En cuanto el auto se detuvo frente a mi casa gire nuevamente la manija de la puerta, el interior del auto olía a él y necesitaba respirar, prácticamente estaba sin aire, pero cuando la puerta no se abrió, tuve un retorcido pensamiento de asesinar a quien había inventado los seguros para autos y esconder su cuerpo en una cajuela, le di una mirada mordaz a Simón sobre mí hombro, prácticamente diciéndole la abres tu o la abro yo> pero no la desbloqueo, al contrario se bajó del auto con sumo cuidado y rodeándolo hasta llegar a la puerta del copiloto, me la abrió el mismo. Resistí el impulso de rodear mis ojos y darle una patada en las pantorrillas. Obligue a mis piernas a moverse, trate de salir lo más digna posible, pero parecía ser que mis pies no conocía esa palabra; perdí el equilibrio

