Rubí trató desesperadamente de secarse las lágrimas. Sin embargo, cuanto más se limpiaba, más lloraba. Sus lágrimas rodaban por sus mejillas incontrolablemente. Marcus se acercó. Un aura intimidante irradiaba de su imponente figura. —¿Qué diablos pasó? Rubí negó con la cabeza. —Estoy bien. —¿Es la familia Gibson?— frunció el ceño Marcus. Su expresión se volvió gélida y llena de desdén. —Parece que la familia Gibson no ha aprendido la lección. —¿Qué hiciste?— Rubí se dio la vuelta y miró a Marcus, completamente atónita. La expresión de Marcus se oscureció cuando negó con la cabeza. —No hice mucho. Simplemente les enseñé una lección. Rubí estaba perpleja. Ella sollozó y se secó las lágrimas antes de mirar a Marcus. —¿Qué hiciste? Sus lágrimas corrían por su rostro en silencio. Se veía

