Moira había trabajado incansablemente para asegurarse de que todos los detalles del festival estuvieran perfectamente organizados. Desde la selección de los platillos fríos hasta la decoración del salón, se había asegurado de que todo estuviera impecable. Pero ahora, después de un largo día de arduo trabajo, era momento de relajarse y prepararse para el evento que marcaría un antes y un después en su vida.
Agotada, Moira se dirigió a su habitación y se sumergió en un baño caliente y reconfortante. El agua tibia acariciaba su cuerpo, aliviando la tensión de sus músculos adoloridos. Cerró los ojos y dejó que la paz y la tranquilidad la envolvieran, agradecida por este breve momento de reposo.
Después de un rato, salió del baño y se envolvió en una toalla suave. Miró su reflejo en el espejo, admirando sus ojos brillantes y su piel rosada por el calor del agua. Se secó cuidadosamente, evocando la imagen de un hermoso cisne emergiendo del agua, lista para conquistar el mundo.
Entonces, llegó el momento de vestirse para la ocasión. Moira abrió el armario y encontró el regalo que Viktor le había hecho hacía unas horas: un vestido rojo deslumbrante, hecho a medida especialmente para ella. Con cuidado, deslizó sus brazos en las mangas del vestido, sintiendo cómo se ajustaba perfectamente a su figura. Se miró en el espejo una vez más, impresionada por lo elegante y sofisticada que se veía.
Con el vestido rojo como su escudo de confianza, Moira se dirigió a su tocador y comenzó a peinar su cabello sedoso. Tomó mechones y los enroscó en rizos sueltos, creando un estilo romántico y femenino. Su cabello parecía cobrar vida bajo sus hábiles manos, brillando con cada movimiento a pesar de ser corto.
Luego de terminar con su peinado, Moira se aplicó maquillaje de forma sutil y elegante. Resaltó sus ojos con un delineador sutil y un toque de sombra dorada, realzando su mirada. Finalmente, pintó sus labios con un suave tono rosado, mostrando una sonrisa radiante.
Completamente emocionada, Moira se levantó de su tocador y se dirigió hacia la puerta de su habitación. No podía reprimir la sensación de que este sería un evento crucial en su vida, el momento en el que asumiría su papel como la mujer del líder de la manada. Podía sentir las miradas dudosas y desconfiadas de los demás miembros de la manada mientras caminaba por el pasillo hacia el salón del evento.
Algunos arrugaban la nariz al percibir el distintivo aroma del alfa que emanaba de ella, era evidente que Viktor se había enredado con aquella humana. Sabía que había quienes no estaban de acuerdo con su elección como líder, pero eso no la detendría. Estaba decidida a demostrarles a todos que era digna del título, que podía liderar con sabiduría y fuerza.
Con paso seguro y la cabeza en alto, Moira cruzó la puerta del salón, sintiendo cómo las miradas de desconfianza se clavaban en ella. Pero en lugar de llenarse de miedo o duda, esa mirada solo alimentó su determinación. Era la hora de brillar y demostrar a todos que estaba lista para liderar esta manada con valentía y coraje junto a Viktor.
Viktor, con la mirada baja y el corazón pesado, no esperaba ser elogiado de esa manera. Sabía que su padre solo quería lo mejor para él y para la manada, pero no podía evitar sentirse abrumado por la presión, más cuando su hermano gemelo Luka anelaba aquel puesto.
Moira, la eterna enamorada de Viktor, notó su angustia y se acercó a él con cautela. Ella sabía que ese momento era agridulce para su amado, y quería ofrecerle apoyo. Viveka al verla se mordió la lengua para no decir nada, ya pronto podría reír a carcajadas en su cara, por ahora esperaría de a corde al plan.
—Viktor, sé que esto es difícil para ti, — susurró Moira, colocando una mano reconfortante en su hombro. —Pero tu padre confía en ti y sabe que puedes asumir esta responsabilidad. Eres fuerte y valiente, y tienes todo el apoyo de la manada detrás de ti.
