-No tienes moral –Ríe Fernando –Creo que ninguno aquí hace realmente nada productivo la mayoría del tiempo. Quizá cuando nos toque heredar las empresas de nuestros padres haremos algo –Orlando empieza a reír con él, pero Salvador y Samanta se lanzan miradas serias.
Agatha y yo salimos a nuestras respectivas cabañas sin decir una palabra. Cuento los minutos para salir de aquí mañana temprano. Un golpeteo en la puerta me distrae de pensar que haré en mi rato libre. Abro la puerta y observo a Samanta con expresión seria ¿Ya viene a matarme? O quizá consiguió algo con lo cual chantajearme, ninguno de las opciones parece importante demasiado.
-Quería preguntarte si conoces algún postre porque a mis amigos y yo nos provoca algo dulce
¿Sabes?
-¿Algo específico?
-Quizá una torta, o unos ponqués, en la tienda por aquí venden cosas dulces puede inventar algo con eso. Dice que todo a mi cuenta, aunque ahora que lo pienso puede ser que te mande a comprar un helado gigante, si tengo antojo de helado –La observo – ¿Por cierto quería hablarte de algo, acaso le habrás comentado algo a Salvador de lo que conversamos el otro día?
-No y tampoco tengo interés en recordar aquella conversación
-Porque bueno quizá tengas más influencia en Salvador de lo que creí pero yo también la tengo. No entiendo esos comentarios que me dijo en la mañana.
-Pregúntale a tu amiga. No sé qué comentarios fueron extraños para ti.
-Está bien –Dijo resignada -No te preocupes por el helado yo lo puedo comprar.
El resto de la tarde observe que las chicas fueron separadas de los chicos, quien sabe por qué. No querían ir al mismo sitio según escuche de Orlando a la hora del almuerzo. Yo en cambio me la pase paseando con Agatha por algunos lugares cercanos al lugar y relajándonos el algún toldo en la playa.
-Buenas ¿Ustedes vienen con los jóvenes que se están quedando en el hotel? –Se nos acerca un chico moreno, bien parecido. Trae unos bermudas color azul claro, una franela blanca y una camiseta azul oscura encima.
-Sí, algo por el estilo. Trabajamos para ellos.
-Entiendo ¿Gustan tomar algo? –Agatha y yo nos miramos extrañadas. Ya que al trabajar para ellos automáticamente no nos suelen atender de la misma forma.
-Bueno…
-Puedo ofrecerles la especialidad del día. Todos los gastos corren por la cuenta del hotel según tengo entendido; vienen con gente importante.
-Venimos pero no estamos con ellos…
-No creo que vaya a ver ningún problema, pidan lo que quieran –Me encojo de hombros al ver la mirada de Agatha, sé que Salvador no se molestara en todo caso.
-Vengo con la especialidad de hoy entonces ¿Quieren su bebida con algo de licor?
-La mía no –Responde Agatha.
-La tuya si, sin duda –Comenta el chico con una sonrisa. No me niego. Al irse Agatha me comenta.
-Tiene un buen físico.
-Si no está mal.
-No dejaba de mirarte.
-Serán cosas tuyas.
-Bueno relajémonos este último día frente al mar –Agatha cerro los ojos y se durmió. Yo estaba por el mismo camino hasta que un olor invadió mis fosas nasales.
-Camarones –Reconocí.
-Así es, pero son camarones envueltos en una salsa especial ¿Podrías adivinarlo? –El mismo joven me da a probar de uno de los dos platos que lleva encima.
-Me sabe a ¿Coco? ¿Quizá?
-Exactamente, me imagine que sabrías… Escuche que eres la encargada de los menús de los Zwart.
-Si lo soy.
-¿Cómo es trabajar con los Zwart? ¿Son algo exigentes?
-No tanto como esperaba o al menos no me han presentado alguna queja.
-Bueno quizá es que también cocinas muy bien ¿Van a querer comer aquí o en las mesas del
restaurant?
-Bueno yo prefiero en las mesas Agatha… -Agatha me mira de reojo señalando con la mano que comerá allí mismo, se tomó en serio lo de que disfrutaría todo lo que pudiera la vista al mar. El joven me señala que lo siga. Diviso un gran techo con vistas al aire libre con mesas redondas y sillas alrededor color negras de textura dura. Aun así al sentarme compruebo que son más cómodas que las de mi apartamento. El chico me sirve el plato en la mesa y busca unas piñas coladas, una para mí y la otra se la lleva a Agatha que diviso que aún no ha tocado la comida.
