Ivy > Es lo primero que pienso en cuanto ambos salimos del restaurante y no por el simple hecho de haber arruinado mi cita con Stefano al haberse quedado en la mesa con nosotros y después sacarme arrastras con la estúpida excusa de que estaba en horario de trabajo, sino ¡por no haberme dejado probar ni un solo bocado! Todavía recuerdo como el camarero llegó a nuestra mesa con nuestros platos, el aroma que emanaba esa lasaña era un deleite para el olfato; fue un desperdicio dejarlo ahí, de tan solo pensarlo mi estómago comienza a rugir. Al escuchar lo grotescos sonido que produce el hambre, Nowe me mira con incredulidad. —¿Qué? —Digo a la defensiva —tengo hambre ¿ok? —Al menos debería intentar controlar esos sonidos —dice con un bufido —no quisiera que algún cliente escuche eso en a

