Un golpe de puerta hace que Fernando pare, me alejo lo más que puedo de él lanzándome al piso.
-Aléjate de mí –Doy pasos hacia atrás -¿Qué se supone que haces? –Me toco el cuello el cual siento como me arde.
-¿Pienso que es bastante claro lo que sucede aquí no Salvador? –Samanta que esta vestida con una bata transparente le pregunta a Salvador que se encuentra mirando a Fernando como si en cualquier momento le fuera a caer a puñetazos – ¿Una mujer de servicio que se encuentra acostándote con tus amigos? Es claro que deberías despedirla.
-¿Despedirla? –Salvador se acerca a Fernando tomándolo de la camisa con furia y acercándolo a el
-¿Qué se supone que le estabas haciendo a Beatriz?
-¿Yo? ¿Es que no has visto bien? Estábamos pasándola bien hasta que llegaron.
-¡Tan bien que casi me matas! –Vislumbro las marcas en el cuello en el espejo.
-A ti te gusta rudo –Salvador aprieta más la camisa de Fernando.
-No deberías estar molesto con Fernando, él es tu amigo ¿No me digas que le vas a creer a Beatriz? –Pregunta Samanta titubeando.
-Escuche gritos y no eran gritos de placer precisamente.
-Eso es lo que Beatriz quiere que creas –Me ve de reojo tragando saliva como si lo que hubiera dicho no hubiera sido tan acertado. Me siento en el suelo, recuperando el aire. Salvador suelta a Fernando dando pasos hacia donde me encuentro.
-¿Estás bien? –Afirmo con la cabeza. Salvador pone una mano alrededor de las marcas que tengo -
¿Te duelen?
-Estoy bien, tranquilo.
-Ella me dedujo hermano, me dijo que nos viéramos a esta hora en su cuarto –Salvador se levanta y se encamina hacia él.
-¿Ah sí como también la estabas esperando en el muelle anoche pero Beatriz nunca llegó?
–Pregunta Salvador a lo que Fernando se queda sin respuesta.
-No sé de lo que hablas, anoche si estaba en el muelle pero estaba esperando a la amiga de Samanta ¿cierto Samanta? –Samanta afirma clavando sus ojos en el suelo.
-¿Una amiga que nunca llego?
-Tuvo cosas que hacer, estaba cansada por todo lo que hicimos ayer –Objeta Samanta.
-Qué extraño porque justo a esa hora la vi muy feliz y activa bailando en su cuarto.
-Ay bueno ya basta Salvador si vas a seguir defendiendo a esa naca simplemente nosotros no tenemos nada que hacer aquí ¿cierto Fernando?
-Es así Samanta.
¿Pueden explicarme que carajos está pasando aquí? Es muy temprano –Pregunta Orlando que trae a una de las amigas de Samanta a su alrededor y se encuentra semi desnudos.
-Beatriz me dedujo y Salvador prefiere creer que yo le hice algo al respecto en vez de creer que su cocinera se me quiso meter a la cama.
-Irónicamente tu estas en su cama –Ríe Orlando que al percatarse de la seriedad de todos para de reír, observa mi cuello con el cejo entre fruncido –Creo que esta vez se te fue un poco la mano
Fernando.
-¿Qué? ¿Ahora estas de su parte también? –Pregunta Fernando, Orlando lo mira con cara seria sin decir nada.
-Una disculpa de mi parte Beatriz, Fernando tomo mucho anoche –Comento Orlando haciendo que Samanta rodara los ojos y se fuera junto con su amiga –Espera mi cielo, no te vayas sin mí
–Comento Orlando. Fernando nos mira una última vez antes de irse también.
-Creo que esto puede ser más grave de lo que piensas, al menos para los negocios de mi padre.
-Lo siento.
-No es tu culpa, no debimos acceder a los caprichos de Samanta, era claro que estaba tramando algo y seguro tenga un plan b.
-¡Salvador necesito hablar contigo ya mismo! –Una vez ronca y enfadada resonó en la mansión de los Zwart, era la voz del señor Ramiro. La cara de señora Lucia estaba pálida desde que entramos -
¿Puedes explicarme que paso en ese viaje para que tanto los padres de Samanta y Fernando quieran acabar sus contratos con los Zwart? ¿Sabes lo que eso puede significar?
