UNO.

2259 Words
—Jada Jhonson —escuchó la voz de su profesor de estadística y de inmediato se puso de pie para ir hacia su escritorio a recoger aquel examen, era el penúltimo, uno mas y estaría graduada y lista para ir a buscar trabajo como recepcionista a tiempo completo en una de esas empresas multinacionales, luego con poco de suerte y mucho trabajo podría llegar a ascender y ser parte del equipo de economistas —¡Felicitaciones! Calificación perfecta, como siempre Jada, grandes cosas te esperan. —Gracias, profesor Espinosa —se limitó a decir y tomó su examen con una emoción contenida, sus compañeros le brindaron un aplauso y ella les sonrió amablemente, si tan solo pudiera creer lo que su profesor decía, estaba tan acostumbrada a que le pasaran las peores cosas que le costaba creer que al final del túnel había una luz . Terminó la clase y era la última del día, salió del aula y se fue directo al estacionamiento, ahí la esperaba ya Evan, sentado sobre el cofre del auto, su dulce y adorado Evan, saludaba a otras chicas de pasada y apenas la vio abrió los brazos para que esta corriera a ellos, así lo hizo y lo abrazó no solo con los brazos, también con sus piernas mientras él daba vueltas con ella encima y ella gritaba de emoción. —Lo sabía, lo sabía mi amor —dijo con alegría echando su melena castaña hacia atrás con una mano —eres brillante Jada, quisiera tener un poquito del valor y la capacidad que tienes tú. —Y lo tienes, solo que aún no te das cuenta. —Ja ja, que simpática —le dijo con mofa —anda, vamos que se te hará tarde y Luis me va a decir nuevamente que fue mi culpa. Subió al auto de Evan y este salió a toda prisa esquivando a todos a su paso, en 20 minutos empezaba su turno en la cafetería donde desde hace cinco años trabajaba a medio tiempo. —Vamos a bailar esta noche —le propuso Evan —no volveremos tarde, lo prometo, solo para festejar. —Noooo, tú sabes que me cuesta andar entre tanta gente y la música fuerte me produce ansiedad. Pone los ojos en blanco y le toma la mano, Jada sonríe y lo mira divertida, admira la belleza de ese chico, digno de portada de revista. —Entonces al menos ven a cenar a casa, mis padres y Jess estarán felices de verte. —De acuerdo, pero no me devuelvas tarde, la casa está hecha un lío y no he visto a papá desde ayer —dice con pesar y su sonrisa desaparece en ese instante, a sus escasos 22 años ser la madre de su padre es bastante pesado. —Yo te ayudaré, lo sabes mi vida. —Te amo, no se qué haría sin ti —le dice Jada con gran sinceridad, luego le da un beso en su mejilla y el chico la abraza con el brazo que tiene libre. Estaciona el auto fuera de la cafetería y baja enseguida dejando su vieja mochila café en el asiento de atrás, finalmente mas tarde se verán y la recogerá. —Te veo mas tarde, nena. Ella se despidió con la mano y entró a la cafetería, Luis ya la esperaba ansioso porque tenía un problema con las cuentas. —Date prisa Jada, no me salen estas cuentas y ya me duele la cabeza. Ella solo río un poco con ironía, era la queja de cada fin de mes, definitivamente los números no eran lo suyo, Luis dejaba todo en manos de la bella chica y ella hacía magia porque todo aparecía en orden en cuestión de minutos. Luego de ordenar las notas y dejarle las cuentas listas se puso su mandil y la placa con su nombre y salió a trabajar, había bastantes clientes esa tarde y había que darse prisa, Jada era la encargada prácticamente de todo, le llevaba las cuentas a Luis, se encargaba de la caja y de entregar los pedidos, también era la que horneaba las mas deliciosas galletas de mantequilla y nuez, aparte de ella había otros dos chicos, Bryan y Memo, un chico mexicano que había llegado al país de meses de nacido. —Jada, cobra a la mesa cuatro. Se acercó a la caja para tomar la nota de lo que habían consumido y procedió a hacer la