El primer aliento que tomó Hazel al despertar fue pesado, como si sus pulmones hubieran olvidado cómo funcionar, la luz tenue del amanecer se filtraba por la ventana, proyectando sombras alargadas sobre las paredes de piedra del sanatorio, su cuerpo se sentía extraño, liviano y a la vez agotado, como si una parte de ella se hubiera desvanecido en la nada.
Parpadeó varias veces, tratando de aclarar su mente, hasta que una figura apareció a su lado, era Zenda, la sanadora de la manada, una mujer de edad avanzada, con el rostro marcado por el tiempo y la sabiduría de quienes han visto demasiadas lunas.
- Despertaste al fin- murmuró la mujer, con una voz suave que más bien parecía un ligero eco en la habitación.
Hazel intentó incorporarse, pero un mareo repentino la obligó a quedarse quieta, mientras su corazón latía con fuerza contra sus costillas.
- Qué… qué me pasó?
La sanadora suspiró con pesadez, dejando que sus ojos oscuros la observaran con alivio y preocupación.
- Estuviste al borde de perder a tu loba- dijo con calma, pero sus palabras golpearon a Hazel sin ninguna cortesía.
El aire se volvió frío de repente, la pobre chica no comprendía como eso había sido físicamente posible sin un extraño hechizo o un veneno poderoso.
- Perder a Anka?- susurró, sintiendo una punzada de terror en el pecho- cómo es eso posible?
Zenda tomó asiento a su lado, sus manos arrugadas tomaron las suaves manos de la joven, aunque conocía perfectamente los síntomas, no era algo habitual, al menos no algo que ella hubiese visto en los largos años que llevaba trabajando como sanadora en la manada.
- Es una situación muy poco común, pero no imposible- comenzó a explicar con mucha calma- hay un equilibrio sagrado entre el lobo y su portador, un vínculo tejido por la luna misma, sin embargo, cuando este equilibrio se rompe….. cuando el lobo siente que su destino está en otro lugar, puede ocurrir lo que llamamos el desgarro del alma.
Hazel sintió un extraño frió contraer su estómago, aquello no era algo de lo que hubiese escuchado anteriormente.
- El desgarro del alma?- repitió frunciendo el ceño.
- Es un fenómeno antiguo y raro- la sanadora asintió lentamente- ocurre cuando el lobo, por razones que trascienden nuestra comprensión, deja de reconocer a su portador como su verdadero hogar, no es lo mismo que perderlo por la muerte o la ruptura de un vínculo…... es básicamente una elección.
- Quieres decir que Anka… me estaba abandonando?- Hazel se apresuró a cuestionar con temor, pues eso cambiaría su vida radicalmente.
Zenda no respondió de inmediato, sus ojos se clavaron en los de su paciente con una gravedad que la dejó sin aire.
- Lo intentó..... y si hubieras despertado un poco más tarde…... lo habría logrado.
Hazel sintió que algo helado se deslizaba por su columna, nunca, ni en sus peores pesadillas, habría imaginado que su propia loba deseara apartarse de ella, pero la pregunta más aterradora aún no la había hecho.
- Por qué?- su voz tembló mientras que en sus ojos se acumuló un angustioso llanto- por qué querría dejarme?
La sanadora la observó con tristeza, no sabía con certeza la razón particular de Anka para querer separarse de Hazel aunque en mayor medida sí conocía las razones del por qué eso llegaba a ocurrir.
- Porque los lobos…... no pertenecen solo a quienes los portan, pertenecen al destino y cuando el destino llama, ni siquiera nosotros podemos impedir que respondan- desgraciadamente aquella respuesta no aclaraba las dudas de Hazel, al contrario, solo logró que la confusión y la angustia crecieran en su interior a pesar de la calida explicación de Zenda.
- No.... no....no lo entiendo…... Anka nunca me había rechazado, nunca había mostrado disgusto hacia mí, siempre hemos sido una, siempre….. - pero sus palabras terminaron de desvanecerse en el aire, incapaz de darles forma al vacío que sentía.
Zenda la observó con una paciencia infinita, dejando que el silencio le diera espacio a su dolor antes de hablar, sabía que no lograba entenderlo pues solo era cuestión de tiempo para que la loba decidiera.
