—Nada es lo que parece —le dijo el ave Bruno se asustó tanto que ese momento fue la última vez que abrió sus ojos de la impresión, aunque esta impresión había sido para él la más grande que había tenido desde que era pequeño y pisó el bosque de Nafar, donde conoció las criaturas del bosque de los pantanos, nunca imaginó ser asesinado por un ave, aunque la realidad era otra, y era que aquella ave no era cualquier ave, sino un animal oscuro vestido de ternura, algo que le encantaba a Bruno, desde pequeño y ya adulto. Su grito llegó hasta los tímpanos de los oídos de su padre, que mientras cortaba leña con un hacha oxidada, sintió también un escalofríos que lo llamaba al monte, la señal de la muerte de su hijo, la soledad llegaría a su vida después de muchos años tras no ser correspondido