cuenta, luego fue hasta la mesa donde se encontraban cuatro jóvenes de unos diecisiete años en lo que parecía ser una reunión de estudios y les dejó la nota en la pequeña bandeja, luego se retiró; los chicos solían visitar con frecuencia el café, normalmente pasaban buena parte de la tarde ahí y eran buenos consumidores. Dejaron el dinero y una muy buena propina como cada vez que iban, Luis sabía de ello, por eso siempre le pedía a Jada que ella los atendiera, sabía también que necesitaba el dinero, cualquier extra le era útil en sus circunstancias y Luis era un jefe adorable, la quería como la hija que nunca tuvo. —¿Vas a cenar con tu novio? —le preguntó Luis con curiosidad a Jada, quien solo sonrió por bajo en señal de fastidio. —Ya te he dicho que Evan no es mi novio —le aclaró por enésima vez —solo somos muy buenos amigos, nos conocemos de toda la vida y ya. —Jamás terminaré de entender a esta juventud —dijo, lanzando el trapo que traía en la mano y dirigiéndose a Jada nuevamente —te trae de la escuela al trabajo, se besan en la boca, se duerme en tu casa y no son novios. —Corrección, no nos besamos en la boca, solo en los labios y cuando se queda en casa solo dormimos, abre tu mente y verás que una amistad entre un hombre y una mujer también es de lo mas sana y honesta. Bufó con desgano el hombre de cabello cano y la dejó sola en la bodega. —Reitero, nunca entenderé a esta juventud. Nos vemos mañana, pequeña. —Hasta mañana, salúdame a Mary. Se quedó quitándose su mandil y arreglando un poco su cabello, hacía días que quería cortarlo un poco, pero Evan le insistía en que se veía preciosa así, lo llevaba casi a la cintura y a él le encantaba verla con su melena suelta, ella obedeció a su amigo así que ahora batallaba con sus lacios cabellos que escapaban a cualquier forma de peinarles, tejía una trenza que lo mas seguro es que al llegar a casa de Evan ya estaría deshecha. Caminó hasta la parada del autobús, pagar un taxi era un lujo que en sus condiciones no se podía permitir, pagar un taxi significaba dejar incompleto un pago, o la lista del súper y eso no era posible, si algo caracterizaba a Jada era su increíble capacidad para administrar hasta el último centavo. Se preguntó un par de veces si estaría presentable y en ambas ocasiones ella misma se respondió “por supuesto que sí, no hay personas que me conozcan mas que la familia Wilson" así que despejó toda duda y tocó el timbre, a los pocos segundos apareció tras la puerta Jess, la hermana mayor de Evan. —Hola, Jada, pasa —le saluda con un beso. —Hola, Jess ¿qué tal? Dentro estaban George y Laura, los padres de Jess y Evan, al escuchar que Jada llegó, Laura salió a prisa, en esa casa era tan querida y ella los amaba mucho, desde que Jada llegó a vivir ahí a la edad de cinco años ellos les brindaron a ella y a su padre una sincera amistad, hoy, diecisiete años después el sentimiento era el mismo. —¿Y Evan? —preguntó Laura al ver que Jada venía sola ¿se ha quedado en el auto?. —Ah… no, es que salí un poco antes y cuando le llamé tenía el teléfono apagado —trastabilló un poco, pero logró salvar la situación —debe estar por llegar, ya Luis debe seguro le ha dicho que me vine antes. —Ah entonces no tardará —intervino Jess —mientras vamos, tengo algunas cosas para ti —le dijo llevándola de la mano escaleras arriba hacia su habitación, Jada sabía perfecto lo que significaba “tengo algo para ti" y eso la alegraba bastante. Entraron a la habitación y sobre la cama había mucha ropa, la mayoría prácticamente nueva y en cuando la vio dio saltitos de emoción y le dio un gran abrazo a Jess. —Gracias, gracias, gracias —decía sin poder ocultar la emoción, tenía ya algunos años que estrenaba solo cuando Jess hacía limpieza de closet y eso la alegraba mucho. —No tienes nada que agradecer, boba, te quiero como una hermana y