- No lo sé con certeza, Hazel- dijo con suavidad- pero si Anka intentó irse, si trató de separarse de ti…... es porque siente que le están robando su destino.
Por supuesto que eso tampoco aclaraba mucho lo que había sucedido entre ambas, no había nada que pudiera estarle arrebatando para que decidiera abandonarla sin explicación.
- Robando su destino?- repitió con incredulidad, a lo que Zenda asintió con gravedad.
- Los lobos no son solo reflejos de quienes somos, son fragmentos de algo más grande porque llevan en su esencia un propósito, un camino escrito en la sangre y en la luna y si tu loba intentó abandonarte, es porque cree que su verdadero destino está en otro lugar….. con otra persona, quizás.
Hazel sintió que su corazón se detenía un segundo, la única persona en su vida en este momento era Kael y por supuesto que Anka nunca había mostrado aversión hacia él, así que, debía existir otra explicación para lo que hizo.
- Otra persona?
La sanadora no respondió de inmediato, pero sus ojos viejos y sabios seguían mirandola con una tristeza que la joven no entendía por completo.
- No lo sé, esto no es una ciencia exacta, los motivos por los que los lobos llegan a abandonar a su portador son tan infinitos como las emociones o los sentimientos, no es como una herida a la que curas, aplicas medicamento y sana con el tiempo, esto es más complicado, y sí, es una posibilidad pero cualquiera que sea el caso, Hazel, debes prepararte…. porque lo que viene no será fácil, un lobo que lucha por su destino no se detiene hasta alcanzarlo, si Anka estaba dispuesta a dejarte….. es porque cree que su destino jamás debió ser tuyo.
Desde luego que Hazel no podía aceptar esa explicación, antes sus ojos no tenía ninguna lógica, pues no había nada que estuviera arrebatándole para que sintiera que debía abandonar su camino, por lo que su única alternativa era enfrentarla y en el acto cerró los ojos con fuerza, buscando en su interior la presencia cálida y familiar de Anka, extendió su conciencia, como lo había hecho miles de veces antes, esperando sentir el pulso fuerte y vibrante de su loba, sin embargo, no había nada, solo el silencio frío, reflejo del abismo entre ellas.
- Anka…..- la llamó en su mente, intentando conectarse con ella de nuevo, desgraciadamente no hubo respuesta.
El miedo se apoderó irremediablemente de Hazel, jamás había sentido un vacío tan absoluto, era como si aún estuviera allí, pero escondida y negándose a responder.
- No puedo sentirla- reconoció con la voz quebrada mientras miraba a la sanadora, Zenda le dio una pequeña palmada en la mano para tranquilizarla- está ahí, lo sé, pero no me responde.
La anciana la observó con la misma calma inquebrantable de antes, como si ya hubiera esperado ese resultado.
- Sigue contigo- le aseguró- pero no desea mantener el vínculo.
- Por qué?, por qué me haría algo así?- cuestionó con desesperación.
- Porque su deseo de separarse es más fuerte que su necesidad de estar contigo, aunque aún no comprende la razón.
- Qué significa eso?- Hazel frunció el ceño, lo que siempre odio de los sanadores era esa forma tan complicada de hablar.
- Que Anka se ha retraído porque no está lista para enfrentar lo que la empuja a alejarse de ti, hasta que lo entienda…... permanecerá en silencio.
- Y qué hago?, cómo la traigo de vuelta?- la joven apretó las manos de Zenda, aferrándose a la idea de que tenía una respuesta, un remedio, algo que le permitiera recuperar a su loba.
- No puedes hacer nada, solo esperar....o ella comprenderá su deseo y lo aceptará… o regresará a ti por su propia voluntad.
Hazel bajó la mirada, sintiéndose más impotente que nunca, la idea de no tener control sobre lo que pasaba con Anka la aterrorizaba, pero, en el fondo, una parte de ella temía aún más la posibilidad de que, cuando finalmente entendiera su deseo, ya no quisiera volver.
- Cómo… cómo me afecta esto?- preguntó a pesar de que temía escuchar la respuesta.
Zenda entrelazó las manos sobre su regazo y la miró con una solemnidad que la hizo estremecer.
- El vínculo entre un lobo y su portador no es solo espiritual, es un lazo que sostiene el equilibrio de nuestra existencia, los primeros de nuestra especie fueron creados cuando la Luna dividió a un alma en dos, dándole a los humanos su razón y a los lobos su instinto, somos la unión de ambas mitades, y cuando esa unión se debilita, el cuerpo lo resiente.
