Ericka Inhalo aire hasta llenar mis pulmones, estúpido mozzarella engreído. —¿Puedo pasar? —Me observa fijo, con una expresión en su rostro que no logré descifrar. —¡Ya estás adentro! —Se encoge de hombros, muerdo mis mejillas internas, me hace sentir nerviosa, colérica y febril a la misma vez, el torbellino de sentimientos que me envuelven no son sencillos de describir. Camino segura, sin embargo, su mirada me debilita en cada paso que ejerzo en su dirección. No tomé asiento. —¿Deseas almorzar conmigo? —No deseo volver atrás, es de valientes reconocer cuando estás fallando, mozzarella se ha hecho querer, mientras yo… No tanto. Alza la ceja y me observa devorándome con su mirada. —¿Me invitas a una cita? —Sonrió posando un mechón de cabello detrás de mi oreja. —Digamos que sí… Es una ofr

