Dolor. Dolor era lo unico que podía sentir en el momento. Sentía que me ahogaba, que me moría lentamente.
-¡Lo perdemos! ¡Lo perdemos!- escuché exclamar a mi lado y sentía cómo las personas se movían de un lado al otro, llevando cosas, ayudando a otros, pero yo solo quería que todo aquello acabara.
Había arruinado todo. Los gritos, los disparos. Todo me hizo entender que ya no tenía más nada… aunque nunca había tenido nada luego de haber dejado todo atrás. Yo era el unico culpable y solo yo tenía que pagas las consecuencias. No mi familia. ¿Por qué mi familia?
Estaba angustiado, impotente, triste, por no haber podido hacer nada para que todo aquello no terminara cómo lo había hecho.
Si me hubiese quedado en la casa. Si no hubiese cambiado, si hubiese escuchado a mi madre, ¿acaso hubiesen entrado esos hombres? ¿Acaso… habría cambiado algo?
Claro que hubiese cambiado, pero ya era muy tarde para poder volver a mi vida anterior. Ya era tarde para redimirse, ya era tarde para todo.
Y así fue como me dejé llevar por la oscuridad que poco a poco iba rodeándome.
Un sonido constante me sacó del ensueño y poco a poco comencé a abrir los ojos, viendo así un techo muy blanco y una luz en él que provocaba que mis ojos se volvieran a cerrar. Giré mi cabeza poco a poco hacia uno de los costados aunque me dolía el solo hecho de moverla.
Quería saber si todo lo que había sucedido era real, o solo una imaginación mía.
Un hombre sentado en una silla a mi lado me descolocó y poco a poco pude ubicarme donde estaba. El hospital.
Lagrimas comenzaron a amontonarse en mis ojos. Todo había sido real. Había perdido todo.
El hombre a mi lado se removió y poco a poco comenzó a abrir los ojos.
-¡Eithan!- exclamó al verme despierto y yo solo me quedé observándolo- ¿estás bien?- me preguntó preocupado.
Quise contestarle, pero tenía seca la garganta y el solo pensar que tenía que pasar aire por ahí para poder hablar me dolía.
-¿Quieres un vaso de agua?- me preguntó y se colocó frente a una pequeña mesa que había al lado de la cabecera de la cama, donde sobre esta había una jarra con agua y un vaso.
Yo asentí levemente con la cabeza intentando que no doliera mucho y lo vi servir agua en el vaso de vidrio.
Me la tendió para que la tomara y poco a poco y con esfuerzo lo tomé e intenté sentarme en la cama con ayuda de aquel hombre.
Tenía una barba de unos cuantos días y se lograba ver debajo de sus ojos unas ojeras algo considerables. Parecía sucio y algo mal vestido y mal dormido tambien. Sus ojos eran verdes parecidos a los míos y sus cabellos eran negros como el carbón. Debía de ser algo más alto que yo y de contextura era algo más grandote.
-Voy a llamar al médico- me informó antes de salir de la habitación, dejándome solo.
Solo. Así estaba. ¿Y mi familia? ¿Dónde estaría?
Yo estaba vivo, así que podía caer la posibilidad de que alguno de mis padres o mi hermana tambien lo estuvieran ¿no?
-Buenos días señor Lenoire- dijo el hombre con una bata blanca mientras entraba a la habitación como mi médico. El hombre que había estado en mi habitación se encontraba detrás de él- ¿Cómo se encuentra?
-¿Qué… qué sucedió?- logré preguntar mientras intentaba poco a poco encontrar mi voz.
-¿Le duele la herida?
-Por favor contésteme. ¿Qué sucedió?
-Muy bien- dijo el médico terminando de inspeccionar los aparatos a los que estaba conectado y luego me miró con sus profundos ojos cafés.
Se sentó en la silla donde había estado el hombre que en ese momento estaba parado y me continuó mirando. Tenía la vista de los hombres sobre mí, mirándome con tristeza. Eso no era bueno.
-¿Qué recuerdas de la noche en que te dispararon?- me preguntó el médico.
Yo lo miré.