-Que debemos conseguir mejores socios. Más serios.
-Sabes que necesito el apoyo de los inversores para patrocinar mi campaña como futuro presidente del país.
-No necesitas ser presidente para traficar –Ramiro me observa y Lucia me señala para que vaya a la cocina con ella.
-¿Estas consiente frente a quien dijiste eso cierto? –Pregunta Ramiro aún más molesto.
-¿Frente a una persona que ha sufrido todas las consecuencias de que no sepas escoger a tus socios?
-Sé que Samanta es fastidiosa hijo pero la necesitamos de nuestro lado.
-¿La necesitamos? ¿O la necesitas tú?
Al entrar a la cocina las voces de Salvador y Ramiro se vuelven lejanas.
-¿Qué paso en el viaje? –Me pregunta Lucia seriamente -¿Estas consciente de la fortuna que vamos a perder gracias a eso? Tanto Fernando como Samanta me enviaron fotos en las cuales no solo estas en una cama con Fernando también estabas con un chico moreno en una playa ¿Sabes que quizá deba despedirte por esto no?
-Renuncio, no me interesa estar en un sitio donde por culpa de chicas como Samanta mi integridad se pueda ver afectada.
-Entiendo pero como entenderás mi familia está teniendo muchos problemas por este viaje y por la fijación que tiene Samanta contigo, tú también mis más sinceras disculpas Beatriz, pero debo proteger a mi familia de cualquier cosa. Daré buenas referencias –La señora Lucia me sonríe y me da un abrazo –Y espero que mantengas con discreción lo que Salvador acaba de decir, no es exactamente lo que parece.
Paso por el pasillo escuchando ahora voces del piso de arriba. Con que traficando, eso explica tanto poder y tanto dinero. Eso explica porque no pueden ensuciar demasiado su reputación, no quiere llamar la atención, eso explica por qué tanto misterio para meter a personas a esta casa.
Ahora, ¿Los socios también serán traficantes encubiertos? No es mi misión averiguarlo a menos que tenga que ver en cierto aspecto con la muerte de mi padre ¿Mi padre podría haberse enterado de algo que no debía? Supongo que hasta aquí llego todo mi plan. Por fuera de esta mansión no podré saberlo y quizá sea mejor dejar el pasado donde debe estar.
Empaco mis maletas rápidamente, al salir por la puerta le digo “adiós” a la mansión en mi mente.
-¿Beatriz? ¿A dónde vas con tus cosas? –Pregunta Salvador desde la escalera.
-Beatriz no merece seguir trabajando en un lugar como este luego de todo lo sucedido lo mejor es que tome otro rumbo –Comenta Lucia, que se encontraba pidiéndole a uno de sus escoltas que me llevara a mi apartamento.
-¿Una niña malcriada se inventa una historia y ahora debemos despedir a Beatriz por su culpa?
-Sabes que no es eso hijo, Samanta tomo fotos de Beatriz, los padres de ella tanto como los de
Fernando están molestos con eso, piensan que Beatriz los está seduciendo y puede ser peligroso.
-¿Desde cuándo los Zwart debemos dar explicaciones? ¿O pedir disculpas? Nosotros somos los poderosos aquí, ellos no.
-Salvador, sabes que en estos momentos no nos conviene tener un escándalo así. Mas cuando tu padre está a punto de lanzarle a –Me mira antes de terminar la frase.
-Presidente si –Completa Salvador –Beatriz ya escucho cuando lo dije dudo que le importe.
-Beatriz ya no trabajara más en esta casa y es una decisión tomada por ambas.
-Perfecto sigamos haciendo lo que nuestros socios digan y perderemos todo el respeto que nos queda –Salvador subió las escaleras nuevamente. Yo me dispuse a caminar hacia el auto con el escolta que me esperaba afuera.
Sabía lo que haría ahora, simplemente me devolvería hacia donde estaba mi familia, Lucia me había depositado una buena cantidad de dinero por los eventos pasados, y seguramente me depositaria más en unos días por haberme despedido. Con eso quizá me quede un tiempo con mi familia pensando a donde debería moverme.
