Fabrizio Las ganas de liberar mi mente se apoderan de mí, papá me envío al club de su socio mientras me adapto a la ciudad. Uso uno de mis mejores trajes, allí van personas con una cuenta bancaria con suficientes dígitos. Al llegar me percato que es ostentoso, todo luce inmaculado, tiene estilo, las paredes rojas le dan un toque de distinción único. Entrego mi pase, una de las chicas me guía al reservado. Mientras caminaba observó sus curvas, me sonríe cada tanto. Abre la puerta y antes de despedirse la atraje a mí con fuerza, golpea mi pecho y me devoré sus labios. —Lárgate —dije molesto. —No sabes besar. La chica llora con dramatismo —¡Que te largues! —Grite ofuscado. La pobre sale despavorida, me carcajeo. Hecho un vistazo, las paredes son de terciopelo rojo, grandes sofás negros de

