaba intimidando!, a este chico guapo, varonil, yo lo estaba intimidando, no lo podía creer… me sentí poderosa en ese momento, era la primera vez que intimidaba a una persona, siempre era yo la intimidada, me erguí más todavía y sosteniendo aún más la mirada continúe; —No tiene por qué disculparse—no lo iba a tutear, eso era demasiada confianza y solo que me haya visto medio desnuda no se la da—solo estaba usted en el momento y lugar equivocado, solo fue un accidente—dije con las manos cruzadas para mostrar seriedad. —Me podrías tutear—dijo—al decirme ‘usted’ me haces sentir viejo. —No—respondí secamente—ahora no pretenda “usted” que ahora seamos amigos, solo seremos vecinos y compañeros de clase, nada más. —Entonces si estas molesta por lo que paso—dijo con voz firme— porque si no lo estuvieras no te comportarías así conmigo por algo tan insignificante. —¿insignificante?—esta era la gota que rebasó el vaso— puede que yo haya dicho que era fue un accidente, que no debía disculparse, pero yo nunca dije que no fuera importante, porque se vio involucrado mi pudor y mi vergüenza, porque MOSTRÉ y usted solo admiro el espectáculo. —Como “usted” ya dijo—se acercó más, debía ser raro ver a dos jóvenes llamándose “usted”— yo solo estaba en el momento y lugar equivocado— ¡Diablos! CASTIGADA POR MI PROPIA LENGUA – Sonrió sarcásticamente, lo que me dio más rabia todavía Estaba inmóvil de indignación, pero que cínico resulto ser el muchachito. Había pasado como un minuto en que no decíamos nada, mirándonos frente a frente. Lo empecé a reparar, era algo predecible ya que lo tenía bastante cerca, su boca era linda, sus labios carnosos y rojizos, apuesto que sería bueno besando, un momento… como llegué a ese pensamiento ¡Ya basta Pretelt!, ¡concéntrate! Y deja de mirar su boca, y sus ojos también, mejor dicho todo. —Mira —dijo espirando profundamente y rompiendo el silencio— ¿solo podemos olvidar esto? —Supongo—replique fríamente. Él quería seguir hablando, lo pude notar porque sus labios perfectamente delineados se abrieron ligeramente y llegaron a musitar algo pero no lo entendí, sonó el timbre para regresar a clases y me separe inmediatamente de él, llegue a mi puesto y me senté. Poco el salón de clases se fue llenando de estudiantes ansiosos a causa de que faltaba poco para que se pudieran liberar de esta prisión que llaman escuela. Como era de esperarse una de las últimas horas de clases eran las de la señorita Morgan… ¡diablos!... (No. No se puede decir esa palabra en clase de religión, pero estoy furiosa) no quería leer mi ensayo de 4 páginas estaba muy molesta y no me expresaría de la mejor manera, por suerte Liz se ofreció a leer el suyo y entre opiniones diversas sobre una mujer de la época a. c terminó la hora de religión. De algo estaba segura, mis curiosas amigas querrían saber que hablamos simón y yo, les contaría todo, bueno, casi todo, solo omitiría la parte en que el me vio medio desnuda, hirió mi orgullo y pisoteo mi dignidad (si, así me sentí) solo les contaría que era mi vecino y que me estaba preguntando direcciones. La primera en empezar el interrogatorio fue Susana: — ¿De qué hablaron Simón y tú?—pregunto integrada. —Es que él es mi vecino y me estaba preguntando direcciones—encogí los hombros para darle un toque de menos importancia a lo que estaba diciendo— — ¿Es tu vecino?—grito Liz asombrada. —Sí, yo no lo sabía—miento—él fue el que me dijo porque me vio saliendo esta mañana de mi casa que queda al lado de la suya— ¡vaya! Pero que bien sonó eso, yo misma estoy asombrada de mi facilidad para mentir. Liz era muy ingenua y nunca advertía la malicia en las personas, y mucho menos a las que ella consideraba sus amigas, Bárbara solo escuchaba sin cuestionar, pero Susana, esa si no era fácil de engañar, se requerían años de prácticas y mis resientes métodos de mentir no tenía menos de 24 horas de adquiridas. — ¿tú no lo sabías? –Pregunto— ¡pero el sí! ¿Cómo? —no lo sé—trago saliva, ¡Porque tiene que ser tan curiosa, mujer!—como ya te dije creo que fue cuando me vio salir de mi casa que queda al lado de la suya con el uniforme y me distinguió—señorita Pretelt se merece un perfecto 10 por mentir tan bien—. —Ajá — respondió Susana un poco dudosa. Al llegar a casa lo primero que hice fue poner una cortina oscura en la ventana, no me agradaba pero ese era el precio que tenía que pagar por no verle la cara, era una ventana con una vista envidiable y prácticamente le rogué a mi mama para que me la dejara conservar, cuando compramos la casa me advirtió que esa ventana la iba a quitar debido a que era muy grande y cualquiera podía entrar a la casa por esa ventana con facilidad así que le dije, no, le rogué que me la dejara, pero puso unas condiciones, la primera fue que le comprara puertas para que la cerrara