IV

1948 Words
Nowe Las luces de la oficina se encienden automáticamente, es cuando me percato de la hora. Miro el reloj que adorna mi muñeca y noto que han pasado cerca de dos horas después del horario de salida establecido, siempre sucede lo mismo, soy el primero en llegar y el último en irme. Esa es mi rutina. Me pongo de pie y tomo mi portafolios, era hora de marcharme a casa. Subo al ascensor y presiono el botón con el icono de cerrar, justo cuando ambas puertas comienzan a cerrarse un bolso de piel se interpone. Ella sonríe cuando se encuentra dentro. —Nowe. —Saluda. —Buenas noches señorita Rosamund. —Digo cortésmente respondiendo a su saludo. —¿Algún plan para esta noche? —Ella saca de su bolso un espejo compacto y comienza a retocar el carmín de sus labios haciendo que la mirada de cualquier hombre se posara en ellos invitándolos a probar su boca. Una mujer sensual y elegante. —Me temo que nada que no tenga que ver con el trabajo. Ella cierra de golpe el espejo, sus feroces ojos se centran en mí, ella no duda cuando se acerca reduciendo el poco espacio que nos separa y comienza a juguetear con mi corbata. —Me alegra escuchar eso —susurra sobre a pocos centímetros de mi rostro. —Porque casualmente tengo la noche libre ¿qué me dices Nowe? ¿Quieres repetir lo de aquella vez? —Es una oferta tentadora señorita Rosamund. —Respondo sin perder la compostura. —Pero me temo que tendré que declinar su generosa oferta. —¿Acaso estás rechazándome? El ceño de Rosamund se frunce visiblemente, parece indignada; la conozco desde hace tiempo y sé que ella odia que la rechacen tan deliberadamente tal como lo he hecho yo; sin embargo, no soy un juguete que pueda usar a su disposición. Ya estoy cansado de eso. —Definitivamente no, señorita Rosamund —aclaro mi garganta. —Solo llamémosle selección de prioridades. —¿Eso qué significa? —Sus manos viajan a sus caderas mientras frunce aun más el ceño. —Significa que estoy poniendo mi trabajo y mis asuntos personales antes que a usted. Por un momento sus labios se entreabren para decir algo; sin embargo, las palabras jamás emergen de su boca. —Ya veo —dice como si hubiese descubierto algo. —Estás molesto por lo que pasó la otra vez. —Afirma. —No creo que haya razón para estarlo. —Las manos de Rosamund vuelven hacia mí, pero esta vez comienza a acariciar mi pecho a través de la delgada tela de mi camisa. —Yo estoy segura que sí —siento sus labios acariciar el lóbulo de mi oreja. Entre cierro los ojos para evitar ceder ante la tentación. —Déjame enmendarme. —No creo que este sea el lugar adecuado para hacer esto señorita Rosamund. —Mi voz parece entrecortada, intento alejarla, pero nada parece funcionar. —No te resistas Nowe, ambos sabemos que no se te da bien hacerte el difícil. —Sus labios viajan hasta los míos fundiéndose en un beso que no pude resistir. Tomo sus manos y las coloco sobre su cabeza, Rosamund arquea la espalda cuando la acorralo entre la fría pared de metal del ascensor y mi cuerpo. Sus ojos verdes brillan con lujuria mientras mis manos recorren cada parte de su cuerpo. Ella gime mi nombre y entre cierra los ojos para sentir mis caricias, una de mis manos sostiene sus muñecas mientras la otra se dirige hacia el borde de su falda. —Sí. —Susurra cuando mi mano toca la fina tela de su ropa interior; sin embargo, me detengo. Ella abre los ojos para lanzarme una mirada llena de reproche. —Eres una chica mala, Rosamund —con mi dedo índice tomo su mentón para que pueda mirarme. —Dime que es lo que quieres. Acaso ¿quieres que te lleve de la mano y continúe con lo que tú has empezado? —Sí. —Ella se acerca hacia mi rostro con intenciones de besarme, pero inmediatamente me aparto. —Aprecio tu entusiasmo querida; sin embargo, se nos ha acabado el tiempo. —Los ojos gatunos de Rosamund se abren de par en par como sino pudiese creer lo que acabo de decir. En ese instante el timbre del ascensor nos alerta que hemos llegado a nuestro piso; me apresuro a arreglar mi corbata y mi traje antes de que las puertas se abran. Doy un paso al frente cuando he llegado al estacionamiento; sin embargo, la mano de Rosamund de aferra a mi muñeca como sino tuviera intensiones de dejarme ir tan fácil después de aquella humillación en el ascensor. —Pero ¿cómo te atreves a dejarme? —Reclama, su rostro enrojecido por el deseo ahora se ha convertido en una expresión de ira. —Según recuerdo, yo le dije que no podía complacerla esta noche. —¿Verás a alguien más? —Pregunta de repente. —No es de su incumbencia —ella se sorprende, tal parece que no esperaba esa respuesta —entre nosotros no hay nada más que un encuentro s****l —la frente de Rosamund se arruga formando una larga línea. —Por favor señorita Rosamund, deje de fruncir el ceño que podrían salirle arrugas. —Digo señalando su frente. —¡Déjate de tonterías Nowe! —Ella aparta mi mano de un manotazo. —Si es así como vas a jugar ¡bien! Pero luego no vengas conmigo para pedirme que atienda tus necesidades. —Sino mal recuerdo —llevo una mano hacia mi mentón. —Fue usted quien vino hacia mí la vez pasada y hoy también. Tal parece usted me necesita más de lo que yo la necesito. —Eres un idiota Nowe —me encojo de hombros restándole importancia —¿te pones así solo porque decidí no mantener nuestros encuentros como una simple aventura? ¡Vaya! No sabía que eras tan insensible. —Me ha quedado claro, créame señorita Rosamund —espeto mientras me dirijo hacia mi auto. —Entre usted y yo solo hay una aventura y solo eso. No espere más de mí.  