Las palabras de Moira resonaron en la mente de Viktor, recordándole su verdadera fuerza interior. Levantó la mirada y vio a su padre observándolo con orgullo en los ojos. Con determinación, Viktor se encaminó hacia el centro del círculo formado por los licántropos jóvenes que esperaban ansiosos su primera transformación. Tomó la palabra y habló con voz firme.
—Queridos hermanos y hermanas, entiendo los temores y las dudas que puedan tener en este momento. Pero les prometo que estaré con ustedes en cada paso del camino. Como líder, mi objetivo será proteger y guiar a nuestra manada hacia un futuro próspero. No estoy solo en esto, somos una familia, y juntos superaremos cualquier desafío que se nos presente.
Los licántropos jóvenes, inspirados por la determinación de Viktor, comenzaron a aplaudir y a emitir gritos de aliento. La confianza de Viktor se fortaleció al ver el apoyo y la fe que depositaban en él.
Moira se acercó a Viktor y le dedicó una sonrisa llena de orgullo. —Sabía que podrías hacerlo, —susurró bajito, sin imaginar la puñalada traicionera que el alfa le daría.
Y en ese momento, Viktor supo que aunque la broma que estaban a punto de hacer pudiera parecer cruel, él era capaz de llevar a la manada hacia un futuro brillante. Con el apoyo de aquellos que estaban a su lado, estaba listo para enfrentar cualquier desafío que se presentara. Si para complacer a su manada tenía que destrozar a aquella inocente humana, entonces con satisfacción lo haría.
La situación se volvía más tensa con cada minuto que pasaba. Moira se sentía observada y juzgada por todos los lobos a su alrededor. Aunque había intentado integrarse en la manada desde que llegó, siempre había sido tratada como una extraña, como alguien ajeno a su mundo, para todos era una simple criada.
Miró fijamente a Viktor, buscando algún signo de apoyo o consuelo en sus ojos, pero solo encontró indiferencia en su mirada. Aquello la desanimó, pero no logró quebrantar su confianza en él. Recordó las palabras que le había susurrado al oído hace unas horas en su lujosa habitación, prometiéndole protección y compañía. Aunque todavía no había cumplido su promesa, Moira sabía que Viktor era diferente a los demás.
La risa burlona de Viveka continuaba retumbando en sus oídos, recordándole constantemente su estatus de "humana" en medio de una manada de lobos. No entendía por qué era tan cruel con ella, ni por qué los demás lobos parecían disfrutar de su sufrimiento. Se sentía como un conejo en medio de una jauría de lobos hambrientos.
Pero a pesar de toda la incomodidad y la soledad que sentía en ese rincón oscuro, Moira se negaba a rendirse. Sabía que tenía que luchar por su lugar en esa manada, por su derecho a pertenecer. No permitiría que el miedo y la desesperanza la consumieran. Ella no abandonaría a Viktor, él la amaba y ella a él.
Tomó aire profundamente y se armó de valor. Decidió acercarse a los demás lobos, ignorando las miradas de desprecio que le lanzaban. Se plantó frente a cada uno de ellos, manteniendo la cabeza en alto y el corazón valiente.
Poco a poco, la actitud de los lobos fue cambiando. Aunque algunos seguían mostrando su hostilidad, otros empezaron a ver más allá de su apariencia humana. Moira les demostró su fuerza interna, su determinación de ser parte de la manada. Pero eran tan pocos los que se mostraron amables, la mayoría susurraban insultos a su espalda.
Aquella noche, todos comieron y bebieron juntos. Moira estaba sola en un rincón, viendo cómo Viktor estaba rodeado de amigos y compañeros. ¿Que pensarían cuando Viktor gritara su amor por ella a los cuatro vientos? Realmente no deseaba que el alfa perdiera su estatus, pero tampoco deseaba alejarse de él, no cuando él era la única persona que la amaba, estaba tan cansada de la soledad, solo deseaba ser feliz junto al hombre que tanto amaba.