- Qué.... sig...uhum...significa eso?- el cuerpo de Hazel comenzó a temblar, dejando que su llanto se desbordara libremente de sus ojos.
- Sin Anka, tu fuerza disminuirá, tu velocidad, tus sentidos, incluso tu capacidad de sanar, la energía que compartes con ella ya no fluye como antes, lo que hará que te sientas débil por cualquier minima cosa además de lenta e incompleta.
Hazel respiró hondo y en ese momento se percató de lo cansado que se sentía su cuerpo, sus músculos parecían más pesados, su mente más nublada y su corazón aletargado, a pesar de lo mucho que latía.
- Y si nunca vuelve?- preguntó en voz baja.
- Bueno, si eso llega a pasar, si tu loba te abandona por completo, enfrentarás un deterioro irreversible- Zenda la miró con una mezcla de compasión y gravedad, sí, había llegado a ver las reacciones del cuerpo cuando el lobo era apartado del portador, y aunque no podía expresarlo en voz alta no era nada agradable o algo que deseara volver a experimentar- es como si la mitad de tu alma muriera mientras la otra permanece atrapada en un cuerpo que no le pertenece del todo, la fiebre de luna se apoderará de ti, tus sentidos se atrofiarán y con el tiempo, perderás la capacidad de cambiar de forma, tu esencia se desvanecerá hasta que no quede nada de lo que una vez fuiste.
Y ante aquella respuesta, Hazel soltó un grito ahogado, no podía ni quería imaginar que su vida cambiara tan drásticamente frente a sus ojos y sin que ella pudiera hacer nada para remediarlo.
- Puedo sobrevivir?!
- Algunos lo logran.
- Y qué pasa con los que sobreviven sin su lobo?- la sanadora sostuvo su mirada con esa expresión sombría que no podía ser alentadora.
- Los llamamos sombras.... seres atrapados entre dos mundos, demasiado humanos para la manada, pero aún con el eco de lo que alguna vez fueron, no tienen propósito, no tienen instinto, vagan hasta que sus cuerpos se rinden….. o hasta que alguien decide terminar con su sufrimiento.
Hazel sintió que la habitación daba vueltas, esto era aún peor y sin ninguna razón que pudiera indicarle qué hacer para remediarlo.
- Pero Anka no me ha dejado completamente…. solo se ha alejado, cierto?- indagó envuelta en llanto aferrándose con manos temblorosas a la calidez de Zenda.
- Por ahora, sí- la sandora asintió- todavía hay un hilo que las une, pero si Anka decide romperlo….. será como si nunca hubiese existido.
Pero las palabras de la mujer eran una sentencia y más si llegaban a oídos de Dastan, con el cambio de alpha, no podía perder a Anka, no podía convertirse en una sombra.
Desgraciadamente eso no dependía de ella, si su loba ya no la quería, nada le quedaba entonces, sería expulsada o terminaría encerrada en el horrible calabozo en el que el futuro alpha mantenía a los traidores, a los sin manada.
Pero Zenda supo lo que ya pasaba por su mente, medicamente no podía hacer más, aunque si podía brindarle algo de consuelo.
- No te adelantes a lo peor, niña- exclamó con un tono sereno, aunque su mirada delataba una preocupación genuina- aún hay tiempo, Anka sigue contigo, aunque se mantenga en la sombra, solo debes darle espacio…. y esperar.
Sin embargo, no respondió, agradecía el poco consuelo que Zenda le brindaba pero, qué podía esperar?, esperar a saber si su propia loba decidia si la condenaba o no?
La sanadora se puso de pie, acomodando su túnica con un movimiento pausado, la paciente necesitaba tiempo y espacio para procesar lo que estaba sucediendo y con algo de suerte averiguar la verdadera razón del por qué su loba la estaba abandonando.
- Descansa, recupera tus fuerzas, por ahora es todo lo que puedes hacer, tu cuerpo necesita tiempo para adaptarse a esta ausencia….. por parcial que sea.