-Volvía a mi casa luego de…- los recuerdos de haber estado con Abimael y su historia de que él era un ángel llegaron a mi mente- de salir con unos amigos… y… escuché disparos y… unos hombres salieron de mi casa… y… y…
-Te dispararon- terminó el hombre, yo asentí con la cabeza.
-Es un milagro que sigas con vida. Estuvimos casi seguros que te habíamos perdido, pero de pronto tu corazón comenzó a volver a latir y te trajimos de urgencia aquí. Te operamos. Te extrajimos la bala y…
-¿Y… mi familia?- pregunté con un nudo en mi estómago y garganta.
-Ellos…- comenzó a decir el hombre a mi lado- Murieron…lo… siento- dijo agachando la cabeza.
En blanco, así estaba mi cabeza.
-Eithan… yo… yo soy…
-No quiero oírlo- grité tapándome con mis manos los oídos para no oír lo que ya sabía que diría, aunque eso significó sentir un gran dolor por todo mi cuerpo por el movimiento brusco que hice.
-Será mejor que descanse un poco más. Las heridas aún no han sanado y necesita descansar- escuché decir al médico y vi al hombre a mi lado asentir con la cabeza.
Se dirigió a la puerta y salió por ella, quedando yo en la habitación junto al médico.
-Me he enterado que ustedes no se conocían, pero… porque él es mi amigo, te pido que lo escuches y le des una oportunidad- comenzó a decir el medico mientras agregaba un líquido al suero al cual estaba conectado-Después de todo… es la única familia que te queda- terminó con una leve sonrisa algo dolida.
Mis parpados comenzaron a pesarme y volví a acomodarme en la cama con ayuda del médico, sin siquiera responderle nada. Estaba cansado y lo unico que quería hacer en aquel momento era dormir. Dormir y nunca más despertar.
Cuando volví a abrir los ojos nuevamente una persona mirando hacia fuera por la gran ventana que tenía la habitación, captó mi atención. Sus cabellos azabaches algo largos, pero no lo suficientes como para que le llegaran debajo del cuello y una figura de espalda algo ancha pero delgado.
-¿Qué haces aquí?- le pregunté mientras me acomodaba en la cama ya que había comenzado a sentir que algunas partes de mi cuerpo se dormían y lo vi voltearse con su sonrisa característica en sus labios.
-Hola- me dijo y se acercó a mi lado, sentándose en una silla a mi lado- ¿Cómo estás?
-¿Cómo crees que estoy?- dije dando un pequeño quejido mientras intentaba moverme un poco más- Odio estar así.
-Creo que todos los humanos odian estar heridos- comentó con una sonrisa en los labios y yo levanté una de mis cejas.
-Lo dices como si no fueras humano.
-Y no lo soy- me contestó muy seguro.
Yo me reí y luego lo miré a los ojos, dándome cuenta que se había enfadado un poco, pero… es que era ridículo.
-Claro, claro… dices que eres un ángel ¿no?
-Veo que sigues sin creerme.
-Y lo seguiré hasta que vea lo contrario. Yo te veo lo bastante humano como para creerme que eres un ángel.
-Eithan yo…- comenzó a decir, pero no pudo continuar porque el mismo hombre que había estado cuando había despertado por primera vez, ingresó a la habitación con una leve sonrisa en el rostro.
Se veía en mejor estado que la primera vez que lo había visto, pero aun así no cambia el hecho de que él… era mi padre y… no me agradaba la idea.
-¡Ya has despertado!- comentó y se acercó a nosotros- Tu amigo ha estado todo el tiempo en el hospital, lástima que no pudo verte cuando despertaste la primera vez, pero justo…
-Me había ido a comer- terminó Abimael con una leve sonrisa algo forzada para mi gusto.
-Así es- le dijo mi padre devolviéndole la sonrisa- ¿Y… como te encuentras?
-¿A parte de que me duele todo y que conozco a mi padre en el hospital solo porque me he quedado sin familia? ¡Fantástico!- le contesté dedicándole una sonrisa lo más falsa posible.
