Capitulo 8 Sacrificios de cerdos y el amor de Nanly y Tolér

1647 Words
Las aguas de los pantanos se movían con una gran corriente de furia, los monstruos allí abajo sabían que los enviados a buscar a su salvador habían fallado en la búsqueda. Los esperaban para matarlos, para que sintieran todo el enojo que cargaban en un ser y pudieran sentir como el agua ardía como agua hirviendo en fuego lento. El bosque quería sentir a su salvador, el príncipe Jack era más que el hijo de Ildico Fhatercul, pues su poder era infinito y sus remedios en tierras oscuras el milagro y la salvación. —Si Lambor no regresa ¿Qué hacemos? Seremos malditos toda la eternidad y estaremos bajo la ley de la oscuridad, en este nuestro hogar —dijo una criatura al salir de sus aguas —Nunca es tarde para nada, hay que preguntarle al Rey sapo para que nos diga que ha sucedido con Lamber y su acompañante —habló otro —La Traición ha nacido, el enviado por el hijo de Tahara ha asesinado a su compañero y ahora está en las tierras de Nafar, el Reino gobernado por la Reina Zaya, ¡Vayan por él! Tráiganmelo vivo —les dijo el Rey sapo al salir de un charco de lodo Este tenía los ojos como dicho animal, sin embargo, tenía cuerpo de hombre, se paraba de dos patas y con sus manos podía tomar cualquier objeto como un ser humano. Estaba tan enojado, que lo único que pensaba era tener en sus manos el cuello de Lambor, para que con sus uñas de gato quitarle la vida al hacerle un agujero en la garganta. Los dos que platicaban la tardanza del enviado para traer el bebé, se arrodillaron ante la criatura que gobernaba el bosque como todo un Rey que era, allí le preguntaron qué debían hacer al poner sus patas en Nafar, si destruir o solo raptar al traidor de su propia r**a. —Tráiganmelo y llévenlo abajo hasta mi trono —les dijo El primero con patas de canguro, cuerpo de rata y ojos de gusano se fue dando grandes saltos hasta su rumbo, el segundo lo siguió, este a diferencia del primero, tenía patas de gallo, plumaje azabache, cuerpo de cerdo y ojos de gato. El Rey sapo, de nombre “Got”, se tiró al charco de dónde había salido, al parecer cada pantano y cada lago era una inmensa casa debajo de las aguas, vivían bajo la superficie y en aquél charco estaba el gran castillo del Rey. En las tierras de Kailto aún continuaba la sequía, las muertes, la plaga y pronto el hambre, sentado sobre una silla de color n***o, Ildico con su tercer hijo en brazos, del cual tenía la esperanza que cambiaría el Reino al crecer, se preguntaba la llegada de Zaya con el pequeño Jack, pues de la nada, en medio de la preocupación, había aparecido ella con su hijo en brazos, recordó que al entregárselo tenía la prisa de marchar y así fue. Fátima se encontraba en la cocina haciendo sus tareas matutinas y los pequeños rebeldes Jacok y Jacob en uno de los tantos cuartos del castillo, aunque jugaban como hermanos, uno reía del otro por la herida que le había hecho la criatura que llamaron monstruo, cuando lo atacó. Por otro lado, en la iglesia Fer, Morse se encontraba rezando, no había parado de hacerlo desde el día que Ildico se lo ordenó, pues sabía que si su Dios escuchaba sus oraciones la tierra que tanto amo y los hijos de su amor no correspondido estarían a salvo, como todos los habitantes de ese pequeño pueblo, que en su mayoría eran niños huérfanos, él había visto la oscuridad de los cielos del Reino Kailto, desde ese entonces se propuso a rezar diariamente hasta el día de su muerte. —“Creador de los cielos y mundos inhóspitos, cuida al que no posee el conocimiento de la vida y el que no es consciente de sus actos, pensamientos de la cabeza vacía y no del corazón, de donde sale y entra la sangre, por favor señor, dales bondad en el motor que palpita” —dijo Al abrir los ojos, caminó seriamente hasta el orfanato: una casa en la que llegaban muchos niños, pero que a pesar de tener un techo, no tenían para comer, pues Tahara cuando vivía, enviaba alimento a los niños y a sus cerdos, los cuales de diez habían sacrificado cinco para comer. Para Morse no era vida el estilo que llevaban, sino supervivencia. Aunque también contaba con la ayuda la Reina Zaya, quien le ayudaba por así lo quisieron sus padres antes de morir, dejando una nota que