Pero Hazel solo dejó escapar una risa amarga, adaptarse?, ese era el gran consejo que Zenda, una mujer con tanta experiencia podía darle, cómo se supone que alguien se adapta a perder una parte de su alma?, aunque no lo expresó en voz alta, en lugar de eso, asintió con rigidez, viendo cómo la anciana se dirigía a la puerta, incapaz de darle alivio, lo que se suponía era su labor principal.
- Esto...... quien más lo sabe?!- preguntó Hazel preocupada de que su condición ya fuera del dominio público.
Zenda sonrió con dulzura, era entendible su preocupación dadas las circunstancias actuales y el cambio por el que estaban atravesando.
- Nadie, más que tú..... nadie sospecha nada, ni tu amiga, ni tus padres... y yo no dire nada, mi única obligación es para contigo y en dado caso si tuviera que informarle a alguien sería estrictamente al Alpha- Hazel palideció aún más, pues eso era aún peor que el que sus padres y sus amigos más cercanos lo supieran- pero solo en caso de que lo exigiera, de otro modo solo tú y yo sabemos lo que estás pasando.....dale tiempo y todo se resolvera.
Zenda tomó la charola de los medicamentos que había utilizado para sanar a su paciente y con una amable sonrisa se dirigió hacia la salida pero antes de abrir la puerta se detuvo por un instante y la miró por encima del hombro.
- No estás sola, Hazel, pase lo que pase, no olvides eso.
Y con esas últimas palabras, salió de la habitación, dejándola sumida en un silencio que se sentía más pesado que antes, la joven se dejó caer contra las sábanas, su cuerpo entumecido y su mente seguía girando sin control, sabía lo que pasaba con los lobos que perdían su vínculo, estudió leyes, conocía la mayoría perfectamente, y al respecto eran muy claras.
Si Anka la abandonaba por completo, no habría lugar para ella entre los suyos, no era cuestión de compasión o justicia; era la naturaleza de su especie, pues un lobo sin su otra mitad era un peligro, un ser incompleto que no pertenecía a ningún lado.
Si la manada la consideraba demasiado débil para sobrevivir fuera de su territorio, la echarían sin más, si la veían como una carga, la encerrarían, o si creían que su condición era una amenaza, la sacrificarían.
Todo su ser se contrajo, su estómago se revolvió ante la última posibilidad, aunque ya no sabía qué era peor, si la echaban, podría intentar vivir entre los humanos pero con su estado físico deteriorándose, sin su fuerza, sin sus sentidos, sin la capacidad de cambiar de forma, cuánto tiempo podría sobrevivir?,
Apretó las sábanas entre sus puños, no podía permitir que eso pasara, no podía perder a Anka, pero lo peor de todo era la incertidumbre, si su loba había intentado abandonarla, acaso no significaba que ya la había perdido?
El nudo en su garganta finalmente cedió, y las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro en un silencio amargo, Hazel apretó los ojos con fuerza, intentando de nuevo alcanzar a Anka en su mente, llamándola con la desesperación de quien se aferra a un hilo a punto de romperse.
- Anka… por favor… háblame.
Pero solo recibió el mismo vacío, inevitablemente, y entonces un sollozo se ahogó en su pecho, sintiendo el peso de la soledad caer sobre ella con un desconsolado llanto, pero el sonido de pasos apresurados en el pasillo la obligó a contener el aliento.
Sin considerarlo demasiado, se apresuró a secarse las lágrimas con la manga justo antes de que la puerta se abriera y la figura de Esma se recortara contra la luz del exterior.
- Hazel!- exclamó su amiga, cruzando la habitación con rapidez, deteniéndose a los pies de la cama e inclinandose sobre ella con el ceño fruncido, inspeccionándola como si buscara alguna herida oculta- por la Luna, qué te pasó?
Hazel se forzó a esbozar una sonrisa temblorosa, no podía dejar que nadie supiera de su condición, al menos hasta que fuera inevitable.
- Estoy bien.
- No, no lo estás- replicó Esma, cruzándose de brazos- desapareciste por días, casi mueres y ahora te despiertas con esa cara de….. - hizo un gesto frustrado- de todo menos de estar bien.
- Fue solo… agotamiento, la sanadora dijo que me extenué más de la cuenta- aseguró agachando la mirada, fingiendo estar arreglando las sábanas de su cama.
Sin embargo, Esma la miró con sospecha, no era algo habitual en su amiga desvanecerse de esa manera pues sin importar el tamaño de Anka, su condición física había sido mejor que la de ella.
