28 Encajamos tanto como encaja la espina al corazón. Bell. El celular suena y suena... Contesto, de lo contrario va a sonar toda la noche, y puede que de aparezca en la puerta, como ha dicho. —¿Qué quieres? —¿Qué quiero? La lista es larga, empecemos con algo simple. Ábreme la puerta. No, mierda. —Tengo mucho trabajo que hacer —le digo a modo de excusa. —Perfecto. Ábreme la puerta, Bell. Mierda, ya qué. Bajo y le abro. Duke me mira las piernas, diablos, piensa que estoy con esta faldita corta para él, pero obvio que no. —¿Qué quieres? Escucha, tengo mucho que hacer para la facultad y... —Blah, blah, blah, tu no necesitas de esa facultad, puedes trabajar conmigo, cuando se te de la gana. Se me acerca y trata de besarme. Me aparto de él. —Yo... —balbuceo—. No puedo, estoy saliend