Compro un boleto a primera hora para irme para allá, sin pensar mucho. No quería estar más tiempo aquí, pensando que quizá en cualquier momento Samanta aparecería culpándome de otras cosa que no hice.
-¿Te despidieron? ¿Cómo así que te despidieron? A ti jamás te han despedido antes –Comenta mi hermano en tono confuso.
-Te lo contare todo luego ¿sí? Ahora solo pienso en llegar rápido hasta allá, pero básicamente una chica loca obsesionada conmigo hizo todo un plan para que me botaran –Mi hermano rio.
-Una niña caprichosa empezó a sentir celos de ti, no me parecería extraño, eres muy bonita para trabajar en un sitio así y seguro apenas te vio se sintió intimidada.
-No fue al principio del todo pero fue algo por el estilo.
-Bueno ya luego me contaras esa historia hermanita, sabía que no durarías mucho tiempo allí, tu mereces sitios mejores. Incluso aquí en este pueblo estarás mucho más cómoda que allá.
-No lo dudo –Cuelgo el teléfono. Poniéndome mis audífonos mientras me monto en el taxi que me llevara al terminal. Otra vez será un largo camino.
Al pasar por el aeropuerto. Tomo otro taxi que me llevara a mi pueblo. Toco la puerta por el simple hecho de no querer sacar la llave.
Mi mama me abre la puerta junto con mi hermano que me dan una cálida sonrisa. Les doy un abrazo.
Una tercera persona abre la puerta de la casa.
-Tienes visita –Comenta mi madre con picardía.
Salvador sale imponente a mi bienvenida.
-Llegue más rápido al parecer.
Sonrío comprometedoramente.
-¿Qué haces aquí?
-¿Así Tratas a la visita? –Me pregunta Lila, mirando con vergüenza –No le hagas caso, mi hija llego cansada seguro cuando descanse se alegrara mucho al verte –Estaba molesta ¿Qué podría hacer
Salvador aquí? Para empezar no me gustaba nada que supiera la dirección de mi familia y menos sabiendo lo que dijo en aquella casa, ¿Venia a amenazarme con que no dijera nada? ¿Venía a advertirme? O ¿Su padre nos había mandado a secuestrar a todos y tirarnos en un rio? Bueno si eso hubiera pasado para empezar el no estuviera aquí sonriéndome supongo. Quizá esté siendo sínico. –Pasa a descansar.
-Mama, creo que debemos dejar que el señor hable con Beatriz –Dice mi hermano notando mi ceño fruncido. Mi mama accede y se mete a la casa.
-Pronto estará listo el almuerzo no se tarden –Comenta.
-Tu mama es muy amable, me cayó muy bien tu hermano también –Me sonríe Salvador. Yo no le devuelvo la sonrisa.
-Lo son.
-¿Sorprendida de verme?
-Molesta.
-¿Molesta Beatriz? Pensé que me extrañarías y decidí venir a visitarte unos días, y me encontré con una familia muy amable. Tu mama cocina muy bien por cierto, ojala Lucia cocinara así.
-¿Qué quieres? ¿Viniste a advertirme de algo o cómo? Porque si es sobre lo que escuche…
-Olvidemos lo que escuchaste sé que no dirás nada. Sabes que sería más peligroso para ti que para nosotros así que no necesito advertirte de algo que ya sabes.
-Entonces supongo que ya puedes irte.
-Vine porque no quería estar en mi casa, me entere de que no estabas en el apartamento, también de que habías comprado hacia acá y luego me entere de donde vivía tu familia.
-Te enteraste.
-No tengo que explicarte Beatriz ya lo debes saber. Te estaba buscando en el apartamento porque no quería estar en mi casa comiendo comida de afuera todo el rato y te iba a proponer que viviéramos juntos.
-¿Juntos? –Arrastro las palabras.
-Te podría pagar más de lo que te pagaban.
-No estoy interesada.
-Ya sabía que me contestarías así. Por eso pensé ¿Cómo podría hacer que volvieras a la casa? Y se me ocurrió un excelente plan para que aunque quieran o no los padres de Samanta y Fernando no terminen su relación laboral con nosotros.
-¿Y el plan es?
-Hundirlos.