-Bue… bueno con respecto a eso… créeme que yo tambien me enteré cuando todo sucedió. Yo no sabía de tu existencia Eithan.
-Ya somos dos- le contesté cruzándome de brazos.
-Creo que mejor me iré para así pueden hablar tranquilos- dijo Abimael levantándose de la silla- Luego… nos vemos- terminó y salió dejándome solo con él.
-Sé que es difícil de creer pero… es verdad lo que te he dicho. Tu madre nunca me contó que estaba embarazada cuando me dejó.
-Ella tampoco me dijo que mi padre… no era en realidad mi padre. Lo descubrí porque los escuché un día hablando sobre que tendrían que decirme algún día- comenté desviando la vista de él y mirando hacia el frente con una leve sonrisa dolida- Y fui tan idiota de enojarme con ella y hacerle la vida imposible… solo por esa insignificancia.
-Yo… la verdad… no lo sabía. Ni siquiera sabía que ella no te había dicho nada.
-Supongo que para ella siempre fui hijo de mi padre… el hombre que me crio- contesté encogiéndome de hombros- Pero para mí no fue así… el saber que me había engañado durante toda mi vida, creo que me cegó y no pude perdonarla, pero ella no tenía la culpa. Nunca la tuvo. Yo fui el unico que llevó todo a la ruina- Lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas- Fui un idiota… y ahora no puedo decirle que lo siento… que siento no haberla podido proteger… que no pude proteger a las únicas personas que en verdad alguna vez se preocuparon por mí- sentí como los brazos de aquel hombres me abrazaban, colocando su cabeza sobre la mía intentando no hacerme daño- Si pudiera volver el tiempo atrás y no ser tan imbécil… lo haría.
-Ella siempre lo supo. Siempre supo que la querías y aunque hayas hecho cosas malas, ella de seguro en el otro lado te perdonó incluso antes de que tú mismo lo hayas hecho Eithan. Eras lo más importante para ella al igual que tu hermana y ahora te protegerá desde arriba.
-Pero yo la necesito aquí… conmigo… necesito escuchar su voz… sentirla abrazarme… ¿por qué? ¿Por qué fui tan idiota?- comencé a gritar mientras lágrimas seguían cayendo de mis ojos sin poder evitarlo.
Por primera vez en mucho tiempo la necesitaba a mi lado… pero ya no la tenía… y dolía… mucho.
Los días y semanas fueron pasando y al mes me dieron el alta, aunque me pidieron que me tomara las cosas con calma, ya que la bala casi roza mi corazón y aun se seguían preguntando cómo era que continuaba vivo. Incluso yo me pregunté cuando me mostraron por donde había ingresado la bala.
Mi padre se quedó todo el tiempo a mi lado, al igual que Abimael al cual… poco a poco… fui apreciando al igual que a mi padre.
-¿Dónde iremos?- le pregunté a mi padre mientras salíamos por la puerta del hospital hacia el estacionamiento.
-Como aun eres menor tendrás que vivir conmigo y con mi hijo y como no vivimos aquí tendremos un viaje de cuatro horas hasta el pueblo donde vivimos- me contestó mientras caminábamos hacia una furgoneta negra con un dibujo que me fue indescifrable en uno de los costados.
-¿Por qué eso?- pregunté señalando el dibujo.
-Es para que los demonios no puedan entrar en la furgoneta- me contestó mi padre con una sonrisa.
-¿Demonios?- pregunté levantando una de mis cejas y luego miré hacia Abimael que caminaba junto a nosotros.
-Así es.
-¿Me estás tomando el pelo al igual que él?- pregunté señalando a mi amigo.
-¿Qué él?- cuestionó mi padre mirando a mi amigo- ¿por qué al igual que él?
-Este renacuajo dice que es…- pero no pude seguir porque una de las manos de Abimael me tapó la boca.
-Solo le hice una broma- le dijo con una sonrisa en los labios- pero… los demonios existen ¿no es así Benny?
-Claro que sí y es por eso que nosotros existimos.
-¿Ustedes?
-Los cazadores.
Otro loco para agregar a la lista.