¡Estoy jodida!—me dije— ya que No recordaba donde había puesto las llaves del auto. Simón me miraba con una expresión divertida mientras tocaba mis pantalones (de deporte por cierto) desesperadamente buscando mis llaves y me sonroje bruscamente de la vergüenza. —Creo que fugarnos con tanta cautela no servirá de nada si nos encuentra en la puerta de salida tratando en vano de encontrar unas llaves—dijo riendo. —No es en vano—replique furiosa—sé que las tengo por aquí, y además tengo que llevarte al hospital así sea en mula. —No me llevo bien con las mulas—dijo—además creo que ya me siento mejor. —si claro y luego te desmaya y sufre una hemorragia interna y yo tendré la culpa por no llevarte a un hospital—resoplo furiosa —Wow. Qué dramática eres—dijo alanzando las manos y tomándome por

