TRES.

1112 Words
—Solo una copa, estás con tu hermano ¿qué te podría pasar? —Te amo —se lo dijo casi en un susurro y eso de alguna manera le daba alegría a él, aunque no era su felicidad completa sí era la persona a quien mas amaba en el mundo, la única quizá. —No soy un hermano fastidioso —le aclaró —soy tu único hermano y quiero cuidarte, nos tenemos solo el uno al otro, Joyce, no me perdonaría si algo te pasa un día. Los ojos de Joyce dejaron asomar un exceso de humedad y se cristalizaron al punto del llanto, sabía que era la razón de ser de Adam por la forma en que la trataba, pero rara vez él expresaba emociones, hoy era uno de esos días y eso le provocó una sacudida en su pecho. —Claro que no eres fastidioso —dijo llevando su mano hasta la de él —se que te preocupas por mi y lo agradezco infinitamente. —No debes, lo hago con amor; solo no me des tantos dolores de cabeza, pon empeño en tus estudios y con eso me harás feliz. —Hablando de ello, en el café donde vamos hay una chica que me ha ayudado un par de veces con mis problemas, a los escolares me refiero —corrigió divertida haciendo que su hermano sonriera mas de lo habitual —es muy agradable y hermosa aparte de todo. —Bien… —dice como esperando las ya tan conocidas peticiones de su hermana —no entiendo qué tiene que ver con tus materias el que la chica sea hermosa, pero en fin… —Nada —dijo entre risas —solo fue una observación y te comento que quiero pedirle que me ayude con estadística que es lo que me cuesta un poco, quizá un par de tardes a la semana ¿lo apruebas? —Por supuesto, todo lo que sea en tu beneficio lo apruebo sin dudarlo ¿quieres que hable con ella? —Creo que puedo hacerlo yo. —De acuerdo. Llegaron con su servicio y disfrutaron la comida como si hacía tiempo no comían, Adam le permitió una copa mas a su hermana y luego salieron de ahí a su casa, había sido un momento grandioso de compartir en familia, pequeña pero familia al fin. Cuando llegaron a la mansión, Joyce subió a su habitación para terminar un ensayo que tenía pendiente y su hermano se encerró en su despacho con el pretexto de revisar unos correos, Joyce asintió con la cabeza levemente, aunque sabía que no era ese el motivo, ella bien sabía cuál era su rutina de cada día; consumir algunos cigarrillos y unas cuantas copas mientras miraba perdido el jardín pensando no sabía qué cosas, lo descubrió hace mucho tiempo mientras ella estaba tendida en el jardín mirando el cielo nublado y de pronto volteó hacia la ventana y lo miró perdido en sus pensamientos, ni siquiera se dio cuenta que ella lo miraba. —Adam, te quiero —le dijo desde el tercer escalón y él solo se detuvo un momento pero no miro hacia atrás. Tal como aquella vez y cada noche entró al despacho, prendió un cigarrillo y se sirvió un whisky, caminó pausadamente hasta su silla, dio el primer trago al vaso y coincidió con su recuerdo, otra vez, Ana, aquella mujer que se había instalado en su mente durante años seguía habitando el mismo lugar. Muchas veces se había preguntado qué habría sido de su vida si hubiera sido capaz de desafiar a su padre e ir a perseguir a aquella joven que le había robado mente y corazón, pero fue cobarde, hizo caso omiso a sus sentimientos y decidió hacer lo que debía, lo que su todopoderoso padre mandaba; hoy ya no valía la pena lamentarse por nada, habían pasado casi diez años y en ese tiempo tantas cosas sucedieron, tantas cosas cambiaron. Permaneció por horas en aquel lugar y luego tomó la computadora, buscó en f*******: como tantas otras veces lo había hecho “Ana Lomelí" y fue bajando una a una esas fotos esperando encontrar un rostro familiar, solo había 23 coincidencias con aquel nombre, pero ninguna era ella, ninguna tenía por residencia Chicago o Italia, ninguna era una mujer blanca de cabello castaño, ninguna tenía la risa angelical de Ana. La curiosidad lo llevó a revisar uno a uno los perfiles y en el numero 12 encontró algo que le pareció curioso, esa “Ana" tenía un estudio de modas y diseño, su Ana soñaba con ser una diseñadora de moda, pero no había una fotografía de ella, solo diseños, vestidos y paisajes hermosos, se dedicó a ver una por una aquellas fotos buscando algo que pudiera resultarle familiar y nada encontró, luego de horas frente aquella pantalla se dio vuelta al jardín nuevamente y ya era noche, ya la oscuridad permeaba en aquel lugar y lo único que atinó hacer fue irse a la ducha. El silencio lo envolvió nuevamente y se dio un baño rápido, salió al vestidor para colocarse una pijama de franela en gris claro y luego bajó a la cocina por un poco de agua. —¿Quieres que te prepare algo para cenar? —escuchó la voz dulce de su ama de llaves. —Solo vine por agua, y tú ya deberías estar dormida. —Sabes que hasta que todos se acuestan en esta casa yo sigo de pie. —Lo se —le respondió con obviedad —por eso te pido que ya no lo hagas, cada quien podemos hacer lo que necesitemos y si a caso precisamos de tu ayuda te llamaremos. —Como tú digas, buenas noches. Lo dejó ahí solo en la gran estancia que era la cocina, debía caminar casi veinte pasos para llegar de la nevera a la pequeña mesa al otro lado de la isla, apenas se iba a sentar cuando escuchó pasos dirigirse a él. —También te cuesta dormir ¿eh? —le cuestionó su pequeña hermana. —No, solo vine por agua —le dijo alzando el vaso que sostenía en su mano. —Sí, claro —respondió la chica sarcástica —mañana veré a la chica para decirle de las clases particulares. —Muy bien, dame su nombre para ver quién es. —¿En serio? ¿La vas a investigar? —Si va a darte clases y estará cerca de ti es evidente que debo cerciorarme de que sea una persona de fiar. Puso los ojos en blanco y dio media vuelta. —Mañana te lo doy, no se bien su nombre. —De acuerdo, descansa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD