10. Luna, en el castillo de hielo. Algunos días después... Ahí está de nuevo... Esa serpiente de dos cabezas... Mirándome.... Buscando el momento para atacarme... Me quedo sin aliento, casi no puedo respirar. Una suave brisa me saca de la pesadilla. Abro los ojos y lo primero que veo son esas cortinas blancas, tan impecables, se agitan con el suave viento que va incrementando conforme va pasando los minutos, y mi cuerpo va sintiendo el cambio de clima. El ruido de las olas me dicen que estoy cerca del mar... al menos eso creo. Una chica de al menos veinticinco años entra sin mirarme y cierra las ventanas. —¿Dónde mierda estoy? —Buenos días —me dice con cierta docilidad. —Buenas —contesto. Y cuando lo hago, todo el peso de mi realidad recae en mi cabeza. Mi corazón me duele. ¿D