La noche era tenebrosa y misteriosa, llena de una magia ancestral que fluía en el aire. Los jóvenes licántropos, Viktor, Luka y Viveka, habían esperado pacientemente durante años este momento, y finalmente había llegado.
Un rugido ensordecedor resonó en el tranquilo bosque, rompiendo el silencio y anunciando el inicio de su gran transformación. Sus cuerpos empezaron a retorcerse y contorsionarse, mientras sus huesos crujían y sus músculos se expandían. El dolor era intenso, pero sabían que era necesario para desatar a la bestia que llevaban dentro.
Viktor, el mayor de los hermanos, fue el primero en completar su metamorfosis. Se erguía imponente y majestuoso como un lobo n***o de proporciones enormes. Sus fuertes patas apoyaban su robusto cuerpo, y su espeso pelaje reflejaba la oscuridad de la noche. Sus ojos amarillos brillaban con intensidad bajo la luz plateada de la luna, emanando una determinación feroz.
Luka, el gemelo de Viktor, se transformó en un lobo gris elegante y ágil. Aunque un poco más pequeño que su hermano, irradiaba una energía juguetona y una agilidad asombrosa. Sus ojos azules brillaban con inteligencia y una chispa de travesura, mostrando su verdadera personalidad en esa forma bestial.
Viveka, la única mujer del grupo, se convirtió en una hermosa loba blanca. Su pelaje resplandecía bajo la luz de la luna, brillando como la nieve recién caída. Sus ojos ambarinos transmitían una calma y una sabiduría más allá de sus años. Aunque su apariencia era delicada, su espíritu era indomable y luchador.
Una vez completamente transformados, los jóvenes licántropos liberaron un aullido conjunto que retumbó en todo el bosque. La sensación de libertad y fuerza sobrenatural que experimentaron era indescriptible. Sin pensarlo dos veces, se lanzaron a correr por el bosque, deleitándose con su nueva capacidad para correr a velocidades inimaginables y saltar alturas imposibles.
Las ramas crujían bajo sus poderosas patas, mientras avanzaban sin esfuerzo por el denso bosque. El viento agitaba su pelaje, como si fuera una bandera orgullosa de su naturaleza salvaje. Adentrándose más y más en los oscuros rincones del bosque, los jóvenes licántropos se deleitaban en la hermosa sinfonía de sus pisadas y el aullido de la naturaleza que los rodeaba.
En ese momento, supieron que su vida había cambiado para siempre. Aquella primera transformación les había otorgado una conexión profunda con su verdadero ser, con la bestia interior que se había mantenido oculta durante tanto tiempo. Ahora, como licántropos, se sentían libres y empoderados, listos para enfrentar cualquier desafío que la vida les presentara.
Y así, bajo la luz plateada de la luna, los jóvenes licántropos continuaron corriendo, explorando su nuevo mundo y abrazando su destino como seres sobrenaturales. Desde aquel instante, su existencia se vio envuelta en un misterio mágico y una intriga perpetua, mientras se convertían en guardianes del bosque y verdaderos dueños de la noche.
Moira, aún emocionada por la conexión con Viktor, seguía sin poder creer lo que acababa de presenciar. Ella estaba ansiosa por descubrir quién sería su pareja destinada, y ahora la diosa de la Luna se acercaba para realizar el enlace.
La diosa, una figura etérea y radiante, se posicionó en el centro de la fiesta. Su vestido plateado brillaba bajo la luz de la luna, e irradiaba una energía poderosa. Con su voz suave pero firme, la diosa anunció que era hora de comenzar el enlace.
Uno a uno, los invitados se acercaron a la diosa, presentando su respeto y abriendo sus corazones a la posibilidad del amor verdadero. Moira, con su corazón latiendo rápidamente en su pecho, se aproximó a la diosa con expectación.
