El teléfono que no paraba de sonar, su asistente atrás de él a donde iba y para colmo su amiguita Greta le dio por ir a visitarlo a su oficina.
La paciencia no era una de sus virtudes, y definitivamente la presencia de la morena de piernas infinitas no ayudaba en nada a que Adam encontrara un poco de paz en su ajetreado día.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó en un tono que dejaba ver la molestia que le generaba el hecho de que viniera a su trabajo, había sido claro al decirle que no lo buscara ahí y sin embargo había hecho caso omiso.
—Te extrañaba —le respondió en un tono bastante aniñado que hizo molestar aún mas al hombre frente a ella.
Resopló y se puso de pie como en un acto reflejo, ni siquiera abotonó el saco gris para no perder tiempo, la tomó del brazo ignorando su queja y la llevó fuera de la oficina y atravesando el amplio pasillo donde las inquisidoras miradas de las asistentes caían sobre ellos.
—¡A su trabajo! —les dijo con un grito y de inmediato volvieron la vista a sus carpetas y monitores, mas valía no enfurecerlo mas, si es que eso era posible.
—Me estás lastimando —le dijo débilmente la mujer de piernas largas —suéltame.
Presionó con fuerza el botón del ascensor y la metió ahí, solo para descargar su furia con tranquilidad.
—Esta es la segunda vez que te digo que no te quiero ver aquí, no me gusta repetir las cosas, Greta, si tienes la osadía de poner un pie nuevamente en mi empresa te juro que no la pasarás nada bien.
Greta se quedó con la boca abierta al escucharlo, era cierto, él le había dicho ya que no le gustaba que lo visitara en su trabajo, pero consideró su acción como algo reprobable, debía estar loco para comportarse de esa manera, si bien conocía su pésimo carácter nunca había hecho algo así. Bajó hasta el sótano para tomar su auto y marcharse de ese lugar.
Mientras tanto, Adam al entrar a su oficina dio un portazo que hizo cimbrar cada cristal de aquel imponente edificio, Carlo, su asistente lo miraba por lo bajo, evitando a toda costa que su jefe se diera cuenta y se limitó a guardar silencio con la ipad en sus manos esperando solo indicaciones para la gala que tendrían en dos semanas para lanzar el nuevo catálogo de autos que tanto estaba esperando el mercado.
—Confirma la asistencia de mi hermana —dijo con un hilo de voz y llevándose su mano a la frente, estaba agotado sin duda, habían sido semanas de arduo trabajo para el evento que estaba en puerta.
—¿Sola? —cuestionó Carlo.
—Por supuesto que sola, bueno, va conmigo.
—Anotado, señor.
Luego de eso volvió a guardar silencio, giró su silla y se perdió en la inmensidad de la ciudad, y literalmente ocurrió esto, pasó casi veinte minutos inmóvil y solo mirando, cuando dio vuelta nuevamente hacia su escritorio descubrió que Carlo aún se encontraba ahí parado, esperando.
—Demonios, sal de aquí, no hay ningún pendiente ya.
—Sí, señor.
Lo vio dirigir sus pasos de manera presurosa hacia la salida y soltó un suspiro; de pronto le vino una sensación desconocida, quizá algo de arrepentimiento por la forma en que se comportó con Greta, no, definitivamente no era eso, Adam Carter no sentía remordimientos jamás, y menos aún tratándose de una mujer, esos sentimientos quedaron inertes hace tiempo.
Sacó su móvil y marcó a su hermana.
—¿Dónde estás?
—No me digas que no lo sabes —respondió la joven a través de la línea —tus gorilas te informan de todo.
—Ven a comer conmigo —le dijo con voz calmada, aunque Adam era de los que dan órdenes esto era mas una súplica y su hermana en el momento lo entendió.
—¿Estás bien, Adam? —preguntó preocupada.
—Estoy bien, Joyce, solo quiero comer con mi hermana pequeña ¿está mal?
—Desde luego que no, de hecho estoy cerca de tu oficina, en el café donde siempre vengo con Alan y Viky, solo terminamos un trabajo y voy para allá.
—No, le diré al chofer que te lleve directo al restaurante ¿te parece?
—Perfecto.
Joyce era el único motivo de sus alegrías, esa chica lo hacía perder la cabeza con sus locuras, pero la amaba, era la única persona que tenía en el mundo y por tanto su adoración.
En cuanto recibió un mensaje donde le decía que estaba lista llamó a su chofer para decirle a donde debía llevarla y él salió en su auto, rato después se encontraron en un sitio de comida italiana, la favorita de Joyce.
—Me dejaste preocupada —le dijo cuando se sentó frente a él —¿te pasa algo?
—Nada, solo demasiado trabajo, estoy un poco cansado.
—Hagamos como que te creo —le dijo en tono de burla y se cruzó de brazos esperando a que su hermano le contara sus penas, gran error, él nunca hablaba de nada que no fuera trabajo.
—Bueno, te contaré; el lanzamiento del catálogo está a la vuelta de la esquina y me preocupa que algo salga mal, no he dormido bien por ese motivo y ando un poco mas estresado de lo normal.
—No es eso, pero me conformo porque se que no dirás mas, y de hecho concluyo que también andas mas de malas de lo normal.
Consiguió sacarle una risa genuina a su hermano, y se dispusieron a mirar la carta, Joyce no tenía ni que mirar, sabía que la lasaña en ese lugar era inigualable y su hermano ordenó lo mismo, vino para él y esta ocasión también para su hermana.
—El vino mas suave que tenga para acompañar —dijo al mozo y este se retiró para ir por su orden, mientras el par de hermanos se quedaron mirándose fijamente el uno al otro.
—¿Celebramos algo? —cuestionó intrigada la hermosa pelirroja mientras Adam la miraba curioso.
—Nada —respondió divertido.
—Nunca me dejas beber, eres el tipo de hermano fastidioso que siempre está sobre mi, y ahora me dejarás tomar vino.