SIETE

1143 Words
Adam se puso de pie y tomó la carpeta que llevaba, salió y ella lo vio alejarse, fue con Luis y los chicos a contarles, estaban contentos por ella, este día estaba marcando cambios en su vida sin duda. —Tony —llamó por el teléfono de su oficina —necesito que vengas. En dos minutos la puerta se abrió y un hombre de unos cuarenta años entró y se dirigió hasta él con gentileza. —Dime. —Este contrato, necesito algunos cambios —se lo entregó y comenzó a escribir en un post it lo que debía cambiarle, cuando Tony lo leyó volteó a mirarlo un poco dudoso. —¿Es…? —Es la tutora de Joyce —le interrumpió —pero como estará 24/7 sus ingresos deben ser lo suficientemente generosos para motivarle, es todo Tony, lo necesito ya. —Bien, no tardo. Cuando su abogado salió él se recargó en su silla y exhaló con calma, estaba dudando si hacía bien, meter a una completa desconocida a su casa era algo arriesgado, pero también estaba consciente de que esa chica no era como cualquier otra y era justo eso lo que lo estaba motivando; se tocó la entrepierna y se dijo a si mismo “Tranquilo”. Pasó un rato haciendo unas llamadas, hasta que tocaron la puerta, entró Tony con el documento en sus manos, se lo entregó para que lo revisara y al terminar sin dudarlo plasmó su firma; se levantó y salió de la oficina, dio unas indicaciones a su asistente y fue directamente a la cafetería, al entrar saludó con un simple movimiento de su cabeza y en ese momento Jada se acercó a él. —Señorita Jhonson, aquí está el contrato, puede revisarlo y si está de acuerdo en ello firme por favor. Ella lo tomó en sus manos y al ir leyendo saltaron a la vista como si fueran de neón los números que componían aquellas cifras, 100,000.00 iniciales, 50,000.00 por mes y otros 100,000.00 al terminar el contrato, el cual tenía una duración de seis meses. Volteó a mirarlo y no dijo nada, pero su rostro lo decía todo, esto era una locura, una puta locura ¿quién en su sano juicio pagaba esa cantidad por unas clases bobas? Continuó leyendo y ahora se sorprendió con la clausula que se refería a sus tiempos, era demasiado, debía mudarse a la casa de ellos, durante seis meses ese debía ser su hogar y estar disponible a la hora que se requiera, pero ni que fuera una niña pequeña y ella tuviera que hacerla de nana. —Esto —finalmente se atrevió a hablar —¿no cree que es demasiado? —¿Por qué lo cree así? —le cuestionó él. —Bueno, para empezar yo esperaba un trabajo por las tardes, con una paga similar a lo que recibo aquí, pero esto rebasa mi capacidad de entendimiento ¿tantos ceros por darle clases a su hermana? —Medio millón —corrigió de inmediato y ella bufó e hizo un gesto de enfado, con lo que odiaba que le corrigieran y el tipo tenía la osadía —y no son por solo dar clases a mi hermana —esto encendió sus alarmas y él lo notó, así que tuvo que ser rápido al explicar —quizá un consejo, algo de guía, yo no se muy bien como conectar con ella, es joven y es mujer, son muy complicadas. —¡Vaya! Pues está tratando con una complicación. —No me mal entienda, entre ustedes se logran entender muy bien, ella es prácticamente una adolescente y no hay manera de comunicarnos, es raro que entablemos una conversación, si usted es mediadora creo que eso puede mejorar. —Bien, pero ¿es necesario que viva en su casa? —Lo es. —Jada, teléfono —interrumpió Memo y la chica le recibió el inalámbrico y se alejó dos pasos de aquel hombre, quien aún así logró escuchar cuando la joven soltó a llorar desesperadamente. —¿Qué pasa niña? —le preguntó Luis —¿quién era? —Han llevado a mi papá al hospital, me dijeron que es grave. —Anda vete, rápido. —Gracias, Luis, llama a Evan, dile que me encuentre allá por favor. Se quitó el delantal y lo dejó en una silla, salió para parar un taxi y Adam la tomó de la mano para llevarla a su auto. —Vamos, la llevo. No dijo nada y obedeció, subió al asiento del copiloto y con nerviosismo se colocó el cinturón de seguridad, volteó a mirar a Adam sin saber que pensar siquiera y este a su vez la miró impaciente. —Entonces ¿a dónde vamos? —No lo se, no pregunté. Resopló con algo de frustración y la miró desaprobando su no acción. —¿Dónde vives? Debieron llevarlo cerca. —En la zona de Englewood. —Bien, vamos entonces. Arrancó el auto y llamó a través del bluetooth a una de las secretarias, dio el nombre de su padre y en cinco minutos le devolvió la llamada para darle los datos. —Señor Carter, el señor Jhonson está en el área de terapia intensiva de Health Center en Englewood. Al escuchar “terapia intensiva” Jada soltó el llanto desesperado, algo no estaba bien, de hecho eso significaba que algo estaba muy mal, Adam le tomó la mano y le dio un suave pero firme apretón y asintió levemente con la cabeza como indicándole que todo estaría bien pero la chica no sintió mayor calma con ello. —Gracias Tessa, cualquier cosa a mi celular. Terminó la llamada y masajeó un poco la mano con suavidad intentando calmarla, pero no funcionaba, pudo ver miedo y tristeza en su rostro y se sintió tan identificado con ella, dos años atrás él había perdido a su padre y de alguna manera verla así le hacía revivir aquellos amargos momentos, quiso distraerla un poco y empezó a hablarle. —Jadane, mírame, todo estará bien; tu padre ya está siendo atendido y pronto llegaremos con él, trata de calmarte. —Usted no entiende, yo solo tengo a mi padre, es mi única familia y me muero si algo le pasa. —No, tranquila, no pienses así. Te prometo que estará bien, debe ser algo sin importancia y va a estar bien, ahora trata de calmarte, si te ve en ese estado lo vas a preocupar y eso no le hace bien a nadie, tranquila, respira con calma. La serenidad de su voz la contagió poco a poco y su respiración se fue normalizando y se tranquilizó, aunque miedo aún sentía, solo que entendió lo que le dijo Adam y verla en ese estado no ayudaría en nada a su padre. —¿Me permitiría hacer una llamada? Por favor. —Claro, marca.
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