Capítulo VI

2006 Words
Llegamos al hotel que se encontraba en todo el centro de la isla, pasamos por el primer piso y llegamos a una piscina larga y cuadrada, por detrás del hotel quedaban otras más pequeñas y redondas y según Samanta me indicó, había otras dos que eran privadas y contenían agua caliente. Me iría a una de esas sin dudarlo.   -Sabes no sé si te lo comentó Samanta pero hay una tienda de trajes de baño por allá –Me dijo Fernando señalándome hacia la recepción del hotel –Las tiendas están abiertas exclusivamente para nosotros y sé que Samanta tiene puros traje baños horribles –Menos el de ella, pensé. Camino a la recepción del hotel con la excusa de comprar un traje de baño pero en realidad quiero tomar un carrito e irme. Observo la entrada a ver si los estacionaron por allí pero no hay nada. Camino hacia la derecha, quizá por ahí encuentre el estacionamiento pero no. Solo hay árboles, camino a la izquierda y veo los carros de golf justo allí, a lo lejos pero puedo verlos. Me detengo un momento. Si me voy en uno de esos carros ¿Samanta y sus amigas se podrán devolver? Me regreso, tendré que caminar. ¿Dónde era? ¿Era izquierda o derecha? Quizá pueda ver desde alguna terraza las cabañas, ¿Podré subir los pisos del hotel? No hay nadie vigilando de todas formas. Paso con la recepción de nuevo, viendo las tiendas que me dijo Fernando que estaban abiertas exclusivamente para ellos y al lado veo la escalera y un ascensor. Marco el ascensor que llega bastante rápido y colocó piso 40 el último piso seguro es una especie de terraza y podré ver mejor desde allí, de todas formas me estoy divirtiendo bastante explorando este sitio. Llego a lo que parece ser una especie de pent-house, una gran piscina se deslumbra frente a mí, con un techo que me permite ver el cielo a través de unas pequeñas ventanas en forma horizontal. Camino por todo el piso de cerámica blanca y me dirijo a unos muebles color marrón que están cerca de la terraza, desde allí se vislumbra a las personas que están abajo que se ven como puntos negros, Samanta y su grupo de un lado, Fernando y el resto del otro, no estoy muy segura de sí Salvador está por allí o si esta debajo de alguna sombrilla. Me siento en uno de los muebles  mientras el viento fresco me recorre, me quedo un rato allí, simplemente existiendo. ¿Será muy imprudente de mi parte si me acuesto en la cama? Se ve comodísima, me levanto a uno de los cuartos al frente hay otra terraza y de ahí veo las cabañas. Quizá de todas formas me quedé un rato más… El ascensor suena avisándome que alguien está allí. Salvador me mira con el ceño fruncido. Camina hacia a mi desde el otro lado del piso. -¿Qué haces aquí? Te buscado por todos lados hasta que un chico me dijo que te vio subiendo a algún piso. -Simplemente estaba viendo las instalaciones, ustedes están debajo de todas formas. -Deberías quedarte con nosotros, aún no sé muy bien que quiere Samanta con todo esto. -Mientras más lejos este de ella mejor entonces. -No, a menos de que yo sepas donde estas. Samanta es una chica un poco caprichosa si hizo todo esto es porque algo trama así que ten cuidado –Observa la ventana poniéndose a mi lado –Parecen estar concentrados en lo suyo –Dice con mirada puesta en los puntos que se distinguen como personas, todos están debajo de una sombrilla. Conversando según parece. -No creo que haya problema con que estemos aquí un rato… -Yo no pero creo que respecto a usted… Salvador roza su mano con mi pierna lo que me hace sentir un liguero escalofrío. Puede ser un buen lugar para forjar una relación que me lleve a saber más sobre su familia. Lo dejo continuar rozándome hasta que siendo que sus dedos quieren rozar más arriba de la pierna y lo detengo. Cambia de posición y su roce pasa por mis brazos. Una de las chicas parece caminar hasta la recepción y por la mancha color azul oscuro podría hasta decir que es Samanta. -Parece que tu novia te está buscando –Salvador sigue acariciando mi brazo hasta llegar a mi cuello. -Si llamas por novia a alguien que está obsesionada conmigo supongo que tengo algunas novias por ahí… -Su mano baja por mi espalda hasta mis muslos, siento un leve apretón. Cuando el ascensor anuncia su llegada. -¿Hola? ¿Beatriz? ¿Qué haces aquí tu sola? -Observando las instalaciones, es muy bello aquí ¿no? -Si lo es –Mira alrededor de todo el piso en busque de algo, o de alguien… -¿Has visto a Salva? Él te había ido a buscar. -No, seguro me está buscando todavía. -Deberías bajar también –Pareciendo más una orden que otra cosa. -Si solo me quedo un rato más, y luego debo comprarme un traje de baño. Fernando me dijo donde quedaba la tienda. -Sí, es una buena idea. Iré a buscar a Salvador cualquier cosa le dices que lo estamos esperando. -Sí. -Y Beatriz no te invite a este viaje para que creas que eres uno de nosotros, porque es obvio que no lo eres, y quiero que Salvador se dé cuenta de eso. -¿Y por qué estoy aquí entonces? -Para demostrarte lo quieres, una simple empleada más. -Lo soy, nunca he dicho lo contrario. -Salvador quizá solo te quiera para llevarte a la cama pero apenas lo haga ni te mirara más. -¿Lo dices por experiencia? -¿Cómo dices? –Se acerca unos pasos a mí. -¿Qué si lo dices por experiencia? –Me da una sonrisa torcida. -Yo si pertenezco al círculo social de Salvador y en