Abimael
Toda mi existencia he estado al servicio de Dios, quien sin más un día, desapareció, dejando a los de más alto rango a cargo. Muchos ángeles por ello, se escaparon a la tierra viviendo así vidas “humanas”, pero con el paso del tiempo, mis hermanos y yo nos dimos cuenta que un ángel no puede pasar mucho tiempo con los humanos. ¿Por qué? Bueno, por el simple hecho de que ellos tienen algo que nosotros no tenemos y que gracias a nuestro contacto con ellos, poco a poco, vamos perdiendo nuestra “pureza”, por decirlo de alguna forma y poco a poco nos vamos transformando en seres oscuros.
No todos los ángeles reaccionan igual antes aquel acercamiento con los humanos. Algunos se vuelven locos y pierden sus alas en cuestiones de día o meses, mientras que otros lo hacen años después, o incluso nunca.
Mi hermano Gabriel es uno de estos últimos. Viviendo muchas vidas humanas en el mundo, logró entenderlos, conocerlo e intentar cambiarlos, pero parece que el humano solo se empecina en una cosa. En su propio bienestar, aunque ello conlleve a la muerte del planeta, a desaparición de especies animales y vegetales, e incluso a la propia extinción.
Contaminan el ambiente sin hacer nada para poder solucionarlo. Creen que tienen todo al alcance de su mano, cuando en realidad no tienen nada. Porque un televisor no les brindará lo que el calor de una buena familia y unida puede darles, porque cualquier utensilio eléctrico no podría salvarlos de una tormenta, un tifón o cualquier desastre natural que ellos mismos crean. Claro está que no todos son iguales. Hay peores y hay mejores.
Yo por mi parte me he pasado todo el tiempo arriba. Observándolos desde la lejanía y viendo como poco a poco se van autodestruyéndose, llevándose con ellos a los demás.
Muchos sabemos que Dios nos dejó por eso mismo. Porque no les vio esperanza a los humanos. Porque aun con sus esfuerzos, el humano siempre hizo lo que quiso, sin tener en cuenta lo que le sucedía al de al lado y aun así, luego nos echan la culpa a nosotros y a nuestro padre, quien arduamente intentó cambiar el destino que ya estaba escrito.
Nunca estuve muy de acuerdo con eso de que el destino ya estaba escrito. Cada uno escribe el suyo, y yo quería hacer algo tambien para poder cambiar ese “destino”. Quería cambiarlo, aunque veía los esfuerzos de mis hermanos por querer cambiarlo y no solo no obtenían resultados, sino que encima, muchos de ellos desparecían o se entregaban al lado oscuro.
Durante los siglos que he vivido he visto a mis hermanos caer, morir, desaparecer sin dejar marca alguna que pudiera ser de ayuda para hacer que los humanos cambien. Es que ellos necesitan llegar al límite para poder darse cuenta de la barbaridad que están haciendo, pero cuando lo hicieron, ya es demasiado tarde para cambiarlo.
Nunca me he considerado lo suficientemente fuerte como para poder bajar y hacer algo. Soy cobarde y lo admito, pero ser corrompido me asusta, aun con todos los años que llevo de existencia.
Necesitaba un motivo por el cual bajar y arriesgarme. Quería ese motivo, pero no lo encontraba, hasta que un día observando solo, mientras mis hermanos estaban en sus tareas, un joven captó mi atención. Parece ridículo que uno de los miles humanos que hay en las diferentes ciudades que vigilo me haya llamado mi atención, pero… fue así.
Había una luz en él que me daba la esperanza que tanto había anhelado. Aun no sé si fue mi imaginación o el hecho de querer salir de aquel lugar que ya parecía estar convirtiéndose en una prisión luego de una gran pérdida que tuvimos.
Lo vi crecer, ser feliz, ser amable, pero eso… solo fue en sus primeros años. Luego todo en su vida cambió y con ello, tambien su personalidad y actitudes. Comenzó a ser rebelde, engancharse con el alcohol, con las drogas, que aunque no las había probado y no las conocía con exactitud, sabía que eran dañinas para el sistema humano.
Quería salvarlo, quería que cambiara a lo que era, porque él era mi última esperanza en los humanos. Mi única salvación.
Un día me infiltré en la parte de datos. Parece ridículo, lo sé, pero tenemos una base de datos con todas las historias de todos los humanos que habitan en la tierra, eso tambien ayudaba mucho a saber a quienes se debía de ayudar primero y era lo que usábamos para saber quién merecía ser salvado y quien no, aunque nunca estuve de acuerdo con ello, porque para mí, todos merecían ser salvados.
Lo busqué y me quedé boquiabierto al saber cómo terminaría si seguía por el camino que había decidido tomar y me dispuse a buscarle una salida para que no terminara como lo haría, porque con tan solo leer aquello algo dentro de mi ser dolía.
Me escapé sin que nadie se enterara, solo mi más fiel hermana Dereha, quien, como era una de las guardianas de la entrada, me permitió salir, con la condición de que volviera una vez terminada mi misión personal.
Cuando llegué por la noche, sin nada y sin absolutamente nada más que la ropa que tenía puesta en mi cuerpo y algo de dinero, me encaminé hacia el lugar donde él vivía con su familia, de la cual tambien me había informado. Lo observé durante toda la noche y durante cuatro días seguidos. Lo seguí a todos lados y lo observé, hasta que un día, cuando fueron a comer a un lugar donde hacen hamburguesas, me vio.
Sabía que me había visto, pero aun así, yo me esfumé. No quería que me viera y menos en el estado que estaba. Andaba desarreglado y ya sin nada más que solo la ropa.