descubrió tiempo después. —¿Y si sacrificamos a otro cerdo? —preguntó la mujer que cuidaba del lugar de niños, quienes lloraban sus estómagos al escuchar el gruñir de sus intestinos —¡¿Qué?! Claro que no, no haré otra vez esa atrocidad —Entonces quieres que los niños se mueran ¿Eso es lo que quieres? Mírate eres un monje, ¿Acaso tú Dios te impide comer la carne creó para consumirla por nosotros? —No seas tan... —¿Que no sea qué? ¡Anda! ¡Dilo! ¡Dilo! Te la pasas como un estúpido orando al Rey de las tierras de Kailto porque le tienes miedo —¡Yo no le tengo miedo a Ildico! —le gritó enfadado—, mejor cállate la boca y no hables de cosas que no sabes —Claro que sé lo digo Morse —¿Cómo sabes que estoy orando por él? —El día que llegó ese Rey en su caballo escuché todo —¿Por qué hiciste eso? —Siempre te veía triste, ahora entiendo porqué —No me hables de eso —Ahora entiendo porqué no me aceptabas como tú esposa, ahora entiendo porqué no volteabas a mirarme —Soy un monje —¡Antes de serlo! —le gritó llorando—, ahora ya lo eres y no soy correspondida por esa excusa, pero antes... Cada vez que te veía llorar y no me decías por qué... Amabas a la esposa de ese Rey —Tahara está muerta —Aún así la sigues queriendo —le dijo adolorida y volteó para ir por agua en un viejo pozo cerca el orfanato —¡Espera! —le llamó —¿Qué? —preguntó al darse vuelta —Ve y toma a un cerdo, con tal que sea un buen para los niños no pasa nada —Está bien, hasta que reaccionaste Morse entró al orfanato muy triste con tener que soportar aquellos llantos de los cerdos mientras le quitaban la vida, eso lo llenaba de traumas cada vez más, que así como mueren ellos, quería morir él también, pues sin Tahara en su vida, ya no tenía caso seguir respirando el aire de la soledad. Por el bosque del Reino Nafar, con las hermosas flores de colores, moviendo sus pétalos con el viento que suavizaba la piel de los seres que en el lugar daban un recorrido, los pasos de una persona los escuchaba Nanly a cada parte que iba con Lamber. Sintió que los estaban siguiendo y pensó que podía ser Tolér, el joven que amaba. —Espera un momento, eh... —Lamber, mi nombre es Lamber señorita —Okey Lamber, espera un momento ¿sí? Nanly caminó hasta unos matorrales detrás de los árboles, aún no estaba segura si era a quien amaba en secreto. —¿Quién está ahí? Responda ¿Quién está ahí? Como nadie respondía, se transformó en una paloma y voló para darse la vuelta y sorprender de espaldas al que se escondía de su presencia, lo que le causó una impresión enorme a Lamber al ver como se convirtió en una hermosa ave. —¡Te tengo! —dijo Al ver que sí era Tolér tomó su forma natural, le pidió perdón por asustarlo y le preguntó por qué la seguía. —No confío en esa cosa —respondió —Su nombre es Lambe —Como se llame, tengo miedo de que te haga daño —No es malo —Pero me da miedo —¿Por qué? —Eh, bueno, porque, mmmm, no me gustaría que lastimara a nadie de este Reino —Eso no es la respuesta, anda dime —le dijo y se le fue acercando poniéndolo nervioso —No me gustaría que... —¿Por qué tiemblas? ¿No te gustaría qué? —Porqué me gustas —dijo sin pensarlo Nanly sintió algo extraño en su interior, sus ojos brillaban y colocó sus manos sobre sus hombros. —Tú también me gustas —Te amo Nanly —Yo también te amo En ese momento de declaración entre ambos, al decirse que se amaban mutuamente, se dieron un beso apasionado, mientras que Tolér la tomaba por la cintura y ella por sus brazos. —¿Qué sucede aquí? —interrumpió Lamber —Te presento a Tolér, es el guardia de la Reina Zaya y... —…Y tu esposo —No —Sí —dijo él —¿Qué? —reaccionó sorprendida —Nanly, ¿Te quieres casar conmigo? —le dijo y se le arrodilló —¿Enserio Tolér? —preguntó llorando —Es enserio, ¿Te casarías conmigo mi ave favorita? —Je, je, je, ¡Si! ¡Claro que si! Otro beso nació de la relación que se había formado, aunque ante ellos los redondos ojos de Lamber, donde se reflejaban dándose el beso, también se veía un odio y una tristeza, pues el pobre se había enamorado de Nanly, su dulzura lo había hechizado, pero pensó que un ser de dos pies y dos manos jamás se fijaría en él, por su aspecto físico, aún no entendía que, “El físico no habla por el corazón”.
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