44. Un par se secuestrados enamorados. Bell Llegamos a una casa de lo más común, a las afueras de lo que parece Long beach, irónicamente, estamos a nada de una playa, aunque no es el viaje que planeamos, y estos gorilas no son la mejor compañía, además son todos feos y rudos. Entramos a una recámara bonita, con cama y baño. —Se quedarán aquí hasta que llegue el jefe —nos dice uno de ellos, antes de cerrar la puerta con llave, desde afuera. Por lo menos nos dejan las manos libres y nuestros celulares intactos. —¿Estás bien? —Sí, supongo... podrían habernos matado... entonces sí, estoy mejor... —rio pero no estoy contenta. —Toda esta mierda no tiene sentido... —aunque está lastimado, trata de abrir la única ventana en ese cuarto, pero está dura, y aunque pudiera, estamos en un quinto