- Cansancio?, eso es todo?
- Sí- Hazel asintió con rapidez- nada grave, solo necesito descansar un poco más y estaré bien.
Sabía que sonaba forzado, que su voz temblaba más de lo que debería, pero no podía permitirse decir la verdad, no podía permitir que nadie supiera lo que realmente estaba pasando, si alguien descubría que Anka la estaba rechazando, su fin sería inminente.
- No me mires así, Esma- añadió con un intento de risa ligera- no es como si me estuviera muriendo.
- Tampoco es como si estuvieras bien.
- Lo sé pero no es nada grave, creéme, la sanadora ya les hubiera dicho algo, no lo crees?!
Esma entrecerró los ojos, pero, efectivamente, antes de que los padres de su amiga se fueran a descansar un rato, Zenda no había comentado nada respecto de su estado, en realidad siguió trabajando sin prestarle mucha atención a Hazel, lo que solo podía significar que no había nada de que preocuparse.
- Bien- Esma suspiró, pero finalmente pareció aceptar su respuesta a regañadientes- pero más te vale recuperarte pronto, no pienso dejar que te debilites tanto que no puedas mantenerte en pie en la próxima reunión.
La joven sintió una punzada de inquietud en su interior, si no lograba recuperar su vínculo con Anka, no importaría cuánto descansara o cuántas mentiras contara, tarde o temprano, su estado sería evidente, y cuando eso pasara la manada decidiría su destino.
Pero no era momento de entrar en pánico, así que inhaló profundamente, forzándose a calmar el temblor en su interior, no podía seguir hablando de su estado, no podía permitir que Esma sospechara más de lo que ya lo hacía, y por supuesto no podía permitir que los rumores comenzaran.
- Mejor dime....cuántos días llevo aquí?- preguntó esforzándose por sonar casual.
Esma pareció sorprenderse un poco por el cambio de tema, pero no tardó en responder, de cualquier manera alargar el interrogatorio solo haría enfadar a su amiga y por su salud, era preferible no agobiarla más.
- Cuatro días- dijo, mirándola con atención.
- Cuatro días?!- Hazel exclamó muy alarmada como si no fuera posible tal afirmación.
- Si..... cuatro dias, por eso tus padres y yo hemos estado tan preocupados....no es normal para ti y mucho menos para alguien de nuestra condición!!
Y de nuevo tuvo que forzar una sonrisa divertida, cuatro días eran más de lo que creyó y por supuesto que con ese antecedente, era muy probable que cualquiera sospechara, así que otra vez tendría que desviar la atención de Esma
- Y qué paso?!, cómo llegamos hasta aquí?!, tú me trajiste o fue Vasha?!
- No, no tuve que transformarme.....en realidad todo fue un poco..... extraño!- repuso caminando hasta sentarse en la cama frente a su amiga y parecía estar entre emocionada y confundida- después de que al parecer discutiste con Anka, te desmayaste y yo…... francamente....bueno, entré en pánico- admitió Esma con vergüenza- no sabía qué estaba pasando o qué hacer y estabamos muy lejos de todo para pedir ayuda, creí que lo mejor era transformarme y correr a casa de Gorak, suponiendo que podría pedir ayuda....pero no fue necesario porque.....de pronto..... él apareció
Hazel frunció el ceño, no sabía de quién estaba hablando Esma y por sus reacciones ella misma no lo sabía.
- Él?..... quién él?
Esma se encogió de hombros, efectivamente no tenia ni la menor idea de quien las ayudó, pero de pronto su confusión se transformó en repentino entusiasmo, como si apenas se diera cuenta de la importancia de lo que iba a contar.
- Un lobo extraño- explicó Esma acercándose un poco más con contenida emoción- nunca lo había visto, ni en la manada ni en los clanes vecinos, no sé quién es ni como llegó hasta donde estábamos, pero nos encontró justo cuando estabas peor, se acercó sin dudarlo y cambió de forma frente a mí.
- Quién era?
- En verdad no lo sé- admitió Esma con sus ojos brillando con una mezcla de asombro y curiosidad- pero era fuerte, Hazel....fuerte de una manera…. diferente, no solo por su tamaño o su presencia, sino porque cuando te levantó, lo hizo con una facilidad que no había visto antes en nadie.
