26. Alissa, me debes obediencia. De la casa de los juegos, Gerald Kramer me lleva de la correa hasta una limusina blanca, me ordena entrar y cuando él sube, la limusina arranca a su orden. Aun estoy desnuda y huelo a él. En la limusina solo él y yo estamos. Gerald contempla las calles, y se olvida de mí, hasta que llegamos. Su residencia es estoica, austera, y aun así en cada detalle de su escasa decoración demuestra su gran poder adquisitivo. Gerald Kramer me lleva de la correa, hasta llegar a lo que parece su recámara personal, el olor a su colonia me lo dice, adentro la luz es escasa, cortinas gruesas cubren los amplios ventanales Una mucama con canas en la cabeza nos recibe. Gerald me saca la gargantilla, y la deja caer al suelo, la alfombra amortigua el ruido. —Aséala —le orden