La diosa de la Luna la recibió con una sonrisa cálida y la miró con ojos llenos de sabiduría. Extendiendo sus manos hacia Moira, tocó su frente, su pecho y su mano derecha, canalizando una energía mágica que envolvió a la joven.
Moira cerró los ojos, permitiendo que la energía fluyera a través de ella. En ese instante, sintió una conexión profunda con algo más grande que ella misma. Imágenes fugaces de momentos futuros pasaron por su mente, mostrándole momentos de felicidad y amor con su pareja destinada.
Cuando Moira abrió los ojos, la diosa de la Luna le habló con suavidad y certeza. Le reveló el nombre de su pareja destinada y le dijo que se encontrarían en el próximo ciclo lunar, en el lugar que siempre han soñado. Algo en su interior se agitó cuando la cara de Viktor se desdibujó tomando las facciones de aquel extraño hombre que conoció en la plaza.
Moira agradeció a la diosa con una reverencia respetuosa y regresó a la fiesta, llena de emoción y anticipación.
A medida que la noche avanzaba y la fiesta llegaba a su fin, Moira no podía evitar sentir una profunda gratitud hacia la diosa de la Luna y una creciente esperanza por lo que el futuro le deparaba. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar y estaba dispuesta a abrir su corazón al amor destinado que la esperaba, ansiosa por descubrir si Viktor era su pareja destinada.
El resto de la manada se aproximó a Moira, asombrados por lo que acababan de presenciar. Moira se encontraba confundida y asustada, sin saber qué significaba esa marca en su nuca y por qué la diosa de la Luna la había marcado a ella, una humana. Los licántropos la rodearon, tratando de entender lo que estaba sucediendo.
Viveka, preocupada por Viktor, intentó acercarse a él para consolarlo. Sin embargo, Viktor parecía aturdido y desconcertado. La marca que llevaba en la muñeca no tenía una forma clara, parecía una serie de símbolos entrelazados que nadie podía descifrar.
A medida que la noticia se extendía, otros miembros de la manada comenzaron a llegar para ver a la humana marcada. Algunos se mostraban escépticos, cuestionando la validez de la marca y su posible significado. Otros, en cambio, intrigados, se acercaban a Moira para estudiarla más de cerca.
Viktor, apartó a Viveka desilusionado, ella no era su pareja destinada, la.lun ala había enlazado con su maldito gemelo. Se acercó a Moira y le tocó la marca en su nuca. Inmediatamente, una extraña conexión se estableció entre ellos. Moira podía sentir la presencia de Viktor en su mente, como si pudiera escuchar sus pensamientos y emociones. Ambos quedaron sorprendidos por esta conexión inexplicable.
La manada decidió que Moira debería ser protegida y estudiada, para entender el significado de su marca y su conexión con los licántropos. Algunos veían en ella una potencial aliada, mientras que otros la veían como una amenaza.
Mientras tanto, Moira luchaba por asimilar todo lo que había ocurrido. No entendía cómo su vida podía haber dado un giro tan drástico en un solo día. Estaba siendo arrastrada a un mundo desconocido, lleno de criaturas sobrenaturales y misterios por desentrañar.
La marca de la diosa de la Luna en su nuca se convirtió en una carga y una bendición. Era una señal de que algo especial estaba destinado para ella, pero también la convertía en el centro de atención y en un objetivo para aquellos que deseaban descubrir su secreto.
Sin embargo, Sergei dejó en claro que el amor no conocía barreras ni prejuicios y que, como líder de la manada, tenía la responsabilidad de seguir el camino marcado por la diosa de la luna. Poco a poco, los licántropos comenzaron a aceptar la situación y a comprender que el destino no siempre seguía sus deseos.
—Moira a sido la mujer que nuestra diosa a elegido para acompañar a nuestro nuevo líder en su camino. Nos guste o no, no podemos ir en contra de los deseos de nuestra diosa. —La voz gruesa de Sergei retumbó en el salón. —Moira, Viktor, acerquence por favor.