Hazel parpadeó desconcertada, los hombres lobo eran fuertes, todos, hasta el más débil podía presumir de una fuerza sobrehumana, pero Esma parecía haber visto el acto de un dios.
- Y qué tiene eso de extraño?
Su amiga soltó un búfido exasperado, le estaba contando el acto más valeroso que había visto antes y Hazel actuaba como sí estuvieran hablando del clima.
- No lo entiendes?!, te cargó como si no pesaras nada- Esma habló con tal lentitud que parecía Hazel sufrió una lobotomia- te cargó en sus brazos como si fueras una pluma y empezó a caminar hacia la aldea sin sudar o mostrar el mínimo cansancio.
En respuesta la joven alzó las cejas con sorpresa aunque no sabía si era por lo que Esma aseguraba o por la emoción que desprendian sus palabras.
- Y ese poderoso Hércules quién es?- sentenció Hazel con ligero sarcasmo.
- No lo sé....en realidad parece que nadie sabe, he intentado averiguar y todos me miran como si estuviera loca- respondió Esma, cruzándose de brazos muy indignada- pero no parecía un extraño cualquiera.... se movía con la seguridad de alguien que conoce este territorio..... como si perteneciera aquí de toda la vida.
Y entonces, Hazel no pudo evitar sentir algo de curiosidad, un lobo que su amiga nunca antes había visto si era todo un acontecimiento, pues solía estar muy bien informada de todos los integrantes que pertenecian a la manada, así fuera por nacimiento o relación, pero el hecho de que no lo conociera y que además lo describiera como un hombre fuerte, seguro, que la había llevado hasta la aldea sin dudar, tal vez no era algo que debía ignorar.
Esma pareció dudar un instante antes de morderse el labio y añadir, con una extraña mezcla de confusión y cautela.
- Aunque.....hubo algo aún más extraño…...- de pronto se acercó más a Hazel observando a su alrededor como si no quisiera que nadie las escuchara- antes de cambiar de forma, él… te olfateó.
Y esa confesión hizo que Hazel abriera los ojos muy confundida, mientras miraba a Esma directamente, a la espera de alguna otra explicación.
- Me olfateó?
- Sí- Esma asintió lentamente- pero no de la forma en que lo haría cualquier lobo..... fue… insistente, mucho, era como si estuviera buscando algo en ti- la joven frunció el ceño, recordando- y cuando no lo encontró, aulló- Hazel sintió un escalofrío recorrerle la columna, por qué alguien desconocido la olfatearia.
- Aulló?, así de la nada?!
- Si, pero, no lo sé.....fue algo que nunca antes había escuchado- susurró su amiga abrazándose a sí misma como si aún pudiera sentir el sonido resonando en sus huesos- fue un aullido muy fuerte y potente pero a la vez con mucho dolor, si lo hubieras escuchado....fue algo que te helaba la sangre.....y lo peor.... es que otros lobos respondieron al llamado, en ese momento pensé que nos matarían.
Hazel sintió la presión en su pecho aumentar, nada de eso tenía sentido, considerando que ese escenario fácilmente hubiera llamado la atención de los guardias.
- No te lastimaron o si?!
- No- negó con la cabeza- de un momento a otro cambió de forma y sin decir una palabra simplemente te levantó.... fue como si…. como si hubiera esperado encontrar algo en ti y al no hacerlo, hubiera tomado una decisión diferente.
Por un instante se quedó en silencio, asimilando las palabras de Esma, su mente trataba de procesar lo que había sucedido, pero no podía evitar sentir que algo estaba fuera de lugar, nada de lo que su amiga narraba tenía sentido, no era posible que un lobo extraño vagara libremente por el territorio y más aún que la olfateara con tanta insistencia sin hacer nada al respecto, y lo peor era que al parecer nadie sabía quien era.
Pero antes de que pudiera sumergirse más en el misterio, sintió un leve cosquilleo en lo más profundo de su ser, era tenue, apenas un roce en su conciencia, pero lo reconoció de inmediato.
Era Anka.
Su corazón dio un vuelco, esta era la primera señal de su loba desde que había despertado, no fue fuerte ni claro, pero estaba ahí e inevitablemente una chispa de esperanza se encendió en su pecho.