Sin decir más doy media vuelta y entro a mi auto para ponerme en marcha. Cuando salgo del estacionamiento puedo ver la silueta de Rosamund todavía mirando. [...] Estaciono el auto justo en frente de una casa de dos pisos, la cerca está desgastada y el jardín está cubierto de hojas secas y maleza que cubre los arbustos y los pequeños rosales que he sembrado el verano pasado; suspiro al ver tal desastre; sin embargo, no puedo ser tan exigente así que dejo de mirar el lugar y me dirijo a la entrada; sin embargo, me tambaleo cuando tropiezo con un auto de juguete. —Amber —susurro al mismo tiempo que tomo el auto entre mis manos, a pesar de mi molestia no puedo evitar sonreír ante el recuerdo del día que compré aquel juguete. —Debí suponerlo. —Digo entre risas. Camino hacia la entrada y toco la puerta. Después de unos minutos una mujer rechoncha con una adorable sonrisa me recibe cuando abre la puerta, su cabello está atado en un trenza retorcida y viste un mandil a cuadros de color naranja. —¡Nowe! —Saluda con cariño. —Hola, Mandy ¿llegué a tiempo? —Pregunto un poco apenado mientras miro la hora. —Por supuesto que sí, cariño —Mandy toma mi chaqueta una vez dentro de la casa. Inmediatamente me dirijo al comedor donde toda la familia se reúne para las celebraciones especiales. —¡Miren quién ha llegado! —Anuncia emocionada. —¡Nowe! ¡Que grata sorpresa! Ella salta de su asiento y corre hacia mí para envolverme en un cálido abrazo que no dudo en aceptar. —Hola Rachel. —Saludo con el mismo entusiasmo. —Me alegra que hayas podido venir, la fiesta no sería lo mismo sin ti. —La calidez se extiende en mi cuerpo ante aquellas palabras. —¿Cómo podría faltar al cumpleaños de la princesa más bonita de esta casa? —Digo lo suficientemente alto mientras me acerco a la pequeña niña de hermosos ojos azules que se encuentra sentada en la mesa con una corona de princesa. —¡Tío Nowe! —Hola princesa —saludo al mismo tiempo que la cargo en brazos. —¿Creíste que no llegaría a tiempo para tu cumpleaños? —Ella hace un gracioso mohín. —El tío Nowe es el mejor. —Eso lo sé —digo con arrogancia. —Pero no se lo digas al tío Will porque podría ponerse celoso. —Llevo el dedo índice a mis labios al igual que la pequeña Amber como si estuviésemos guardando un secreto. —Hecho. —¿Quieres ver el regalo que te traje? —Amber asiente emocionada, le entrego la enorme caja de regalo y ella corre a la sala de estar para abrirla. La seguimos y mientras Amber se dispone a abrir su nuevo regalo, las dos mujeres y yo tomamos una taza de café. —Por cierto —miro a todos lados sin encontrar al odioso de mi mejor amigo. —¿Dónde está Will? —Tuvo trabajo esta noche. —Responde Rachel. —¿Ahora? —No disimulo mi asombro. —Ya sabes como es esto, además Will toma cada oportunidad para cubrir los gastos médicos de mamá. —Dejo la taza sobre la mesita de centro para mirarlas a ambas. —¿Hay problemas con la cuenta del hospital? ¿Por qué no me le dijeron antes? —Reclamo. —Cariño, tú cubres los gastos de la escuela de Amber ¿cómo podríamos pedirte más de lo que ya haces por nosotros? —Mandy trata de tranquilizarme, pero solo provoca que me enfade aun más. —A ustedes les debo más de lo que doy —Mandy y Rachel me miran con un extraño brillo en los ojos. —Además, le prometí a Gabe que cuidaría bien de su hija ¿acaso lo han olvidado? —Y no sabes lo agradecida que estoy. —Esta vez es Rachel quien habla. —Pero sabes que no podemos depender siempre de ti Nowe. —No estoy diciendo que lo hagan —paso una mano por mi cabello, Mandy se pone de pie y me conduce de nuevo a la cocina para evitar llamar la atención de Amber. —Solo quiero que entiendan que intento ayudar. —Eso lo sabemos, cielo —Mandy acaricia mi rostro como si fuese mi madre. —Así que no debes preocuparte por nosotros ¿de acuerdo? —Asiento a regañadientes. —Creo que es momento de que busques tu propia felicidad Nowe —sus palabras hacen que mi cuerpo se tense. —¿Qué me dices? ¿Hay alguna chica linda con la que estés saliendo? Finjo una sonrisa. —No. —La respuesta es corta y simple. No hay nada más que decir. —¿Cómo es eso posible? Eres el hombre más dulce y apuesto que conozco. —Me sonrojo ante las palabras de Mandy. —Ya sabes que no creo en esas tonterías. —Ella me lanza una mirada desaprobatoria. —Tal vez lo dices ahora, pero cuando encuentres a la mujer correcta estoy segura que cambiarás de opinión. —Una sonrisa melancólica se forma en mi rostro. La esperanza en los ojos de Mandy me obliga a sonreírle para tranquilizarla; sin embargo, lo que ella no sabe es que prometí que jamás volvería a caer en el juego del amor y yo mismo me encargaría de cumplir esa promesa.
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