sabes que lo mío es tuyo, pero también se que nunca tomarías algo ni prestado. Jada baja la mirada y sus ojos son acuosos ahora, piensa en todo lo que fue perdiendo poco a poco y con un poco de pena, o mucha mas bien, acepta lo que Jess le da. —Se que lo ofreces de corazón, pero no podría simplemente venir y decirte “préstame tu vestido tal…” prefiero cuando haces limpieza de closet y sacas lo que ya no te sirve. —Ey, no es que no sirva —le corrigió — es que son cosas que no uso o no se me verían tan bien como a ti —le dijo intentando levantar sus ánimos, en esa casa todos amaban a Jada, era otra hija mas, un poco orgullosa a pesar de la situación que vivía pero eso le había ayudado a demostrar que podía salir adelante. Comenzaron a colocar todo en una maleta grande y cuando terminaron llegó Evan, asomó solo un poco antes de pedir permiso para entrar. —Siempre tan oportuno, pasa —le pide Jess y él se acerca hasta ellas dando a cada una un beso —cargarás esto —le señala a la maleta —y lo llevarás a casa de Jada. —Lo que ustedes manden, pero primero vamos a cenar —y las toma de la mano a ambas para ir abajo y encontrarse con sus padres. —Me haría muy feliz que ustedes al fin se dieran el sí, imagino mi casa con muchos nietos y no veo claro con ustedes, toda la vida juntos para nada. —Solo somos amigos, Laura, mejores amigos. —Sí, amigos de los que se besan la boca —refutó con picardía, a los ojos de Laura nadie era mejor para Evan que la misma Jada, una chica hermosa, dulce y de respeto, aunado a eso era alguien a quien conocía de toda la vida y la quería como una hija mas. —Mamá, no nos besamos en la boca —corrigió Evan —no hay lengua, no hay nada mas que solo los labios y es un beso tan inocente que debe hacerte que dejes de pensar en cosas que no son. —Nunca perderemos la esperanza —dijo George, dando un beso a su esposa —espero que un día sean ustedes quienes se sienten en esta mesa rodeados de sus hijos, como ahora lo hacemos nosotros. Jada los miró con algo de pesar, su padre y George habían mantenido negocios juntos por años, tienen una amistad y casi hermandad, lo que ha hecho que se quieran mucho sus familias, o al menos lo que queda de la de Jada; Evan solo sonreía y no dijo nada mas. Cenaron entre charlas y risas, como si fueran una gran familia y al terminar Evan llevó la maleta a su auto para ir a llevar a Jada a su casa. —Deberías quedarte, linda —le dijo Laura— ya es tarde. —Mi padre tiene dos días fuera de casa, quiero ver si ha vuelto y si no iré a buscarlo. George bajó la mirada, se sentía culpable de la situación de su amigo, Jada se dio cuenta y de inmediato le habló. —Deja de pensar eso, aunque no lo digas se lo que pasa por tu mente y no debe ser así, hiciste mas de lo que pudiste por él, esto… sabemos que no es culpa de nadie mas que… Prefirió callar, ni siquiera deseaba mencionarle, los abrazó y se despidió de ellos agradeciendo por todo, una vez mas. Subieron al auto y partieron a casa de Jada, esta tuvo que hablar de nuevo con Evan, no le gustaba lo que estaba pasando. —¿Hasta cuándo voy a ser tu tapadera? —Tranquila. —Tranquila mis narices, no me siento bien de que tus papás están creándose falsas ilusiones; habla con ellos. —¡No! No lo van a entender —dijo casi en un susurro y la chica tomó su mano en señal de apoyo con él—. —Tú sabes lo que haces, y yo voy a estar siempre a tu lado. —Lo se preciosa, por eso te amo tanto. Cuando llegaron a su destino alcanzaron a ver una luz en la planta alta, estaba ahí, su padre había vuelto y de alguna manera se sintió mas tranquila al saber que estaba en casa, pero también suspiró con desgano al saber lo que le esperaba al entrar, Evan le guiñó el ojo y bajó la maleta del auto, luego la siguió hasta entrar a su casa, no estaban nada equivocados.
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