- Hazel…- la preocupada voz de Esma la sacó de su ensimismamiento, haciendo que toda su emoción se desmoronara en un instante.
- Qué pasa?- preguntó confundida al notar como su amiga se levantó de su asiento con miedo.
Esma frunció el ceño y con cierta precaución se acercó más, posando una mano sobre su brazo.
- Estás muy pálida.....- la joven bajó su vista hacia donde su mano tocaba a su amiga- y fría......esto no es normal..... llamaré a la sanadora!!
Esma estaba muy dispuesta a hacer de esto un escándalo por lo que Hazel rápidamente la sujeto de la mano antes de que pudiera dar un paso.
- Es normal.....acabo de despertar, qué esperabas?!, además ya sentiste este clima y ve lo que me esta cubriendo- indicó levantando la delgada sábana- no he comido y los medicamentos o lo que sea que Zenda hizo debieron debilitarme.....pero ya me dijo que solo es cuestión de tiempo y descanso- respondió con rapidez mostrando su mejor sonrisa.
Aunque Esma no parecía convencida, la miró con resistencia y detenidamente, esperando comprobar que esa fuera la verdadera razón.
- No es solo eso- insistió- se siente… diferente, como si tu cuerpo no retuviera calor.
Hazel apretó los labios, conteniendo el impulso de maldecir, no podía dejar que su amiga siguiera cuestionando su estado, no cuando la verdad era demasiado peligrosa para admitirla, así que forzó más su sonrisa, aunque sus dedos temblaban sobre las sábanas.
- No te preocupes, en cuanto coma algo y descanse un poco más, estaré bien.
Pero su amiga la miró en silencio durante unos segundos que se sintieron eternos, hasta que finalmente suspiró, aunque su expresión seguía cargada de dudas.
- Si dices que estás bien, te creeré… por ahora- lo que Hazel agradeció asintiendo con rigidez, pero por dentro, la ansiedad la consumía, había sentido a Anka, aunque fuera apenas un eco, eso significaba que tal vez aún había esperanza, pero si su cuerpo ya comenzaba a reflejar la desconexión, era evidente que el tiempo se estaba acabando.
- Mejor dime.....qué pasó con él?- preguntó de repente, obligándose a desviar la conversación- dónde está el lobo que nos ayudó?.... me gustaría darle las gracias!
- Nadie lo ha visto desde entonces- Esma hizo una mueca de desilusión y se encogió de hombros.
- Desapareció?- cuestionó con burla.
- Más bien, creo que nunca estuvo realmente aquí- contestó con aire pensativo- lo he intentado buscar, yo también quería agradecerle por salvarte, ya sabes…- pero el tono de su voz cambió sutilmente, adquiriendo un matiz travieso.
- Agradecerle… o encontrar una excusa para verlo otra vez?- Hazel la observó con cierta suspicacia por el repentino interés.
- Acaso me juzgas?- Esma sonrió con picardía, mordiéndose el dedo como una pequeña niña traviesa- porque si lo hubieras visto consciente, entenderías por qué- Hazel rodó los ojos, pero no pudo evitar que la curiosidad se encendiera en su interior.
- Tan impresionante era?
La joven suspiró dramáticamente y se dejó caer en la silla junto a la cama de su amiga, y de verdad parecía envuelta en una esoñación.
- "Impresionante" es quedarse corta, no he visto a ningún lobo como él, majestuoso, fuerte, más grande que cualquier otro que haya visto, tenía un pelaje n***o brillante y unos ojos azules tan intensos...uhum.… y cuando cambió de forma- hizo una pausa, mordiéndose el labio, soltando un delicado suspiro- no era solo su físico, aunque, por la Luna, era algo digno de ver, había algo en él….. algo poderoso, algo único.
- Único?! cómo?- y ante el cuestionamiento, Esma inclinó la cabeza, pensativa.
- No lo sé, era como si….. no perteneciera del todo aquí, pero al mismo tiempo, pareciera más lobo que cualquiera de nosotros, como si la misma tierra y la luna lo reconocieran.
Hazel sintió que su pecho se apretaba con una inquietud que no lograba comprender, un lobo desconocido, que olfateó en ella algo que no encontró, que aulló con tal intensidad que otros respondieron, y que había desaparecido como si nunca hubiese estado allí, era demasiado para procesar pero en el fondo sentía que su presencia significaba algo más.