CUATRO.

1154 Words
Tal como lo supuso fue una larga noche, apenas entró a su casa y vio unas botellas tiradas, la ropa regada por doquier y restos de vómito en los pasillos, aquello apestaba horrible, sería una larga noche hasta dejar todo en orden nuevamente, Evan entró después de ella y maldijo con pesar. —Tranquila, yo lo baño —dijo su amigo y ella agradeció con un gesto. Mientras Evan peleaba con el padre de la chica para que se dejara asear ella comenzó a recoger todo lo que encontraba a su paso, ropa sucia, restos de comida y parte de la pobre decoración que aún quedaba en casa, limpió de basura y puso una jarra de aluminio al fuego para prepararle un café bien cargado a su padre, lo necesitaba en verdad. En estos momentos maldecía con tanto coraje a su madre y al mismo tiempo agradecía no tenerla enfrente, no sabía de lo que sería capaz de decirle si la volviera a ver; se dejó caer sobre el laminado de la cocina y dejó salir todo el llanto que sus emociones le provocaron, abrazó sus piernas y se sintió pequeña en un mundo que la estaba consumiendo cada día mas, sintió unos pasos cerca y al instante sus brazos la arroparon. —Ya preciosa, ya no llores —le decía Evan, mientras la abrazaba con cariño —todo está bien Jada. —Nada está bien, nada, mi papá jamás va a entender, estoy por perder esta casa, no puedo mas de cansancio y angustia. —Toma el dinero que te ofrece mi papá, eso va a mantenerte al menos hasta que encuentres un buen trabajo. —No puedo, les debo demasiado ya. El mundo y su cabeza se habían cerrado por completo, tenía una hipoteca con varios meses que no lograba cubrir mas allá del mínimo aunque se esforzaba, tres trabajos no eran suficientes y ninguno lo sería si su padre no ponía nada de su parte. —Al menos deja que mi padre lo interne, ese sería un peso menos para ti, aparte de tus trabajos, la escuela, cuidar de tu padre, y andar buscándolo por las calles, Jada, yo no quiero esa vida para ti, me da rabia ver que tus sacrificios son inútiles, deja que lo internen. —No me atrevo, se moriría ahí dentro, va a sentir que yo también lo abandono y eso no puedo permitirlo. —Eres tan buena que rayas en lo tonta, ve acuéstate y yo termino aquí, anda. —No —refutó en un suspiro —yo lo haré. —Jada —le dijo en tono de advertencia— no te estoy preguntando, ve y date un baño, relájate y en un rato mas yo voy contigo. Hizo caso y se levantó con trabajo, fue hasta su habitación y entró al cuarto de baño, se despojó de su ropa, se miró al espejo y no reconoció su propio reflejo, ojerosa, demacrada y cansada; miró mas allá y vio que las paredes estaban totalmente deterioradas, hacía años que una mano de pintura no pasaba por ellas, el tapiz de su habitación también estaba severamente decolorado, así tal cual estaba su vida, decidió dejar de pensar en ello, abrió la llave y se metió al chorro, sintió algo de alivio al caer el agua sobre su cuerpo, la relajó un poco, luego de unos minutos salió y se buscó una pijama, un short azul celeste diminuto y una playera de manga corta, secó su cabello con la toalla y comenzó a cepillarlo con delicadeza mientras pensaba una y otra vez en la posibilidad de internar a su padre para su rehabilitación, en el fondo sabía que era lo mejor, pero no se atrevía a hacerlo, en parte porque él se sentiría mal y también porque ella estaba siendo un poco egoísta, su padre era lo único que tenía y no quería quedarse sola. Se giró al sentir que se abría la puerta y miró a Evan recargado sobre el marco, le hizo una mueca y lo invitó a sentarse junto a ella, él se acercó y la abrazó cuando llegó hasta ella, le dejó un suave beso en la frente y le quitó el cepillo para terminar él de desenredar su cabello. —Ya está dormido, me pidió que te dijera que te quiere mucho y que esta es la última vez. Ambos bufaron, habían escuchado esas palabras infinidad de veces ya, y al final quedaban en palabras, solo eso, aún así Jada quería darle el beneficio de la duda y volvería a creerle, quizá con el tiempo y las constantes fallas un día la decepción deje de dolerle y solo comience a verlo como lo que es, un fracaso. —No quiero pensar en nada ya, estoy muy cansada —se quejó y era verdad, su vida era muy pesada, demasiado para una chica de 22 años. —¿Quieres que te de un masaje? —No —suspiró hondo y lo miró con tanto cariño, siempre estaba a su lado en los malos y peores momentos, para ella no había buenos —solo ven y abrázame. Se hizo un espacio junto a ella y se abrazaron ambos, él acariciaba su cabello con cuidado y empezaron una charla de bobadas que de repente les traía risas, unas muy necesarias para los dos, y de pronto ella lo escuchó mas relajado, se había dormido, le dio un beso en la mejilla y lo acompañó en un profundo estado de relajación, ambos estaban cansados y se merecían la calma que ahora tenían. El resto de la noche fue breve, Jada despertó antes y bajó a preparar el desayuno y se encontró a su padre saliendo del baño, había vomitado, lo notó en su semblante y le notó también un poco de sangre en su labio inferior. —¿Qué te pasó? ¿Te golpearon? —preguntó con desesperación. —Nada, hija —respondió Bruce con simpleza mientras su hija lo miraba detenidamente. —Papá, tienes sangre ¿qué te pasó? —Me he resbalado y me golpee el labio, pero estoy bien. Notó la mirada de su padre, esa mirada que recordaba de niña y que hacía muchos años no le daba, le acarició suavemente la mejilla y luego la abrazó, era su pequeña, la que permanecía a su lado a pesar de todo. —Papá, estuve hablando con Evan —le dice entre titubeos —su papá cree que deberíamos internarte. —No —reaccionó de inmediato — no es necesario, te dije que esta será la última vez, hablaré con George y lo haré desistir. —Papá, hace años que me dices lo mismo, casi me muero de apendicitis y tú estabas totalmente ebrio, si estoy viva es por Evan y su familia, a ti hace mucho que dejé de importarte —le reprochó con enojo y de pronto se dio cuenta de su error.
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