en las noches cuando me fuera a acostar y la segunda es que nunca la dejarla abierta si no estuviera presente, pero nunca le quise poner cortinas, porque le quitaba toda la gracia y hermosura que representaba, hasta el día de hoy, y todo por mi estúpido y fisgón vecino. Mi cuarto parecía muerto, la luz que entraba con regocijo por esa ventana fue invadida por una oscuridad llena de resentimiento e ira que deambulaba en cada rincón. Estaba furiosa, ¿Cómo se atrevió a decirme eso? ¿Insignificante? Mi pudor no es insignificante y además insignificante es sinónimo de pequeño y que yo recuerdo lo que yo había mostrado no tenía nada de pequeño, conozco suficientemente bien el almas de las personas como para prever que están pensando en la vanidad, pero no es así, se los juro, es lo único bueno que tengo, eso y por alguna razón que desconozco Dios se había apiadado de mí y también me había dado ojos poco comunes…grises, un poco metálicos, por lo que restaba no podría decir lo mismo, mis piernas parecían muslos de pollo y mi cabello no tenía gracia alguna. Como era de esperarse me encuentro sola de 3 a 6 de la tarde y hoy no nos dejaron trabajos que realizar, estoy aburrida y sumergida en la oscuridad del resentimiento—creo que leeré por doceava vez orgullo y prejuicio, o tal vez Marianella—opto por la primera, me pongo cómoda, me hago una coleta y me pongo mis gafas para leer (el doctor me las mando y si no me las pongo me da jaqueca) me veía como mi madre cuando joven, pero solo me las pongo en mi cuarto, no quería que nadie me viera con ellas. “Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de un gran fortuna, necesita una esposa”—no había terminado yo de leer este ya conocido comienzo cuando un ruido ajeno perturbaba mi bien prolongado silencio, ¿Qué era? ¿Música?, si, lo era, una bella melodía se adentraba por mis oscuras cortinas y me agradaba mucho. Siempre he pensado que la música de piano es la más hermosa del mundo, cuando era pequeña quería a prender a tocar, pero era eso o mis libros caros y ya saben quién gano, me figuro que el intérprete debía ser distinguido, tocaba como un profesional, o tal vez fue sometido a fuerzas desde muy pequeño por una madre o un padre frustrado, a cuclillas me dirijo a la ventana y remuevo la cortina de una de sus orillas y meto mi ojo para ver de dónde proviene la hermosa música, —¡es Simón!—maldición sabe tocar el piano, siempre me han parecido atractivos los hombres que tocan piano, genial otra cosa para derretirme… ¿otra cosa?—cuestiona mi vocecita racional—ya se había tardado en aparecer. Lo veo desde su ventana, tiene un hermoso piano de cola n***o, y sus manos tocan las teclas suavemente mientras sus ojos se cierran, jamás había visto algo parecido, mis dedos terminan de rodar prácticamente toda la cortina y ahora lo veo más que por el rabillo del ojo, lo veo completo, él y la música parecen uno solo, la sublime melodía me hace recordar a maestros como Mozart o Bach, es una melodía triste y no puede evitar que los ojos se me agüen, pareciera que algo le doliera y a través de la música lograra curarse, siento una punzada de envidia hacia él, yo no tengo nada excepcional que me identifique, leer libros de 200 páginas en un día no era nada comparado con eso. De repente el sonido molesto del timbre me saco del concierto en el que estaba en primera fila. Baje rápidamente mientras me preguntaba quién será, nunca recibo visitas por la tarde a menos que haya quedado con alguien para hacer algo; como buena niña que soy, no le abro la puerta a extraño, veo por la mirilla de la puerta y distingo a una pelinegra, bajita con un lápiz labial extremadamente rojo. —Hola Susana—saludo al mismo tiempo en que abro la puerta. —Hola Alex—responde dejando mostrar su hilera de dientes blancos perfectos— ¿puedo pasar? —sí, claro— respondí mientras me muevo al mismo tiempo para que la pelinegra pase, estaba bastante arreglada, lleva sus vaqueros favoritos, que traducido significa una sola cosa: chicos— ¿Qué te trae por aquí?—pregunto mientras se acomoda en el sofá y sube las piernas en la mesita del centro de la sala. —Nada, solo pasaba por aquí y decidí visitarte—dice haciendo una gran bomba de chicle. —Y ahora la verdad—digo mientras tomo un palillo de la mesa y exploto su bomba de chicle. —contigo no se puede—se quejó—, frunzo mis ojos—está bien, está bien—dice levantando las manos—viene porque quería ver si Simón era tu vecino. —ya lo sospechaba—digo algo orgullosa por atinarle— ¿no lo viste ahora que llegaste? —sí, toca el piano—hace una cara de aburrida— Pero él no me vio y quiero que me vea. Ven—me jala—vamos a tu recamara, seguro con esa ventana es imposible que no me vea—0h no. Cuando llegamos a mi cuarto inmediatamente como era de esperarse me pregunta que porque tengo una cortina oscura en la ventana, le respondo que mi madre me obligo a colocarla mientras este sola. —Pero ahora no estás sola—dice mientras quita el pedazo de tela oscura que cubre mi amada ventana. —Pero dudo que simón en estos momentos te preste algo de atención—digo tratando de tapar con mi mano mi cara que ahora acostumbrada a la oscuridad, la luz le incomoda—no ves que él y su piano son uno solo en esto momentos. —tienes razón, ¡oh, pero mira!