cualquier momento que necesite tener una esposa yo estaré allí. -Yo me encargo solo de mi trabajo, lo que tenga que ver con la vida privada de los Zwart no me interesa en lo más mínimo –Sonrío de nuevo. -Te interesa más de lo que aparentas. -Veremos cuanto te dura ese papel - Se metió en el ascensor que seguía allí esperando ser llamado por alguien. Salvador salió del baño donde se encontraba escondido. -No quiero que te separes de mí mientras estemos en este viaje o que al menos te quedes a solas con ella –Me dice en tono serio. -¿Qué podría hacerme? -Samanta es peligrosa… Más cuando es tan caprichosa. -¿Hay algo que deba saber? -No por los momentos. -Tengo que irme. -Tenemos –Repuso. -No juntos. -Beatriz soy Salvador Zwart el hijo de unos de los hombres más ricos de este país y que pronto se volverá más poderoso que nunca, lo que haga o digan lo demás me tiene sin cuidado, solo me oculto porque entiendo si te sientes incomoda por Samanta o incluso mi madre. Tampoco quiero que Samanta tenga mucho más para hablar pero Lucia no te botara. Te lo aseguro. -¿Más poderoso que nunca? -Pronto lo verás. -¿Qué veré? -Como la familia Zwart podrá tener el mundo a sus pies –Pone una mano en mi mentón, acercándome a su cara, me aparto y llamo al ascensor. -¿Vamos a la piscina? -Debo escoger un bañador. -Te acompaño. -Samanta te está buscando –Marco planta baja. -Le dices a los de la tienda que todo está a mi cuenta –Nos bajamos del ascensor y veo como gira a la izquierda hacia la piscina. Yo en cambio voy hacia la tienda donde un chico y una chica con un uniforme color vino tinto me miran sonrientemente. -¿Cómo es tu nombre? ¿Eres la novia de Salvador? -Para nada, solo… una simple conocida…- Se miraron entre sí –Tenemos una variedad de trajes por aquí ¿Cuál es su estilo? -Solo algo que se me vea bien –Me encojo de hombros –La chica saca un traje de baño azul oscuro con estampado y un gran escote que me recordó a Samanta. -No tengo busto para rellenar eso, algo menos ya sabe… -El chico moreno saca una traje de baño completo color verde claro con estampados de hojas de árboles y un fondo n***o. Con cintura alta y un escote sexy sin mostrar demasiado -Me gusta. Salgo a la piscina tapándome con una toalla que compre en la tienda, no quería llamar mucho la atención y menos caminando por todo el sitio. Creo que aunque el escote en la parte de arriba no era tan pronunciado quizá igual estoy mostrando más de lo que quiero con los amigos de Salvador aquí presentes. Igualmente la mirada de Fernando me sigue. Me echo el cabello para atrás y tomo asiento algo alejada del grupo de al lado. -No tienes por qué estar tan lejos –Me dice Samanta que me asoma una cerveza y me invita a unirme, Salvador asiente con la cabeza y me camino hacia ellos contemplando sus ojos azules reflejados por el sol. Me siento con ellos y al sentir la mirada de Orlando recorriendo mi cuerpo me siento incomoda. Sin embargo el resto de la tarde paso bastante normal, Samanta no hizo nada para molestarme y eso era bastante extraño luego de todo lo sucedido pero Salvador tenía razón, frente a él no haría nada. -Tienes un lindo cuerpo Beatriz no tienes por qué ocultarlo ¿No es cierto Salva? -Concuerdo. -¿Te parece si vamos por mas cervezas? –Salvador asiente y se va con ella. Orlando y Fernando están con las chicas, intento cerrar mis ojos mientras pienso que si puedo aguantar 4 días más. -¿Te dormiste? –Abro los ojos de mala gana al ver a Fernando en toda mi vista periférica. Un chico blanco, robusto con el cabello mojado y n***o, con una linda barba. -Cuéntame Beatriz ¿Qué has hecho para tener a Salvador tan embelesado?  -No respondo –Bueno creo que puedo saberlo, no hay que mirarte mucho para saberlo –Recorre mi cuerpo con su mirada. -Pero con el Beatriz no conseguirás nada mientras estés con Samanta, en cambio yo, no tengo novias locas ¿Sabes? -Eso es bueno. Lástima que no me interesa. -Quizá te podría interesar, ya que se la razón de la que estés aquí –Trago saliva. -¿Y cuál es? -Abrir un restaurante, y yo te podría ofrecer mucho dinero Beatriz, solo tienes que reunirte conmigo a solas por supuesto. -No me interesa. -Solo, piénsalo Beatriz. Ayudaría a tu mama y a tu hermano. -¿Cómo sabes de mi familia? -En este negocio todo se sabe. Te daré unos para pensarlo, te prometo que la pasarás bien –Me roza una pierna con la mano a lo que yo la quito rápidamente. -Primera y última vez que me tocas. -¿O si no que? -Fernando, creo que deberías dejarla en paz –Orlando señalo a Salvador que se venía acercando con el ceño fruncido. -Bueno chicos creo que es hora de cenar –Dijo Samanta queriendo aligerar el ambiente –Nos tomamos esta cerveza y nos vamos, muero de ganas de ver lo que preparo Agatha. Seguro le dejaste otra de tus excelentes recetas Beatriz. ***** -Debes decírselo a Salvador –Me dice Agatha tras contarle lo sucedido con Fernando. -¿Crees que me creerá? -Salvador confía en Fernando menos de lo que crees pero debes hacerlo. Conozco al señor Salvador te creerá. No es normal para empezar no es normal que estemos aquí puede ser algo que traman Fernando y Samanta ellos son muy cercanos… -Ni los veo hablarse. Pensé que se odiaban. -Eso disimulan frente a Salvador. -¿Qué quieres decir? –Pone sus ojos fijos en mí.
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