-¿Qué tal? –Me pregunta el chico –Soy Frediee ¿Te molesta si me siento contigo?
-Para nada. Quedo muy buena la receta de los camarones con salsa de coco, primera vez que escucho de esa salsa.
-No muchos la conoces y algunos quizá les suene un poco extraño así que se limitan a no probarla.
-Es una lástima, en la cocina no deberían haber limitaciones.
-Eso pienso yo, y con la comida del mar me distraigo mucho –Doy otros mordico al camarón.
-Es incomodo comer cuando tu no lo estás haciendo –Sonrío.
-Bueno eso lo podemos solucionar, ya vengo. Sigue comiendo no me esperes.
Freddie trae una bandeja de comida, llena de diferentes platos, que me hace arrepentirme de haber desayunado.
-Prueba este ceviche de camarón con coco –Viene una cómoda presentación de un plato pequeño transparente que tiene encima cilantro fresco y alrededor del plato galletas de soda con platanitos picados en círculos, tomo la cuchara y busco la salsa al fondo, el sabor de la salsa junto con los camarones y el cilantro explota en mi boca.
-Está muy rico.
-Puedo traer más si quieres.
-No creo que me quede espacio para tanto la verdad, trajiste muchas cosas, no eran necesarias.
-No siempre vas a tener la suerte de que una familia adinerada te traiga de vacaciones así que aprovecha y come todo lo que quieras.
-Si comes conmigo, está bien.
-Bueno yo siempre como aquí no te preocupes por eso –Me sonríe tomando un plato de lo que parece ser una cazuela –Pensé que venias con Salvador el principio, que eras su pareja o algo por el estilo. Aquí los trabajadores están comentando mucho eso.
-No para nada.
-Ah bueno en ese caso, ¿No hay problema si te invito hoy en la noche a caminar por la playa?
-Bueno supongo que no –Me encojo de hombros.
Pasamos la tarde conversando de todo lo que se nos ocurriera, de nuestras vidas, lo que hemos hecho, como terminamos en el trabajo que estamos actualmente y así hasta que Agatha se cansa de ver la playa y nos devolvemos a las cabañas a hacerles la cena y a los demás y descansar lo que queda de nuestro último día. Me pongo una camisa corta color blanco y un short cómodo de jean para verme con Freddie hoy en la noche.
De camino veo las cabañas encendida de los demás que parecen estar divirtiéndose todos juntos.
Todo está oscuro de camino a la playa y me entran deseos de devolverme al sentir el frio de la noche. Me guio por una luz resplandeciente a lo lejos proveniente de una fogata en la que reconozco a Freddie.
-Hola –Me acerco.
-Hola, te estaba esperando, siéntate –Me siento en el tronco frente a la fogata. Freddie me paso un plato con un pan francés.
-Después de todo lo que comí hoy dudo que quiera más comida hasta mañana –Lo agarro y como despacio –Entonces Freddie tu lugar es aquí.
-Puede ser el tuyo también.
-Por los momentos no lo creo –Me encojo de hombros.
-Creo que te podría ir mucho mejor aquí que en la casa de los Zwart.
-Por los momentos me siento tranquila con ellos.
-Entiendo, igual cuídate se dice que el señor Zwart es un hombre que tiene muchos enemigos.
Freddie se me queda observando un momento y no se para dónde meter la cara. Freddie se me acerca lentamente a mi rostro lo que me hace divagar pero finalmente me dejo llevar y me enfundo en un beso con él. Su boca tiene un leve sabor al pan francés de un rato. Freddie pasa sus manos por mis muslos queriendo desabrochar el short que cargo, lo que me hace detenerlo.
-¿No quieres? –Niego con la cabeza.
-De hecho es hora de irme a dormir Freddie es un placer haberte conocido –Sonrío dándole un último beso en los labios antes de despedirme.
-Que te vaya bien mañana en tu viaje, cualquier cosa ya tienes mi número, me dices como llegas.
Sonrío, dando pasos lentos hasta llegar a donde están las cabañas, me siento en un banco que está en el centro de las mismas, todo está oscuro, no se escuchan sonidos algunos, el cielo estrellado con su respectiva luna me hace sentir tan relajada. Me quedo admirándola hasta que un perfume de hombre me llega de la parte de atrás.