—dice señalando la ventana—ya dejo de tocar, —es cierto la música ya no se escuchaba— lo voy a llamar—¿qué?—no, no, no—pero antes de que este pensamiento se comunicara con mi lengua Susana grito: —Hola Simón—grito agitando la mano como una niña pequeña quien acababa de ver a su padre regresar de un viaje muy largo— ¿Cómo estás? Y yo que jure no tener contacto con él por medio de esa lumbrera por el cual tuvimos la amarga fortuna de conocernos en circunstancias tan penosas. —Bien—grita Simón— y ¿en dónde está Alexa?— ¿pregunto por mí? ¿Enserio? mis ojos se abrieron como si les fueran a echar gotas— Susana me mira y yo inmediatamente niego con mi mano. —Está en la cocina— mis pulmones exhalaron todo el aire que había inalado de los nervios —oye pero ya que eres nuevo te puedo mostrar donde hacen los mejores helados en esta zona— dice coquetamente, mientras mis pulmones vuelve a llenarse de aire, y mi quijada se abre ligeramente ante semejante propuesta. —Eh…está bien—dice algo más bajito de lo que anteriormente había gritado— ¿y Alexa? Sin ni siquiera mirarme Susana responde por mí, algo que ojala él una hubiera sabido. —No te preocupes, Alexa está ocupada leyendo sus innumerables libros de autores ingleses, españoles etc. y además, —Dijo en susurro— nunca le gusta salir. —¿En serio?—dijo en tono burlón—me lo parecía— ¿y qué tipos de libros les gusta leer? ¿Me lo parecía? ¿A caso tengo la cara pintada de letras menudas que diga amo leer y soy aburrida? No lo creo. Estoy sentada en mi escritorio blanco con las manos en jarra ante semejante censura y Susana se encuentra en frente de la ventana, él no puede verme, cosas que agradezco, porque si no fuera así le tiraría mi colección de enciclopedias, que seguramente le dejarían con una contusión muy seria. —Para serte sincera—dijo Susana encogiendo los hombros— ella me lo ha dicho pero yo no le he prestado atención— ¿en serio? ella está hablando como si yo no estuviera aquí. —Bueno, enseguida bajo y nos encontramos en la puerta ¿te parece? —Claro—gritó Susana entusiasmada. La pelinegra toma su chaqueta, se mira al espejo, acomoda su cabello, frunce sus labios rojos de una manera muy sensual una y otra vez para esparcir y rellenar todo el color de manera uniforme a sus labios, todo lo anterior lo hace sin ni siquiera mirarme — ¡Oye, estoy aquí!—digo al fin al ver la desesperación en vivo y en directo. — lo siento Alexa, pero enserio simón me gusta. —Dices lo mismo de todos—respondo mientras ruedo mis ojos. —pero esta vez es enserio, te lo juro—te debo una—me dice mientras besa mi frente tiernamente como una madre a una hija dejando su lápiz labial pintado en mi frente y a mi devastada. Suspiro lentamente mientras me siento en la cama, ¿porque me siento tan rara? Susana siempre ha salido con chicos y eso a mí no me importaba, ¿Por qué me siento así? Un escalofrió recorre mi columna vertebral y mi estómago se siente vacío, Giro paulatinamente mi cabeza hacia la ventana y mis ojos se empiezan a cristalizar, me levanto hacia algo que sé que me va a causar daño pero de igual manera el tan solo imaginarlo también lo hace y es mejor saber si lo que imaginamos es peor de lo que en realidad es. Simón iba vestido con una camisa a rayas con una chaqueta negra y unos vaqueros desteñidos, Susana se avalancha encima de él y lo abraza. Cuenta la leyenda que antes los hombres tomaban la iniciativa ¿Qué paso? La pelinegra toma el brazo de simón y descansa su cabeza en su hombro, él se gira y yo retrocedo rápidamente de la ventana para evitar que me vea y retorno donde mis ojos se habían cristalizado antes. Seguramente ya para mañana tendría un par de tortolitos besándose enfrente mío en la hora del almuerzo, contándome cual sería el nombre de sus hijos. Pero una revelación de sus relaciones amorosa se me vino a la cabeza. Susana no tomaba una relación enserio—eso me calmo—y simón se le tomaba que era el tipo de chico al que una sola no le bastaba… pero ¿y si no era así? Si enserio las cosas funcionan entre ellos dos, mi mente divago un segundo y me dibujo vestida de rosa en su boda tratando frenéticamente de atrapar el ramo porque indudablemente yo seguiría solterona, me deshago inmediatamente de esa idea, cierro la ventana y me ocupo en mi lectura, que sé que va a tener un final feliz.
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