Gabriel me encontró en ese momento y me obligó a irme con él. Me dio ropa nueva y me pidió que volviera a donde pertenecía porque yo no pertenecía allí, en el mundo, pero me negué. No quería volver. No quería dejarlo. No quería verlo morir porque si no una parte de mí moriría con él.
Luego de convencer a Gabriel de que me quedaría sin darle la verdadera razón por la que no me quería ir, me dio una cama y varias mudas de ropa, la cual me quedaba holgada porque él era más grande y alto que yo. Aunque en realidad tendría que decir que el cuerpo que había obtenido al bajar era más pequeño que el cuerpo de Gabriel.
Los ángeles no tenemos un cuerpo propio. Somos seres de luz formada por esta misma, así que nuestra verdadera forma es como un manto blanco que se mueve libremente por el mundo y por el Cielo hasta lograr obtener un contenedor que acepte nuestra presencia. No todos los humanos pueden soportar nuestro ser dentro de ellos y nosotros tampoco podemos ingresar a un cuerpo sin el consentimiento de los humanos, a diferencia de los humanos.
Me dediqué por la noche a cambiar un poco la ropa para que me sentara bien y luego solo me dispuse a anotarme en el instituto donde él iba, sin que se enterara Gabriel, porque sabía que me mataría si se enteraba.
Eso fue sencillo gracias a mis poderes, pero nunca creí que sería un gran desastre.
Los amigos de Eithan, si se podrían llamar amigos, no pararon de hablar de él en toda la clase, siempre de mala forma. Lo insultaron, se rieron de él, e incluso, lo maldijeron. ¿Qué persona que se considera tu amigo puede llegar siquiera a hacer eso?
Me enfadé, pero no hice nada, además para un humano era imposible el poder oír desde el primer banco a los de la última fila que hablaban en susurros, así que tuve que acallar mi voz interna que me pedía golpearlos hasta el cansancio.
Durante el receso, salí a tomar algo de aire, porque estar rodeado de tantos humanos y ser capaz de sentir su tristeza, su malestar y todo tipo de sentimientos era agotador; cansador. Y cuando ingresé nuevamente me llevé la grata sorpresa de verlo allí con sus amigos, pero no me fue para nada bien cuando me quise acercar a él y hablarle para poder comenzar a hacerme su amigo… todo lo contrario… me odio.
Me sentí mal ante aquello y quería arreglarlo así que lo seguí excusándome con la profesora de que no me sentía bien, pero tampoco me fue muy bien que digamos y el tiempo seguía corriendo. ¿Qué podía hacer para salvarlo?
Encontrarme a Gabriel a la salida de la preparatoria tampoco ayudó mucho cuando me percaté de que Eithan nos estaba escuchando. Si seguía así, nunca lograría salvarlo a tiempo y aquello me estaba molestando e hiriendo poco a poco.
Ver cómo una persona se autodestruía y sentirse impotente antes ello, sin poder hacer nada para evitarlo, más que seguir mirando y rezar para que cambiara era agotador, desgastador, e incluso triste. Pero estaba en él cambiar y yo no podía hacer nada, más que intentar hacer que entrar en razón, aunque parecía que mientras más intentaba acercarme, el destino me quería más lejos de él.
¿Acaso debía de comenzar a creer que no había nada que pudiera hacer para poder salvarlo? ¿Acaso debía de darme por vencido?
NO… No lo haría.
-¿Quieres seguir el camino de Gadriel?- me preguntó Gabriel una vez que llegamos a su casa y cerraba la puerta detrás de él.
¿Gadriel? ¿Quién era ese?
-¿Quién es?
-¿No lo recuerdas?- me preguntó levantando una de sus cejas y yo negué con la cabeza- Gadriel fue uno de nuestros hermanos y el que más allegado fue con los humanos, pero… poco a poco los sentimientos humanos comenzaron a embargarlo y cayó bajo las garras de uno. La unión entre un ángel y un humano está prohibida Abimael, eso lo sabes muy bien… y nuestro padre tuvo que hacerse cargo de ello.
-¿Qué sucedió?- pregunté sin querer escuchar la respuesta.
-Nuestro padre lo desterró al infierno, de donde no podría salir nunca.
-¿Y con la humana?
-Humano. Era un hombre.
-¿Que sucedió con él?
-Nada… nuestro padre ama a los humanos y nunca sería capaz de hacerles algo malo- se encogió de hombros.
-Qué triste- comenté con un tono de tristeza mientras me sentaba en el sofá del living.
-Si hubiese sabido que venías por un simple humano no te hubiese dejado quedarte.
-¿Cómo te has enterado?
-Dereha ha bajado y me ha contado que está preocupada por ti al igual que yo.
-¿Por qué te preocupo?
-Porque te has unido tanto a ese sentimiento de que quieres salvarlo que me preocupa tu existencia y tus… sentimientos hacia ese humano.
-Sabes que solo quiero salvarlo porque vi algo en él que me dio esperanzas de que el humano puede ser mejor de lo que es.
-Espero que no sientas nada más que esa necesidad de querer ayudarlo- me contestó mirándome de reojo mientras se sentaba hacia mi lado y encendía el televisor.
Nos esperaba una larga noche, porque como éramos ángeles no nos hacía falta dormir y tampoco podíamos hacerlo, porque el sueño es otro de los privilegios que se les dio a los humanos y no a nosotros.
Había veces en las que los envidiaba y otras no, pero nuestro padre les había dado tanto que más los envidiaba que había veces en las que deseaba ser humano y vivir una vida humana.
¿Cómo se sentiría ser humano? ¿Qué sensación se tendría al comer algo? ¿Cómo sería sentir felicidad, amor, tristeza? ¿Cómo sería llorar por felicidad o por tristeza? ¿Cómo sería soñar?
Pero todo eso, para nosotros… era imposible.