-¿Dónde estabas? –Pregunta Salvador que se encuentra detrás del banco donde estoy sentada.
-Teniendo una especie de cita, ya sabes cosas personales.
-¿Una especie de cita? –Recorre el banco para sentarse a mi lado -¿Y simplemente me lo dices así?
-¿Hay otra manera de decirlo?
-¿Te estás vengando porque no he estado tanto tiempo contigo estos días? –Río –Bueno agradezco tu sinceridad pero dime ¿Tu cita te dio algo más que un plato de camarones con salsa de coco? –Frunzo el ceño.
-¿Mandaste a alguien a vigilarme? –Salvador observa el cielo.
-Te dije que necesitamos saber todo de las personas con las cuales trabajamos ¿cierto? Y a pesar de que los trabajadores de aquí son bastante confiables, debes tener cuidado con lo que dices
Beatriz.
-No hablamos de tu familia si eso te preocupa.
-Algo pudiste haber dicho.
-Solo que trabajo para ustedes, me pregunto cómo me sentía con ustedes le dije que estaba bastante cómoda y eso fue todo.
-Quizá quería saber algo más con esa pregunta, tienes que estar pendiente de esas cosas Beatriz, de las personas que quizá solo te hablan por interés.
-No sé nada de lo que te debas preocupar, nada de tu familia, solo trabajo en la cocina.
-Te dije que mi padre escalaria bastante lejos pronto.
-No es como si me interese tanto, gracias. Deberías irte a dormir.
-Podemos ir a dormir juntos.
-Prefiero que no, Samanta puede formar algún drama si te ve saliendo de mi cabaña.
-Entonces quedémonos un rato más aquí –Pone su mano en mi pierna subiéndola rápidamente hasta posarse en mi entrepierna.
-Salvador, nos pueden ver alguien se puede levantar…
-Solo no hagas ruido –Desabrocha el short con rapidez, acercando su lengua a mi cuello.
-Salvador –Susurro, pero Salvador solo traspasa su lengua a mi boca haciendo que me calle. Sus dedos se posan en mi húmeda entrepierna, queriendo soltar gemidos que reprimo. Sus dedos salen y entran delicadamente de mi v****a luego subiendo hasta mi clítoris. Salvador me pone encima de él, tapándome con una mano la boca y con la otra haciéndome sentir placer con sus dedos. Siento su duro m*****o contra mí, me muevo en movimientos circulares sobre él, sintiéndolo más duro.
Un sonido de unos pájaros me hace detenerme. Quito la mano de Salvador de mi entrepierna y le digo.
-Buenas noches.
Un sonido fuerte en la puerta me despierta de mis sueños profundos. Tomo el celular para ver la hora ¿6 am? ¿Quién podría estar tocando a esta hora? Se supone que tengo al menos 3 horas de sueño más antes de hacer el desayuno. Me levanto con mal humor hacia la puerta pensando en mandar a la fregada a cualquiera que este tocando. Abro la puerta.
-Oye, disculpa la hora. ¿Puedo pasar? –Fernando pasa sin invitación.
-No. No esté invitado a pasar así que por favor hazme el favor de retirarte –Fernando pone mala cara.
-¿Ni si quiera te importa por qué estoy aquí?
-No.
-Se trata de Salvador es urgente pero ya que no te importa, me iré –Espero impaciente.
-Termina de irte, estoy esperando –Le hago gestos hacia la puerta, lo que sea que me dirá puede esperar y si no, Salvador tiene amigos que lo puedan ayudar en todo caso. No es mi responsabilidad.
-Será rápido –Se sienta en mi cama –Siéntate.
-No me interesa lo que me vas a decir sea urgente o no, termínate de ir por favor –Fernando se levanta y justo cuando pienso que voy a poder dormir lo que me queda de rato, Fernando cierra la puerta de un golpe, luego me agarra de los brazos tirándome a la cama.
-Sé lo que quieres.
-¿Estas drogado o algo? –Grito, tratando de apartar su cuerpo de mí – ¡Suéltame! -Fernando pone una mano en mi boca ahogando mis gritos, siento su boca pasar por mi cuello, ¿esto será una especie de pesadilla?
-Esto no estuviera pasando si nos hubiéramos visto en el muelle anoche ¿Recuerdas? –Me susurra
–Debiste ser más obediente –Fernando pone su mano alrededor de mi cuello, quizá este sea el fin y muera asfixiada.